Sí, Máximo, estoy totalmente de acuerdo contigo que la extraordinaria dramaturga Isidora Aguirre se merece -y desde hace muchas menguantes- el premio nacional de literatura.
Un fuerte abrazo/Oscar
Mucho más que la Pérgola de las Flores
Con más de treinta obras estrenadas, Isidora Aguirre es una de las figuras más sobresalientes del teatro chileno del siglo XX. A lo largo de más de cincuenta años de labor artística ha desarrollado una obra que logra conjugar la popularidad con una profunda preocupación por los temas sociales y una constante indagación en la identidad chilena, ya sea reflexionando sobre la actualidad nacional o, bien, revisando su pasado histórico.
Isidora Aguirre alcanzó una fama cercana a la leyenda gracias a su obra La Pérgola de las flores, comedia musical estrenada en 1960 y que miles de chilenos han visto en alguna de sus tantas presentaciones, ya sea en vivo o a través de la televisión. Este enorme éxito ha opacado los demás logros de Isidora Aguirre, quien ha cultivado todo tipo de estilos, desde la farsa y la comedia, hasta dramas históricos, pasando por una variedad de temas que trascienden la nostalgia costumbrista típica de las obras populares. La dramaturga ha sido además una importante patrocinadora de la formación de varias generaciones de grupos teatrales, no sólo como profesora, sino también como impulsora del desarrollo de la actividad teatral en provincias.
Isidora Aguirre ha vivido una vida intensa. Nació en 1919, hija de un ingeniero y de la pintora María Tupper Huneeus, y desde muy temprano recibió una educación centrada en las artes. Antes de dedicarse al teatro, trabajó como escritora e ilustradora de libros infantiles y cursó estudios de trabajo social y de dirección cinematográfica.
Sus comienzos en la dramaturgia se remontan a 1952, época en la que -por influencia de Hugo Miller- produjo sus primeras piezas teatrales, consistentes en comedias ligeras como Carolina y La Dama del Canasto. Sin embargo, con el tiempo, su trabajo evolucionó hacia una obra más profunda y comprometida, que buscaba reflejar y cuestionar la situación social del país, inspirada en los postulados teatrales de Bertolt Brecht.
En esta línea de teatro social se inscriben sus obras Población Esperanza -coescrita con el novelista Manuel Rojas-, Los Papeleros, Los que van quedando en el camino y Retablo de Yumbel, todas ellas basadas en hechos reales y escritas a partir de un largo trabajo de investigación. En una línea documental similar, Isidora Aguirre ha compuesto numerosas obras de inspiración histórica y tradicional, como es el caso de La leyenda de las tres pascualas, Diálogo de fin de siglo, Manuel -sobre la legendaria figura de Manuel Rodríguez, estrenada en octubre de 1990- y ¡Lautaro!, uno de sus más grandes éxitos de taquilla.
Isidora Aguirre ha escrito además numerosas adaptaciones teatrales y varias novelas, actividad que le ha significado ser considerada entre los candidatos al Premio Nacional de Literatura, en virtud de sus méritos literarios, su trabajo teatral y su posición de mujer pionera en la promoción de la dramaturgia nacional.
PREGUNTO: ¿Hay algun colectivo que la presente? ¿Te tomarias unos minutos para escribir a la Sociedad de Escritores de Chile, apoyando su candidatura? ¿O prefieres esperar -que igual que Gabriela- gane el Nobel antes de conseguir el Nacional? A sus mas de 90 años merece algo mas que el 'pago de Chile'.
Al abrazar a Camilo, abrazo a todos los que tuvimos el privilegio de conocer y ser defendidos por su padre, Eduardo Umaña Mendoza, rodeándonos de la amistad y la solidaridad de toda su familia, porque, como bien lo señala Camilo en su carta a los familiares de los desaparecidos en el Palacio de Justicia -que aquí adjunto-, aquellos a quienes su padre nos tendió su mano de abogado, amigo y compañero solidario, comenzamos a sentirnos parte de ese círculo familiar donde la solidaridad era el jefe del hogar.
Conocí a los Umaña desde niña, pues el abuelo de Camilo fue gran amigo de mi padre, Jorge Eliécer Gaitán y luego, tuve la fortuna de estar cerca de su papá, ese luchador e intelectual inolvidable que fue Eduardo Umaña Luna, casado con nuestra Chelo, mujer admirable y ejemplar, que siempre me sirvió de cómplice cuando Umaña Luna arremetía contra la humanidad entera, a la que le exigía la misma entrega y capacidad de lucha que le pedía a su familia, a sus amigos, a sus alumnos y a sus defendidos.
Hoy, cuando el general Plazas ha sido condenado a 20 años de prisión, como culpable de los desaparecidos del Palacio de Justicia, gracias a la valerosa juez a quien ayer puso en la picota pública -como era obvio- el Presidente Uribe que, año a año, ha venido defendiendo a todos los delincuentes que han rodeado su gobierno, quienes conocimos a Eduardo Umaña Mendoza pensamos que era justo que él hubiera estado allí para escuchar aquella sentencia, fruto de un trabajo jurídico que él inició con valentía, cuando nadie creía que se haría justicia.
Eduardo Umaña Mendoza inició igualmente la tarea de reabrir el caso del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán y del genocidio al Movimiento Gaitanista, sustentando la petición con nuevas pruebas en mano que justificaban la reapertura del proceso. Para ello visitamos al entonces Fiscal General de la Nación, Alfonso Gómez Méndez, quien nos respondió que era un asunto que ya a nadie interesaba y que era mejor echarle tierra al asunto.
En aquel momento entendí que Gómez Méndez sabía que, en el proceso por el genocidio al Movimiento Gaitanista, quedaría vinculado el nombre de Darío Echandía, a quien él considera su mentor y maestro.
Gómez Méndez sabía de la gravedad que implicaba el hecho de que, inmediatamente después del asesinato de mi padre, el que paradojicamente llaman "Maestro Echandía", se hubiera precipitado a aceptar el nombramiento que le hiciera, como Ministro de Gobierno, uno de los asesinos de Gaitán, el entonces Presidente Mariano Ospina Pérez y que, desde allí, Echandía hubiera servido para encubrir la persecusión de que era víctima el pueblo gaitanista que, forzado por las circunstancias, tuvo que irse al monte, dándole así origen a las guerrillas que hasta hoy siguen combatiendo.
El 9 de abril de 1998, cuando se cumplían 50 años del asesinato de mi padre, aniversario que el gobierno de Ernesto Samper se negó a conmemorar, realizamos una rueda de prensa en el Centro Gaitán -que años más tarde liquidó dolosamente el Presidente Uribe- y allí Eduardo Umaña Mendoza, ante los periodistas, que talvez tengan la grabación, porque la que teníamos en el Instituto fue incinerada por orden de la Ministra de Educación actual, Eduardo declaró que estaba amenazado de muerte para impedir que hiciera públicas las pruebas que él tenía sobre los asesinos de Gaitán y que comprometían a importantes personajes -unos vivos y otros muertos- de la vida nacional.
Me dió una cita para una semana después, diciéndome que, para ese momento, tendría el documento reina que completaba la totalidad de las pruebas que darían pié para la inequívoca reapertura del caso.
Al viernes siguiente me mandó a decir con la mensajera del Centro Gaitán, la señora Carmenza Ayala, que yo no podía faltar el martes a la cita, porque tenía ya en sus manos la documentación completa y sabía que no faltaba mucho para que lo mataran. Y así fue, al día siguiente mataron a Eduardo y la cita no se pudo dar.
Sus padres me dijeron que la documentación sobre el caso Gaitán desapareció de los archivos de Eduardo.
