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Máximo Kinast Avilés

Cultura y Arte

IV FESTIVAL DE POESÍA: PALABRA EN EL MUNDO

La bienvenida entusiasta a esta Isla Negra que ya se llena de guirnaldas y largas mesas para celebrar la poesía, las hermandades universales!

 

A pocos días del inicio formal de Palabra en el mundo todo es vorágine y alegría. Recibimos  datos, detalles que faltaban, nuevas actividades que se suman. Hasta hoy -9 de mayo- tenemos más de 500 acciones poéticas, y esto merece ser festejado, pues nos habíamos fijado el objetivo de redondear medio millar de actividades poéticas entre el 20 y 25 de mayo.

 

Todavía faltan. Muchas compañeras, muchos compañeros - quizá sin tiempos y sin energías-, faltan a la cita. Algunos se hacen sentir más que otros, pues los algunos en que pensamos siempre estan allí, en la primera línea, dándolo todo con tremenda vocación constructora.

También hemos descubierto la intensa ternura de tantas personas que se han sumado este año: bienvenidos!!

 

Para quienes el 2010 no ha dado posibilidades, será en el 2011 hermanos.

 

Las ausencias de Paraguay, Portugal y Francia se hacen sentir, por tantos afectos que nos ligan, pero hemos notado un empuje maravilloso en Argentina, México, Italia y España, entre otros.

 

Cada reunión, desde la más pequeña, hasta las verdaderas maratones poéticas que han organizado en diversas ciudades, nos trae la certeza que palabra en el mundo, este inédito primer festival mundial de poesía en todas partes, esta siendo apropiado por todos, soñado y construido por todos, alentado, cuidado y apoyado por tantas vocaciones, que no habrá sino más camino para continuar enlazando de un extremo al otro del mundo lo mejor de cada uno.

 

El fin de semana próximo daremos a difusión el programa definitivo. Para ello solicitamos a quienes aún tienen confirmaciones pendientes envíen con celeridad los datos.

 

Del 20 al 25 de mayo seremos parte de un canto compartido que vale la pena!!!

 

Más abajo una lista aproximativa, en base a los datos hasta hoy recibidos, de las actividades, y los links de los nuevos espacios de palabra en el Mundo que Carolina está trabajando con tanta dedicación.

 

un fuerte abrazo!

en poesía!

gabriel impaglione

 

IV Festival: Palabra en el Mundo,

 

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20 al 25 de mayo del 2010

La diversidad hace más ancho el mundo

 

28 paises

322 ciudades: más de 550 acciones poéticas

 

Alemania: Berlín (1 ciudad: 2 acciones)

Argentina: Ciudad de Buenos Aires; Bahía Blanca, Belén de Escobar, Berazategui, Berisso, Bernal, Castelar, General Rodríguez, Lanús, La Plata, City Bell, Villa Elisa, Lobos, Lomas de Zamora, Luján, Mar del Plata, Mar de Ajó, Morón, Villa Sarmiento, Moreno, Paso del Rey,Munro, Pilar, San Martín, San Nicolás de los Arroyos, Rojas, Tres Arroyos, Virrey del Pino, La Matanza; Córdoba- Cordoba, Cósquín, Villa María; Chaco- La Escondida; Entre Ríos- Aldea Brasilera, Chajarí, La Paz, Concordia, Gualeguaychú; Jujuy-Tilcara, Libertador General San Martín; Mendoza- Ciudad de Mendoza, General Alvear, San Rafael; Misiones- Aristóbulo del Valle, Eldorado, Oberá; Neuquén- Río Colorado; Salta; Santa Fe- Funes, Puerto Gral San Martín, Rosario, Santa Fe; San Juan; (56 ciudades: 115 acciones)

Austria: Salzburgo. (1: 1)

Brasil: Bahia-Salvador, Cachoeira / Recôncavo da Bahia, Rio de Janeiro, cidade de Maricá, São Paulo, Recife (6: 6)

Bolivia: Cochabamba (1: 1)
Canadá: Fredericton, Montreal, Toronto, Val David, Quebec, Vancouver (6: 10)
Colombia: Barranquilla, Bogotá, Cartagena, Manizales, Sucre, Corozal, Sincelejo. (7: 9)
Costa Rica: Heredia, San José, San Ramón, Alajuela, San Pedro. (5: 14)
Cuba: en mas de un centenar de municipios de: La Habana, Pinar del Río, Matanzas, Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Camagüey, Holguín, Las Tunas, Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo, Isla de la Juventud . ( 150: 150)
Chile: Antofagasta, Batuco, La Serena, Santiago de Chile, Rancagua, Valdivia, Valparaíso. (7: 12)
Ecuador: Esmeraldas, Quito. (2: 2)
El Salvador: Quetzaltenango, San Salvador, Ahuachapan. (3: 3)

España: Alicante, Burgos, Carballiño, Galicia, La Coruña, Granada, Islas Canarias, Jerez de la Frontera, Madrid, Málaga, Estepona, Ourense, Sevilla, Vigo. (14: 32)

Estados Unidos: California, Nueva York, Cincinnati. (3: 3)

Guatemala: Ciudad de Guatemala. (1: 1)

Holanda: Amsterdam. (1: 1)

Honduras: Santa Bárbara y Arada. (1: 5)

Italia: Ascoli Piceno, Basilicata, Gavignano, Milán, Nuoro, Roma, Sassari, Savona, Torino, Tula, Venezia, Voltana di Lugo. (13: 48)

México: Apozol- Zacatecas, Ensenada- Baja California, Ciudad México, D.F., San Cristóbal de Las Casas-Chiapas, Cuernavaca – Morelos, Guanajuato, Celaya, Hermosillo, Michoacán, Morelia, Monterrey, Playa del Carmen, Quintana Roo, Salamanca, San Fernando Huixquilucan, Tabasco, Tlalnepantla de Baz, Toluca, Tulacingo, Tulum, Valle de Bravo, Veracruz, Villa Hermosa, Xalapa. (26: 80)

Nicaragua: Managua. (1: 5)

Panamá: Ciudad de Panamá. (1: 5)

Perú: Ayacucho, Callao, Chosica, Lima, Magdalena, Cajamarca. (6: 7)

Puerto Rico: San Juan, Aguadilla, Hatillo, Caguas. (4: 4)

República Dominicana: Santo Domingo. (1: 1)

Rumania: Baia Mare, Jud. Maramures, Monasterio  Barsana, Sighetul Marmatiei, Sapanta. (5: 5)

Suecia: Malmö. (1: 1)

Uruguay: Montevideo, Dolores, Paysandú, Young, Río Negro. (4: 10)

Venezuela: Caracas, Coro, Estado Falcón, Guatire, Los Arangues, Municipio Torres, Estado Yaracuy, San