Hasta hoy he buscado, sin éxito, a alguien que retome el caso, pues cuento con parte de esas pruebas y, además, bien se sabe que un delito de lesa humanidad, como es el GENOCIDIO AL MOVIMIENTO GAITANISTA -en desarrollo del cual cayó asesinado mi padre- NUNCA PRESCRIBE.
Si usted sabe de alguien que quiera asumir el caso, hágamelo saber, porque yo sólo he encontrado puertas que se me cierran. Talvez -y usted puede ayudarme en éso- el Juez Garzón pueda y quiera hacerse cargo de este genocidio y magnicidio que le dieron origen a la terrible situación que hoy padece Colombia.
La entrevista publicada en el diario argentino Clarín que gatilló la salida de Miguel Otero de la embajada en Argentina fue solicitada por él mismo para desmentir un hecho publicado previamente en el mismo periódico: que como fiscal general de la Universidad de Chile, después del golpe de 1973, había liderado una razzia para expulsar a alumnos y académicos por sus ideas políticas.
En esta columna, escrita antes de la renuncia del embajador, el abogado Álvaro Varela, entonces presidente del Centro de Alumnos de la Escuela de Derecho, revela -por primera vez- el rol de Otero en su expulsión y el mensaje que éste le envió: “Mientras yo exista, juro que Álvaro Varela no se titulará de abogado en Chile”. Aunque lo consiguió, Varela obtuvo finalmente su título en España y se convirtió en un abogado clave desde la Vicaría de la Solidaridad en la búsqueda de justicia para los abusos del régimen militar.
Ingresé a estudiar la carrera de Derecho en el año 1969 en la Escuela de Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Chile, después de haber cursado la enseñanza escolar en The Grange School. Al momento del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, yo era estudiante del último año de la carrera y tenía el cargo de presidente del Centro de Alumnos, elegido por votación de todos los estudiantes, en mi condición de militante del MAPU. Los dos anteriores presidentes estudiantiles, Carlos Portales y Claudio Grossman, habían pertenecido igualmente al MAPU.
A la fecha del golpe militar sólo me faltaba rendir los exámenes finales de cuatro asignaturas para egresar. Además, me desempeñaba desde el año 1972 como alumno ayudante del Departamento de Derecho Público en la cátedra de Derecho Constitucional, cargo que había obtenido por concurso público.
El día del golpe militar yo tenía 22 años.
En esa misma época se desempeñaba como profesor de Derecho Procesal Miguel Otero; no fui alumno suyo ni lo conocí personalmente. Sí tuve muchas referencias de él en esa época por relatos de distintas compañeras de curso con quienes el profesor de Derecho Procesal se relacionaba de manera particular, de modo que ellas sí lo conocían muy bien. De ellas escuché que se trataba de un profesor extraordinariamente cercano, muy preocupado e interesado por los estudios de esas alumnas, de sólidos conocimientos de las normas del proceso, duro defensor del Estado de Derecho y de gran simpatía.
La Escuela de Derecho de la Universidad de Chile fue una de las primeras en reiniciar las actividades académicas una vez ocurrido el golpe -los primeros días de octubre de 1973- por lo que yo me reincorporé de inmediato con la finalidad de dar los exámenes y egresar, consciente de que vendrían tiempos muy difíciles. La represión ya se había desatado en todo el país, por la persecución a todos quienes habíamos apoyado el gobierno constitucional. Ya esos mismos aires soplaban en la universidad. De esta forma rendí y aprobé en pocos días los cuatro exámenes y obtuve la calidad de egresado de la Escuela de Derecho, lo que me fue certificado en el documento respectivo entregado por la secretaría de la facultad, con no pocas dificultades.
Lo anterior lo hice contra el tiempo, puesto que ya se había convocado a los miembros de todos los estamentos de la Escuela de Derecho a efectuar denuncias, las que se recibían sin necesidad de que el denunciante se individualizara. Se sabía que toda persona denunciada sería sometida a un sumario y que una vez iniciado éste, el denunciado quedaba automáticamente suspendido de toda actividad que se realizare en la escuela. Entonces, si no completaba los exámenes simplemente no egresaba y evidentemente que ante los hechos futuros que se avecinaban, no tener la calidad de egresado de la carrera era muy desventajoso; en cambio, la calidad de egresado, esto es, de haber cursado completamente la carrera, me permitía visualizar la posibilidad de titularme en otro país.
Para efectos de completar los exámenes y de que se practicaren los registros administrativos correspondientes que me permitiesen obtener el certificado de egresado, conté con el decidido y valiente apoyo del profesor Máximo Pacheco Gómez, quien vivía sus últimos días como decano de la facultad, y quien tenía muy claro que una vez sumariado no tendría siquiera la posibilidad de obtener certificado alguno, puesto que se había enterado de que semejante estado significaba ser excluido, por completo, de toda actividad de la facultad, es decir, ser considerado como si nunca hubiere estado allí.
La conducta del decano Máximo Pacheco es más relevante aún considerando que habíamos tenido serias diferencias políticas en el último período, pero él asumió la protección y defensa de los jóvenes alumnos, aún a riesgo de su propio futuro. Poco tiempo después fue destituido.
Como estaba anunciado, los primeros días de noviembre de 1973 aparecieron en las paredes del tradicional edificio de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, las listas de los sumariados y, como era de suponer, dada mi condición de presidente del Centro de Alumnos de Derecho, yo aparecí en ellas.
De acuerdo con el diseño formulado por las autoridades de la dictadura en la universidad, se me incluyó en lo que se denominó “público y notorio”, lo que significaba que los cargos que se me hiciere por cualquier persona en forma anónima, se entendían verdaderos y yo no tenía derecho a refutarlos. Esta categoría de proceso a que se me sometía, se debía a la circunstancia de haber sido presidente del Centro de Alumnos.
No se me notificó la resolución que me sometió a sumario y que me dio un plazo fatal de 24 horas para responder. Me enteré de la resolución a última hora de ese día y por información entregada bajo secreto por una funcionaria de la escuela, lo que me permitió redactar durante la noche un escrito que presenté al día siguiente, fecha de vencimiento del plazo, y solicitar diligencias probatorias. La petición fue rechazada, dado que la condición de “público y notorio” de mi situación, daba por probados los hechos por la sola circunstancia de la presentación de la denuncia anónima.
No fui el único alumno que estuvo en esa situación; fueron muchos en la Escuela de Derecho y fueron miles en la Universidad de Chile. También fueron miles los académicos y administrativos de la Universidad de Chile que estuvieron en la misma situación. Yo, al menos, tuve la fortuna de contar con una funcionaria de la universidad que me dio cuenta de que se me habían formulado cargos y de que estaba corriendo el plazo para responder. Sólo fue un consuelo, puesto que ninguna de mis argumentaciones y fundamentos, fueron acogidos y ninguna de las diligencias probatorias que solicité fueron dispuestas.
El “proceso” al que fui sometido en la Escuela de Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Chile, concluyó con una “sentencia” que disponía mi expulsión de la misma de por vida, incluido mi cargo académico. El principal cargo que se me formuló y que me llevó a la expulsión de la universidad, fue el de haber sido presidente del Centro de Derecho. Esta “sentencia” pronunciada en la Escuela de Derecho significaba que yo no podría realizar gestión alguna en esa casa de estudios, ni mucho menos, completar lo que me faltaba para titularme luego de haber cursado la carrera completa, esto es, la memoria y la licenciatura.
No está de más recordar que en esos días previos a la expulsión un miembro de mi familia recibió una directa propuesta de negociación, consistente en que yo entregara una nómina de determinados alumnos y a cambio de ello se moderaría mi sanción. De esto me enteré por el relato posterior de mi familiar, quien había respondido en forma inmediata que por dignidad no me transmitiría semejante propuesta, puesto que estaba seguro de que yo la rechazaría y él me apoyaría plenamente en esa actitud. Eso aún cuando se trataba de un familiar de signo político opuesto al mío.
En esos duros días, muchos amigos, familiares y cercanos hicieron intentos por salvar mi situación. Uno de ellos, un médico del Hospital Militar, muy amigo de Miguel Otero, concurrió a hablar con él, oportunidad en que se enteró de que Otero desempeñaba la función de “fiscal general de la Universidad de Chile”, es decir, era quien adoptaba las decisiones. Le explicó el vínculo que tenía con mi familia, que me conocía desde niño, y le rogó que hiciera algo para que yo no me viere impedido de titularme de abogado. Con una enorme tristeza nos comunicó posteriormente que Otero le cerró toda posibilidad: “Mientras yo exista, te juro que Álvaro Varela no se titulará de abogado en Chile”. Nada más.
No hubo explicación ni justificación alguna, por lo que ese médico militar debió retirarse abatido.
Con las referencias que obtuve, logré determinar que Otero había instalado su cuartel central como fiscal general de la Universidad de Chile (cargo que entiendo él se encargó que no se formalizara, para efectos de la historia), en una casa en calle Miguel Claro, al llegar a Eliodoro Yáñez, donde hoy funciona la radio de la Universidad de Chile, recinto que nunca fue conocido ni reconocido como tal, al igual como ocurrió luego con otro tipo de recintos secretos: los de tortura.
Impresionado con el relato del médico militar tomé la decisión de hablar personalmente con Otero, para conocer directamente de él las razones de su conducta y por qué me condenaba definitivamente a la imposibilidad de titularme de abogado en Chile.
Los últimos días de enero de 1974, alrededor del día 22, en horas de la tarde, concurrí al cuartel general de Otero en calle Miguel Claro. Pasé los controles y guardia establecidos invocando el nombre del referido médico militar, y logré llegar hasta la oficina de su secretaria, ante quien me presenté. Le expliqué que aquel médico militar había hablado con él acerca de mi situación y que ahora me interesaba a mí hacerlo, por lo que le pedí que le preguntara si me recibía. La secretaria ingresó a la oficina de Otero y salió muy pronto con su respuesta: no, no me recibía.
Sabía que me sería muy difícil volver a traspasar la guardia y control de ese recinto, por lo que le insistí y le dije que no importaba que no me recibiera en ese momento, pero que yo estaba dispuesto a volver el día y hora que él me dijera, cualquiera que fuera, puesto que para mí era muy importante poder conversar con él. Gentilmente la secretaria ingresó nuevamente a la oficina de Otero, y luego de permanecer también un corto plazo en su interior, salió y me dijo: “el señor Otero dice que con mucho gusto lo recibe el día 22 de enero de 1994 a las 17.00 horas”. Obviamente comprendí el sentido de la respuesta, pero le agradecí y le dije: “Ese día y a esa hora estaré aquí nuevamente”.
Fui expulsado de la Universidad de Chile bajo la acción directa de Miguel Otero Lathrop.
La circunstancia de haber completado los estudios y encontrarme egresado de la universidad, me permitió más tarde dar la licenciatura en la Universidad de Barcelona y obtener el título de abogado. El Convenio de Reconocimiento de Títulos, Grados y Estudios celebrado entre el Gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva y el Gobierno de España, en 1969, me ha permitido ejercer como abogado en Chile.
Esta es una apretada síntesis de lo ocurrido, de un hecho que significó mucho dolor para mí y para mi familia. Sin embargo, a pesar de la dictadura, a pesar de Otero, obtuve mi título de abogado.
La Red de Comprando Juntos, Producción Autosustentable y Economía de Reciprocidad -Redciprocidad- invita a Ud, familia y amistades a las siguientes actividades a efectuarse en el pueblo de Polpaico, comuna de Til til, Región Metropolitana, a 45 minutos al norte de Santiago de Chile.
12 de junio. 11:00h AM. Charla demostrativa: Medicina Natural Tradicional China Taoista, a cargo del maestro Carlos Quesada Müller, representante en Chile de esta ciencia ancestral. Sede de la Junta de Vecinos Estación Polpaico. Mediante trueque, traer algún producto, ofrecer algún servicio o regalo al maestro.
23 de junio. Año nuevo de las comunidades originarias de Abya Yala. 22:00h hasta la salida del sol del día 24. Traiga su parte para el curanto, su performance, declamación y sus instrumentos musicales.
26 de junio: 16:00h. Exposición de los comites comunitarios de Polpaico mediante paneles explicativos. Exposicición de tambores e instrumentos de percusión artesanales producidos en la región. 18:00h. Cine al aire libre y fiesta comunitaria con rescate de expresiones tradicionales.
27 de junio: Feria Interregional del Trueque y Economía de Reciprocidad “AYNI”.
Productos y servicios. Inscripciones abiertas a productores, artesanos, profesionales y oficios varios en redciprocidad@gmail.com
11 a 25 de julio: Campamento de Invierno de talleres naturales. Dos semanas acampando en carpa y trabajando la tierra, confección de huerta, ladrillos de adobe para bioconstrucción, olla bruja y muchos más.
25 de julio: Segunda Feria Interregional del Trueque y Economía de Reciprocidad.
Participe y ayude a divulgar la invitación entre sus amistades.
Por la vida natural y comunitaria. Del discurso, las acciones individuales y la opinión, pasando a los hechos compartidos.
Traiga sus conocimientos, vocación y deseos de cambio desde los corazones y la retomada de los vínculos respetuosos e interactivos con la madre tierra.
Para llegar a Polpaico es sólo tomar el bus en la terminal La Paz, de Av. La Paz, entre Independencia y Recoleta, a tres cuadras al norte de Mapocho. Cuesta 1.500 pesos y demora una hora.
Desde la primaria nos han enseñado a "meter todo en un mismo saco", una especie de reduccionismo que nos impide diseccionar los hechos, lo cual no nos permite constatar que un organismo, cualquiera que éste sea, está conformado por la relación de órganos diferentes entre sí, que cumplen funciones y papeles diversos.
Quisiera que, con la llegada de Hilary Clinton a Colombia, comprendiéramos que Clinton no es Obama y que la política norteamericana es en la actualidad totalmente diferente a nivel nacional y a nivel internacional.
Un inteligente amigo mío, muy bien informado, que vive en los Estados Unidos, me contaba cómo, antes de los comicios en que fue electo Obama, se hizo un acuerdo entre los Kennedy y Obama, de un lado y los Clinton del otro. Al parecer, era la única manera de unir fuerzas para lograr el triunfo de los demócratas.
El acuerdo consistió en que Obama y los Kennedy (que son más que el clan familiar) orientarían la política interior y los Clinton la política internacional de los Estados Unidos.
Si cotejamos los hechos, esta información se nos aparece con toda claridad. Obama ha tomado constantemente posiciones no sólo progresistas sino muy valerosas. Ha planteado la intervención al capitalismo financiero, proponiendo controles fuertes a su gestión, lo que ha levantado la ira de los bancos y, ni más ni menos, del intocable y poderoso Wall Street. Se enfrentó a las poderosas aseguradoras de salud y salió triunfante.
Ha rechazado la Ley de Arizona contra los inmigrantes y adelanta el estudio de un proyecto de Ley para protegerlos. Ha premiado y recibido en la Casa Blanca a los antes marginados (indios y, por su puesto, negros).
Desde antes de la catástrofe ambiental del Golfo de México, se venía oponiendo a las perforaciones marinas por su efecto ambiental y ha tomado medidas serias para disminuir la contaminación del medio ambiente, enfrentándose a los industriales.
En tan poco tiempo de gobierno su perfil se ha mantenido claramente progresista en el marco de sus posibilidades. Obama le ha abierto las puertas al intervencionismo de Estado y a los controles a la actividad privada, ante la protesta de los republicanos y de los empresarios que, desde el gobierno de Reagan, alababan el fin del New Deal.
En cambio, la política exterior es francamente derechista y en toda reunión internacional los voceros norteamericanos muestran su talante reaccionario.
Por lo tanto, a pesar de que Obama, cuando fue visitado por Uribe, le dijo con sutileza que no estaba de acuerdo con el continuismo, la señora Clinton debe estar sumamente satisfecha con los resultados de la primera vuelta presidencial en Colombia.
Si analizamos independientemente la política interna de los Estados Unidos y su política externa, veremos que hay dos tendencias netamente diferenciadas, al igual que las que existen entre los economistas influyentes norteamericanos. Basta leer los artículos de Paul Krugman -que aparecen periódicamente en el periódico colombiano La República-.
Krugman ganó en el 2008 el Premio Nóbel de Economía por sus investigaciones sobre intercambios comerciales y sus aportes sobre la denominada economía de escala.
Es columnista de The New York Times y profesor de la Universidad de Princeton en las áreas de economía y relaciones internacionales. Defiende los resultados económicos del New Deal y la intervención del Estado en la economía. Fue uno de las más destacados críticos de Bush.
Como prueba de estas ideas anexo dos de sus artículos, donde se demuestra su antagónismo con Friedman (teórico del neoliberalismo que "ilumina" a los economistas colombianos en el poder).
Esa visión reduccionista, de mirar en bloque los sucesos que nos atañen, ha hecho, por ejemplo, que el 9 de abril de 1948 en Colombia lo veamos simplemente como una asonada y no como lo que fue:
Por una parte, el intento del pueblo gaitanista por derrocar al gobierno, razón por la cual avanzaron en Bogotá hacia el palacio presidencial, quemando los centros de poder y, en provincia, se tomaron gobernaciones y alcaldías, mientras que, por otra parte, el gobierno soterradamente daba la orden de abrir las cárcelas en Bogotá, con instrucciones precisas para que los presos quemaran la zona de la Plaza de Mercado y, en fila india, destruyeran las edificaciones que bordeaban la carrera séptima, a fin de lograr lo que desde meses antes pedían a gritos los urbanizadores en la Revista Proa y en El Tiempo.
O sea, que un Nerón quemara precísamente esos dos lugares o que la naturaleza los obsequiara con un temblor, para poder urbanizar y "crear plusvalía" (sic).
Todo éso está documentado, pero la gente ha terminado introyectando la versión de la oligarquía, calificando ese día -que fue de insurrección popular- en el abominable, deliberadamente peyorativo y despectivo término de "El Bogotazo", que acuñó el periódico El Siglo, entonces dirigido por los declarados franquistas, Laureano Gómez y su hijo Álvaro Gómez, convertido por la izquierda en "santo de la democracia".
¡Que Dios los perdone porque no supieron lo que hacían con la memoria histórica!
En relación a los desafortunados dichos emitidos por el embajador de Chile en Argentina, señor Miguel Otero, quien aseguró que "la mayor parte del país no sintió la dictadura. Al contrario, se sintió aliviada (…)”, los abajo firmantes consideramos necesario que el gobierno tome en consideración algunos criterios básicos respecto a la aplicación del terrorismo de estado como práctica frecuente durante los 17 años de dictadura, traducido en desapariciones forzadas, ejecuciones, exilio, toque de queda para toda la población, pérdida de la libertad de expresión, censura, ilegalidad de los partidos políticos y el cierre permanente del Parlamento.
En Chile los informes Rettig y Valech revelaron la magnitud de las violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura. Al margen de las divergencias que existen entre las principales fuerzas políticas de representación popular, se constituyó un consenso muy amplio en torno a constatar que en este periodo se violaron sistemática y gravemente los derechos fundamentales, y se socavaron los principios básicos del ordenamiento republicano. Ha sido sobre ese criterio que todos los chilenos y chilenas de los más diversos sectores asumimos un compromiso riguroso para que nunca más en Chile vuelvan a ocurrir hechos que hieren la conciencia universal.
Las declaraciones emitidas por el señor embajador Miguel Otero al matutino bonaerense, Clarín, también socavan fuertemente su propia imagen como estadista y Presidentede la República. Sin perjuicio que usted representa a las ideas de derecha, su figura y pensamiento, creemos,forma parte del acuerdo ciudadano que condenay repudia las violaciones a los derechos humanos.
Es por esto que la permanencia del embajador Miguel Otero en Argentina lesiona la imagen de Chile en el exterior, generando la sensación a nivel mundial de un enorme retroceso en este ámbito, más aún cuando es el propio representante de todos los chilenos y chilenas quien añora la dictadura y la ensalza.
Por otro lado, mantener a estediplomático en una embajada clave para nuestro país como es la del hermano país de Argentina, vulnera su propia imagen como Presidente de la República al situar a su administración en una posición refractaria a la defensa de los derechosfundamentales de las personas.
En último término, demandamos la inmediata cesación en el cargo del señor Miguel Otero L. por considerarlo lesivo a los intereses superiores de Chile, ofensivos para con las víctimas tanto chilenas como argentinasy contrario a toda norma mínima de convivencia ciudadana.
Atentamente,
AGRUPACIÓN DE FAMILIARES DE DETENIDOS DESAPARECIDOS
Exclusivo: Audio de la entrevista a Clarín desmiente explicaciones de embajador Otero y agudiza sus contradicciones
Tras sus polémicas declaraciones al diario argentino Clarín, donde afirma que “la mayor parte de Chile no sintió la dictadura” y desconoce los documentos desclasificados de la CIA referentes al golpe de Estado, el embajador Miguel Otero se justificó en Chile afirmando haber sido sacado de contexto: “Me hicieron una entrevista que duró dos horas y lo que sale es un resumen mínimo destinado a crear noticia que no corresponde a lo que realmente dije”. CIPER tuvo acceso al audio completo de la entrevista con Clarín y la reproduce integramente con excepción de lo que él expresamente pidió que no fuera publicado. La entrevista duró menos de una hora y en ella el embajador dijo exactamente lo que publicó el diario argentino y varios otros dichos contradictorios. Entre otras cosas que no salieron impresas, Otero declara su admiración por el régimen militar y niega haber sabido de las violaciones a los derechos humanos. Sepa cómo se originó la bochornosa entrevista que el propio embajador en Argentina gestionó y que hoy lo tiene en la cuerda floja.
Ayer lunes por la mañana, cuando sus palabras al diario Clarín de Argentina eran el comentario obligado del mundo político de ambos lados de la cordillera, el embajador chileno dio una entrevista a radio Agricultura en la que aseveró que fue sacado de contexto: “Me hicieron una entrevista que duró dos horas y lo que sale es un resumen mínimo destinado a crear noticia que no corresponde a lo que realmente dije”. De esta forma, el representante de Sebastián Piñera en Buenos Aires justificaba sus polémicas declaraciones aparecidas el domingo pasado en el diario trasandino de mayor circulación.
En esa publicación, Otero no sólo desconoce los documentos desclasificados de la CIA que comprueban la intervención de Estados Unidos en el golpe de Estado en Chile, sino que además asevera que “la mayor parte de Chile no sintió la dictadura. Al contrario, se sintió aliviada (…) Las calles se limpiaron, empezó a haber trabajo. La represión la conocimos mucho más tarde. Se juzga sin conocer la realidad de lo que vivió Chile (…) Si no hubiera existido el pronunciamiento militar, Chile hoy sería Cuba”.
Sus palabras despertaron las protestas de la Concertación y la incomodidad del gobierno, que lo instó a dar explicaciones. Si bien más tarde Otero se mostró arrepentido de sus declaraciones en Argentina y lamentó “profundamente haber incurrido en un mal entendido”, no se desdijo de la acusación de haber sido tergiversado por el medio trasandino. Frente a ello, CIPER tuvo acceso al audio completo de la entrevista con Clarín y la reproduce incluyendo controvertidos fragmentos que no fueron publicados.
De su revisión se desprende que la entrevista duró menos de una hora -y no más de dos como dijo Otero- y en ella el embajador aparece diciendo exactamente lo que publicó el diario argentino.
Incluso más: tal como puede constatarse en el audio que usted puede escuchar y que también transcribimos a continuación, el representante chileno en Buenos Aires niega haber conocido oportunamente de violaciones a los derechos humanos. “La represión no la conocimos hasta mucho más tarde. Se juzga sin conocer la realidad de lo que vivió Chile en ese momento. El país no estaba de acuerdo con ninguna dictadura, el país estaba de acuerdo con el orden, la tranquilidad y la posibilidad de emprendimiento. En los primeros tiempos no se supo de la violación a los derechos humanos. Nunca se supo”, dice el embajador y agrega: “(Con Allende) Chile no estaba viviendo una democracia ni era un país tranquilo, era una guerra civil encubierta en todos los campos y en todos los frentes”.
Ya desatada la controversia, y de regreso en Chile, Miguel Otero se mostró arrepentido de haber “aceptado” la entrevista con Clarín. Sin embargo, la información recabada por CIPER indica que fue el propio embajador chileno quien la solicitó. Su intención era desmentir la información de un artículo firmado por la corresponsal de Clarín en Chile, Mónica González , aparecido el pasado 8 de abril, el mismo día en que Sebastián Piñera visitó Argentina en lo que constituyó su primera visita de Estado.
El mencionado artículo daba cuenta del pasado pinochetista de Otero y su actuación como fiscal de la Universidad de Chile, que derivó en una razzia contra profesores y alumnos que no comulgaban con la dictadura. El artículo también recordó el papel que el representante de Piñera en Argentina cumplió como asesor de las comisiones legislativas de la Junta de Gobierno. En la entrevista con la periodista de Clarín , Hinde Pomeraniec, el embajador chileno no sólo desconoció haber asesorado a la Junta de Gobierno, sino también, en tanto reemplazante en el Senado del asesinado Jaime Guzmán, haberse opuesto a la eliminación de los senadores designados. También negó su actuación en el caso Piñeragate, lo que le valió la inhabilitación a cargos por tres años por parte de su propio partido, Renovación Nacional.
Pese a que varios de los hechos mencionados son de público conocimiento en Chile, en la entrevista al diario argentino Otero se quejó de que “me publicaron una nota que no tiene una coma de verdad”.
Dos meses después de la publicación que marcó su debut como embajador, Miguel Otero consiguió dar su versión de los hechos. Pero sus explicaciones terminaron enredándolo en un bochorno diplomático que hoy lo tiene en la cuerda floja.
Transcripción de la entrevista de Clarín a Miguel Otero
-¿Usted cree que nosotros lo recibimos mal en la Argentina? Sí, creo que me publicaron una nota que no tiene una coma de verdad. Creo que soy la única persona en Chile que en 1974, el 30 de julio, le renunció al entonces presidente de la Junta de Gobierno al cargo que yo tenía de controlador de la Universidad de Chile. Precisamente defendiendo la autonomía y la actuación del rector de entonces, que era don César Ruiz Danyau. Universitariamente yo siempre he ocupado cargos por elección popular. La prueba es que nunca jamás nadie me atacó en Chile por mi actuación en la Universidad de Chile. Las distinciones, las medallas de mérito fueron todas dadas democráticamente y por voluntad de los académicos. Para entender lo que pasó en la universidad hay que saber que cuando se produce el pronunciamiento militar, estaba de rector don Edgardo Boeninger. Con él me tocó trabajar muy de cerca en esa época. El día 10 de septiembre de 1973, en una reunión con Edgardo Boeninger, la jerarquía universitaria que no era de la UP acordó pedirle la renuncia a Pinochet.
-A Allende. Sí, Allende, perdón. Esa carta salió el día 10. Y no se alcanzó a publicar porque fue el pronunciamiento militar. Pero toda la jerarquía universitaria había sido elegida. Teníamos rector democratacristiano, prorrector democratacristiano, y de las cinco vicerectorías, cuatro eran o independientes o de la DC. Y una sola, la de Oriente, era de la UP. Cuando la Junta cambia el rector se nombra a don César Ruiz Danyau, ex comandante en jefe de la FACH. Y llega a la universidad de civil. “¿Y usted quién es?”. “Soy el nuevo rector”. Y no trajo a nadie de afuera. Todos los demás siguieron siendo vicerrectores y en sus puestos. O sea, no cambió en nada la estructura democrática de la Universidad.
-Pero ya no era democrático el gobierno. El gobierno era otra cosa, pero la universidad mantuvo todas sus autoridades democráticamente elegidas. Obviamente que al rector lo había designado el gobierno, pero ese rector no entró a barrer la universidad ni mucho menos, mantuvo a todas las autoridades previas elegidas democráticamente.
-¿No hubo renuncias en la universidad por el golpe? Sí, hubo renuncias, pero en muchas partes el proselitismo político sustituía a la cátedra, el color político determinaba la calificación del alumno. ¿Qué se hizo? Se creó un sistema en que si había ocurrido un denuncio, se instruía un sumario. Ese sumario lo hacían todos profesores de Derecho. Y a la persona imputada se le daban todas las oportunidades de defensa. ¿Quién juzgaba los antecedentes? Era el prorrector y todos los vicerrectores democráticamente elegidos. Y el rector decidía. Constatamos que en algunos casos había acusaciones que a la persona era para mandarla al paredón, pero dentro de los descargos había que levantarle una estatus como el ángel más benéfico. Para que vea usted las situaciones morales que se produjeron. Nos opusimos terminantemente a que se echara de la universidad a alguien por razones ideológicas. Esto creó un impasse muy serio entre el rector y el jefe de gobierno. En esas condiciones César Ruiz Danyau presentó su renuncia como rector, y yo, que había sido nombrado contralor de la Universidad de Chile y que no tenía nada que ver con los procesos, absolutamente nada que ver, mandé una carta al jefe de gobierno donde le señalo todo lo que ha pasado y le digo que es una insensatez pretender que nosotros vamos a echar gente de la universidad por ideología. No vamos a despedir a 40.000 personas porque piensan distinto que nosotros.
-¿Usted tiene pruebas de esas cartas? Se la muestro. Se la voy a mostrar y le voy a leer los párrafos. Esta carta no la conoció más que la Junta de Gobierno. Nunca le di a publicidad. Jamás.
-¿Tenía idea de que eso podía ser un documento histórico? No. Simplemente nunca en mi vida he publicado las cosas que hago. Yo actúo por lo que mi conciencia me define que haga. Esta carta la ha visto el embajador de Argentina en Chile cuando salió el párrafo, la persona que escribió el comentario de ustedes (en el diario Clarín), a quien yo recibí en el Senado y la llevé en mi auto desde Valparaíso a Santiago conversando con ella después que mandó esta carta (…) Le voy a mostrar la carta y le voy a mostrar la firma donde se acepta mi renuncia.
-¿Cómo quedó la relación con Mónica (González)? Yo le tengo mucha simpatía, a pesar de eso. Yo creo que ella sufrió mucho, se lo dije cuando me contó de la tragedia, a mí me llegó al alma. Yo nunca, y pueden revisar todas mis actuaciones, he condonado la violación a los derechos humanos pero con igual fuerza condeno el terrorismo. Para mí el que comete un delito es delincuente, nada justifica la comisión de delitos y menos la violación de los derechos humanos. Porque yo creo que el derecho humano lo tenemos todos.
-Pero hay pruebas concretas de las violaciones del gobierno de Pinochet. Por supuesto. ¿Y qué es lo que he dicho yo en el Senado? He sido muy claro: “Señores, los que cometieron delitos deben ser juzgados y aplicárseles el máximo de las penas”. Y lo dije en pleno gobierno militar.
-Pero los delitos que tienen que ver directamente con órdenes del general Pinochet, o los delitos de corrupción que están probados del general… Todo lo que es delito, no sólo en el gobierno militar, sino en el que pasó y lo que pueda ocurrir en otro gobierno, debe ser sancionado por igual. Yo no acepto las dicotomías. Porque resulta que nos encontramos con defensores de los derechos humanos que tienen dicotomías increíbles. Lo que hacen ellos se justifican por idealismo, y cuando los combaten es una barbaridad. El fin no justifica los medios, jamás. ¡Para nada! Pienso sinceramente -porque soy un hombre de derecho, mi padre fue abogado, he sido profesor de derecho- que la única manera de que pueda existir una verdadera democracia es que exista igualdad ante la ley. Yo le hago clases hace más de 46 años a los oficiales superiores de Carabineros de Chile, y entre ellos hay oficiales de Gendarmería. Me encontré con que el coronel de San Juan (Argentina) fue alumno mío. Pregúntele a ellos qué es lo que les digo en clases, vayan y pregúntenles a la Gendarmería argentina. Yo tengo más de 40 alumnos de Gendarmería argentina
-¿Pero usted tiene cosas para cuestionarle también a las FF.AA. de Chile? Yo no creo sinceramente que (las violaciones a los derechos humanos) haya sido un acto institucional, creo que como en todas partes del mundo hay gente que abusa de la autoridad y se extralimita. Aquí hubo gente que bien o malintencionada…
-No, yo lo entiendo, pero el golpe en sí… Si no hubiera existido el pronunciamiento militar, Chile hoy día sería una Cuba. Y eso lo reconoció la DC, lo reconocieron todos los que después fueron opositores… Dejemos dos cosas muy claras, que se confunden. Uno es la administración del país, su conducta económica, que sacó a Chile de un país mendicante a uno con dignidad, entero, con libre exportación, que permitió la libertad de emprender, cosa que antes no existía, y que nos llevó a ser lo que ha sido la línea económica continuada por todos los gobiernos de la Concertación. Nadie disputa que lo que hizo el gobierno militar en el cambio de la concepción ciudadana, de actuación, de libertad, de emprendimiento, de terminar con las barreras aduaneras, era el camino adecuado que nos llevó a donde estamos hoy en día.
-Embajador, usted habla de pronunciamiento pero lo que hubo ahí además fue un golpe de Estado muy sangriento que es emblema de la región. Momento. Si yo le contara a usted algo que ni mis nietos creen, como era Chile en los últimos tres meses (de Allende), usted no lo creería.
-Pero usted sabe tan bien como yo desde dónde vinieron las participaciones para derrocar a ese gobierno. No, no, perdóneme, no lo conozco, no lo sé.
-El rol de Estados Unidos en eso. Yo no participé en nada de eso.
-Pero hay documentos que se desclasificaron. Yo no le puedo decir algo que a mí no me consta ni sé.
-¿Pero usted no cree en estos documentos, embajador? ¿No conoce los documentos desclasificados de la CIA? No los conozco. No tengo idea. Lo que sí le puedo decir es una cosa: no teníamos pan, no teníamos azúcar, no teníamos alcohol, no teníamos algodón. Yo he estado en colas a las 4 de la mañana con mi señora y mis hijas chicas para ver si conseguíamos un kilo de pan. Más aún, protegíamos estas colas de las actuaciones de la extrema izquierda. Cuando las niñitas salieron a la calle a protestar contra la Escuela Única (ENU), yo participé de la protección de ellas, cuando incluso dentro de la Universidad de Chile, que cerramos las puertas para que se pudieran proteger ahí, se lanzaban bombas lacrimógenas y era un espanto. Chile no estaba viviendo una democracia ni era un país tranquilo, era una guerra civil encubierta en todos los campos y en todos los frentes.
-Pero el propio gobierno, el Estado de Estados Unidos, sus documentos desclasificados cuentan hasta qué punto intervinieron para generar esas condiciones. Por eso le pregunto. Perdóneme, yo no le puedo contestar lo que a mí no me consta porque no participé para nada. Sí le puedo decir una cosa: yo era Presidente de la Unidad Vecinal y presidente de las comisiones de Solidaridad y de Finanzas de toda la comuna de Las Condes, donde estaban todos, moros y cristianos. ¿Qué hacíamos nosotros? Buscar una protección para cualquier evento. Teníamos locales donde se vendían las cosas que empezaban a vender a las 8 de la mañana y había que hacer colas a las 4 ó 5 de la mañana. Cerca de mi casa había una población enrejada, una población, en el medio de Las Condes. Un día salgo de mi casa y me encuentro… “¿Usted es don Miguel Otero?”. Ya me habían amenazado de muerte. Me han amenazado de muerte muchas veces.
-¿Muchas veces? Sí. Y les digo, “sí, yo soy”. “Nosotros somos dirigentes de esta población y nos han dicho que ustedes los vecinos nos van a atacar”. “Como se le ocurre, a nosotros nos han dicho que ustedes nos van a atacar”. Nos pusimos a conversar, y ellos querían acceso a las colas para poder comprar. Nos pusimos de acuerdo, y había cola de vecinos y la cola de las poblaciones, y entraban uno y uno y nos protegimos mutuamente. O sea, nadie responsablemente puede decirme que yo haya tenido una actitud diversa en mi vida.
-¿Como definiría su actitud durante el gobierno militar? Yo no participé en el gobierno militar.
-Pero su actitud como ciudadano. Como ciudadano veía lo que veía la gente. Nosotros no teníamos idea de lo que pasaba con los derechos humanos. Cuando salió el senador (Andrés) Zaldívar, fui yo a pelear con el gobierno para que dejaran sin efecto la salida de Zaldívar. Cuando me quisieron sacar de la universidad y detuvieron a unos democratacristianos: Saffirio, Pickering. ¿Quién se puso en dos manos frente al decano?
-¿Eso cuándo fue? Durante el gobierno militar. Yo nunca participé de ese gobierno, nunca.
-¿Por qué? Primero que nada… Miento. Después de esta carta que yo mandé, había que hacer una actuación en Europa, comercial, y el ministro de la CORFO me llama y me dice “Mira, Miguel, tenemos un problema, tenemos que arreglarlo, creemos que tú puedes ir a negociar”. Era por el asunto de los vehículos que se armaban en Arica. “Queremos terminar esto, te damos autorización para pactar: muy buen pacto US$ 10 millones: muy mal pacto: US$ 20 millones”. Estaba nada menos que de embajador en Francia don Jorge Errázuriz Echenique, uno de los grandes hombres de Chile, con quien creamos el Partido Nacional, él era el presidente y yo el secretario general. Me fui a Europa a negociar con las empresas. En cuatro días solucioné el tema y en lugar de pagar 10 millones conversé 4 millones pagaderos en 4 años.
-Buen negocio. Volví a Chile, entregué. CORFO me dice “pero esto hay que legalizarlo”. “Está todo legalizado, terminado”. Y me llaman y me dicen que el Presidente quiere hablar con usted. Entramos, él estaba sentado ahí como estoy yo
-¿Usted ya lo había visto antes? Cuando yo estaba en la Escuela Militar, él era teniente. Así que ahí lo vi, pero como él era teniente y yo cadete no teníamos relación. “Muchas gracias”. “De nada, Presidente”, y esa fue toda nuestra conversación, nada más. Después, cuando volvió la normalidad, los partidos políticos, fui el primer vicepresidente de Renovación Nacional con Sergio Onofre Jarpa y en muchas oportunidades me tocó conversar con él y decirle muchas cosas que no le gustaron. Pero cuando uno hablaba con él, era una persona muy asequible, muy fácil. Es más, cuando yo fui candidato a senador, fue el único que fue imparcial entre la candidatura de Jaime Guzmán y la mía. El único. Si usted me pregunta por lo que hizo el gobierno militar en todo el resto, separando los derechos humanos, yo tengo que reconocer que le debo mucha gratitud. Si usted me pregunta si estoy de acuerdo con lo que ha pasado con los derechos humanos, tengo que decirle que lo condeno absolutamente.
-Pero le hago una pregunta: en general en toda la región y en todo el mundo el general Pinochet es emblema de golpe militar, de atentado contra la Constitución, de haber derrocado a un gobierno legítimamente elegido, y de violaciones a los derechos humanos. Y en los últimos años también de corrupción. Sin embargo en Chile se separa esta cuestión por lo que tiene que ver con lo económico. ¿Usted por qué cree que nosotros desde afuera lo miramos tan mal a Pinochet? Primero, creo que le falló absolutamente lo que era la comunicación social. No entendió nunca lo que era la comunicación social, y obviamente usted puede tener los poderes, pero cuando los ejerce como el Zar de toda la Rusia provoca imágenes muy desagradables para todo el mundo. El decir en mi país “no se mueve una hoja sin que yo lo sepa…”. Creo que no tuvo el apoyo que debió haber tenido. Además creo algo muy simple: uno nunca en la vida debe rodearse de incondicionales, lo más importante es tener leales, y los leales son los que son capaces de decir “usted está equivocado”. Pero resulta que en general, no sólo en Chile, sino en todos los países del mundo, en las FF. AA. existe una disciplina en que no se contradice al superior. Y todos los que rodeaban al Presidente eran prácticamente miembros de las FF.AA., y no está dentro de sus cánones ni de su formación decirle al comandante en jefe o al presidente de la República “Usted está equivocado”. ¿Cuántos funcionarios públicos cree usted que en este gobierno le dicen al presidente que está equivocado? Cuando se llegan a estos cargos se produce un círculo para decir que todo está maravilloso. Yo por lo menos cuando tuve trato con el presidente Pinochet, cuando ya nosotros éramos partido político, se lo dije muchas veces: “Perdóneme pero usted está equivocado”.
-Eran otros tiempos. Ya podíamos.
-¿Usted estuvo por el NO (en el plebiscito de 1988)? No, yo estuve por el SÍ. Y por una razón muy simple. Porque yo creí que iba a cambiar el Presidente por una persona como Sergio Onofre Jarpa, que estuvo de embajador en Argentina. Porque para mí Jarpa es el político más desinteresado que he conocido, nunca ambicionó nada, nunca se puso él delante.
-Esa es una diferencia con el Presidente Piñera en relación con el SI y el NO en el plebiscito. Sí, por supuesto. Él estuvo por el NO, nosotros por el SI. Cuando él entró a mi partido, él fue candidato por una parte de Santiago y yo por otra, hicimos campaña juntos. Estuvimos siete años sentados al lado: Otero-Piñera. Tuvimos discrepancias, como las tenemos con todos los senadores en un momento, pero no nos modificó nuestra manera de pensar, los valores que compartimos. Con Sebastián le voy a decir los valores que compartimos: primero, el respeto a la familia. Es lo más importante que tiene uno en la vida. Y se lo puedo decir después de que yo he pasado por todo. Porque creo que muy pocos hombres han tenido la suerte que Dios me dado de tener una esposa maravillosa, hijos maravillosos, nietos sensacionales; haber triunfado en mi profesión, haber tenido un grado académico, haber publicado libros, haber sido un senador de la República…
-Y debe haber plantado un árbol, seguramente… Todos los árboles los planté mientras era presidente de (no se entiende). Cuando uno cree que porque llega a un cargo, todas estas invitaciones al señor embajador… ¡Si no son a mí, son al cargo! Entendámoslo. Y eso pasa, ¡no queda nada! Lo único que le queda a uno, y se lo puedo decir mirándola a los ojos, es la familia. Es lo único que uno tiene y lo único que uno ha podido sembrar. Por sus obras los conoceréis, y a uno lo conocen por la familia que creó. Y en eso coincido con Sebastián absolutamente. Soy el único y el primero que planteó en el gobierno militar un recurso de protección en contra del gobierno, cosa que no se ha dicho. Ni siquiera se había dictado un autoacordado. Obtuve que la Corte Suprema hiciera el autoacordado. La teoría que sostuve fue la que modificó la Constitución en el sentido que no se puede afectar los derechos establecidos en los regímenes de emergencia, a menos que la Constitución expresamente lo diga. Planteé precisamente el recurso de protección, lo hice en el gobierno militar, una de las obras jurídicas más extraordinarias en Chile. Nadie se había atrevido a usarlo. Fui el primero que lo planteé y lo deduje contra del gobierno militar y lo gané en la Corte. Le puedo decir que he defendido la igualdad ante la ley y las normas constitucionales toda mi vida, porque creo que si no hay igualdad ante la ley, no hay democracia.
-¿Hay algo que usted pueda rescatar de la figura de Salvador Allende? (Risas) Si yo le contara mi última entrevista con Salvador Allende, usted no la va a creer. Primero que nada, yo no tenía contacto con él, ninguno, pero había sido el abogado de la Asociación de Productores y Exportadores de vino. Y llegué, estaba sentado, me queda mirando y me dice “a mí no me gusta hablar con desconocidos”. Yo me presenté, “señor Presidente…”, conversamos y yo no me identifiqué. No le dije quién era. No vale la pena decirle que lo que se me prometió no se cumplió.
-¿Cuándo era esto? Fines de agosto de 1973.
-Ya, ahí no más del golpe. Cuando se produjo la situación esta, yo me preocupé de cierta gente. Y no lo he contado nunca. No lo publique porque no quiero, yo me preocupé por cierta gente que conocía de la UP y los protegí. Absolutamente los protegí (…) Si a mi casi me lincharon durante la Unidad Popular. Si por eso le digo que he pasado por muchas.
-Embajador, usted dice queríamos más democracia pero tuvieron años de dictadura finalmente. ¿Pero quiero que le diga una cosa? La mayor parte de Chile no sintió la dictadura. Al contrario, se sintió muy liberada. ¿Por qué? Antes, usted no podía comprar nada importado, tenía que pagar el precio de lo que se producía en Chile, caro y malo. El gobierno (de Pinochet) de la noche a la mañana bajó el 100% de derechos al 0%, y usted empieza a encontrar lo que no había: zapatos, lo que sea. ¿Quién ganó? Ganó el pueblo. Entonces el pueblo empezó a vivir el orden. Las calles se limpiaron, empezó a ver que había trabajo, los empresarios empezaron a crear. La parte de represión no la conocimos sino hasta mucho más tarde. Se juzga sin conocer la realidad de lo que vivió Chile en ese momento. El país no estaba de acuerdo con ninguna dictadura, el país estaba de acuerdo con el orden, la tranquilidad y la posibilidad de hacer, de emprender. Nunca, en los primeros tiempos, se supo de la violación de los derechos humanos. Nunca se supo.
-¿Por qué usted cree que en Chile los políticos admiten ser de derecha y en la Argentina decirse de derecha es mala palabra? Primero que nada, los conceptos de derecha e izquierda están obsoletos en el mundo, no existen. Yo puedo correr la regla para un lado o para el otro (…) Sebastián fue muy categórico al decir cuáles son nuestros principios. Somos absolutamente conservadores: en la familia, en los derechos constitucionales, en el respeto a las reglas éticas y morales. Ahí somos conservadores y no transamos. Ahora, si nos catalogan de derecha porque queremos eliminar la pobreza, macanudo, somos de derecha. Si nos califican de derecha porque hubo un terremoto devastador y hemos reconstruido 40.000 casas, somos de derecha. Si tenemos una educación pésima que aumentó 10 veces el presupuesto nacional, y que los profesores demostraron que tenían menos resultados que los peores alumnos en la Prueba de Aptitud Académica y queremos establecer nuevos establecimientos, cambiar el sistema de educación, controlar a los profesores en un buen sentido, somos de derecha. Si cuando se destruyen los hospitales, y hoy todo está funcionando, somos de derecha. Si queremos combatir la delincuencia a ultranza y no permitir más la puerta giratoria, somos de derecha. Si usted encaja esos conceptos dentro de la derecha, somos de derecha. Nosotros lo llamamos de otra manera.
-¿Cómo lo llaman? Nosotros lo llamamos un progresismo racional y lógico. Yo fui senador no por la parte alta de Santiago, por la parte baja. Vi una serie de cosas que me llegaron al alma. Todas las leyes que eran beneficio real del pueblo -nunca las demagógicas, porque perjudican- las aprobamos. ¿Usted no cree que yo desde el fondo de mi alma no siento que tenemos una obligación moral de mejorar la situación de los pobres de Chile? ¡Pero no es darles plata! ¡No es darles una casa! Usted le va a dar la plata y la casa pero no los mejora. Tiene que mejorarlos con educación, con cultura. Tiene que entregarles oportunidades.
-¿Y qué piensa que hizo la Concertación en ese sentido? ¿Qué dejaron los 20 años de Concertación de bueno para Chile? Mire, la Concertación de bueno siguió la política económica del gobierno militar. Segundo, hicieron todas las carreteras, yo fui uno de los senadores que aprobó precisamente la ley de concesiones. Creo que donde se cayó la Concertación fue cuando perdieron el idealismo, la visión de país, y se concentraron en un grupo de compadrazgo personal. Ya los cargos no se llenaban por mérito ni por capacidad, sino por influencia política. Y es lo que nosotros estamos tratando de evitar (…) ¿Usted cree que yo sé de qué color político es la gente que tengo en esta embajada? No tengo idea, ni me interesa. Por primera vez en esta embajada se reúnen todos, los días lunes a las 9 de la mañana, se conversa todo lo que se está haciendo; por primera vez entran aquí a hablar con el embajador sin tener que pedir audiencia; por primera vez todo mi personal de aquí va a tener uniforme, porque esto es Chile, esta es la representación de Chile. El viernes pasado he invitado a comer con mi señora a todos los diplomáticos. Acá somos todos iguales y es tan importante como yo el portero.
-Embajador, usted sabe que una de las cosas que se dijo era “Bueno, pero cómo, va a venir un hombre tan relacionado con la derecha a la Argentina, una relación tan delicada, con el gobierno de los Kirchner, que supuestamente se considera a la izquierda”. ¿Qué piensa de eso? Creo que se equivocaron, porque fui extraordinariamente bien recibido por todas las autoridades (…) Aquí he apreciado el cariño, la amistad de los argentinos hacia Chile. Y me han conmovido profundamente.
-¿Y cómo ve la región? Cuando usted me habla de derecha, yo quiero presentarle algo que es muy importante que nunca nadie lo ha dicho. Hay que diferenciar a la derecha económica de la derecha política. Yo nunca he sido de la derecha económica, nunca he sido del agrado de la derecha económica, nunca, porque creo que la derecha económica sólo tiene un dios, el dinero. Y nunca la derecha económica ha quedado mal en ningún gobierno, nunca ganó más plata que en el gobierno del señor Lagos. Nunca. La derecha política es otra cosa, totalmente distinta: conservadora en ciertos valores y progresista en otras materias, pero no por populismo, sino viendo realidades. Haciendo las cosas que se deben hacer. Entonces hay una diferencia enorme entre nosotros. Ahora, ¿la pregunta que usted me hacía era?
-Yo le preguntaba por la región. Porque a Piñera se lo ve cómodo por donde se mueve, hasta con Evo Morales. Usted no estuvo al comienzo de UNASUR. Llegamos Sebastián, el ministro de Relaciones y yo, en una mesa como ésta. Evo sentado ahí, había dos sillas aquí, dos allá, a tomar café. Luego en otra mesa, y entra el Presidente Chávez. “Cómo está, Presidente, cómo está?”. Luego llegó el presidente de Bolivia, que se sentó al lado de Sebastián. A los 5 minutos, entra el presidente Lula, que nos saluda a todos. Luego entra Correa, que nos saluda todos, y se sienta a la mesa del presidente de Chile. Nosotros con el embajador nos retiramos y dejamos a los presidentes. Yo repito lo que dice Sebastián: no tienen idea de lo que somos ni lo que representamos, nos han etiquetado, no saben de qué derecha están hablando. No tienen idea de lo que están diciendo. Por eso que cuando Sebastián dejó muy en claro lo que creemos y lo que somos al presidente de Venezuela, fue el único presidente que fue aplaudido por todos los presidentes. Por todos. ¿Estamos equivocados? Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero creo que estamos en la senda correcta y que queremos hacer algo en beneficio de todos los chilenos, sin discriminación de ninguna especie. Y eso es lo importante.
Escuche: Entrevista a Miguel Otero – Parte I Entrevista a Miguel Otero – Parte II
Los US$ 22 millones de Laspina pertenecen a ex torturados, dice Almada
Los 22 millones de dólares reclamados por Fortunato Laspina pertenecen a ex torturados de la dictadura stronista, afirmó hoy Martín Almada al promover una acción judicial con la que busca destinar el dinero a ex víctimas.
Laspina está procesado por torturas en base a una querella promovida en 1989 y el dinero que reclama no le corresponde porque pertenece a las víctimas de torturas, manifestó el defensor paraguayo de derechos humanos Martín Almada en un escrito presentado este lunes en el Palacio de Justicia.
Almada se refería así a los 22 millones de dólares congelados en un banco suizo que, supuestamente, fueron donados a Laspina por el ciudadano extranjero Holguer Joaquín Nyholm.
El dinero embargado es reclamado por Laspina al igual que por la Procuraduría General de la República, cuyo titular, Enrique García, sostiene que los 22 millones de dólares deben ser destinados a las arcas del Estado porque tales fondos forman parte de una sucesión vacante.
Los 22 millones de dólares pertenecen "legítimamente a las víctimas de la dictadura de Alfredo Stroessner", enfatiza en su escrito Martín Almada al recordar que Laspina fue su torturador personal.
Laspina "utilizaba lezna (objeto punzante) para arrancar las uñas" de los presos en la cámara de torturas, dijo Almada.
"Responsable de mi tortura es el señor Fortunato Laspina o Lorenzo Laspina y no Domingo Laspina, que es el hermano", agregó.
"Laspina es director del Hogar San Francisco de Asís desde marzo de 1989, cargo que le corresponde al secretario general de la Policía, según la Ley Orgánica Policial", dice.
Al recordar los momentos que vivió cuando estaba preso, Martín Almada relata que cuando eran aproximadamente las diez de la noche "se me acercó Fortunato Laspina, me saludó con una patada en el estómago y me condujo violentamente a la cámara de tortura. Allí me enfrentó con una anciana a quien nunca había visto antes. Se trataba, lo supe luego, de Gilberta Verdum viuda de Talavera. Su esposo había sido asesinado impunemente en 1961 por Juan A. Hellman, José Ignacio Irrazábal y Antonio Campos Alum, bajo la dirección del general Patricio Colmán".
Dice además que "vengo a solicitar la fijación de día y hora para la declaración informativa de Lorenzo Fortunato Laspina, su esposa María Luisa Ojeda, Angel Mario Alí, Francisco Bogado y también la escribana Lourdes Mariño Galván, quien redactó el acta de donación de 22 millones de dólares de Lorenzo Laspina".
"Legítimanente, la indemnización a las víctimas tiene que salir de los bolsillos de los ladrones y asesinos, y no de las arcas del Estado", añade.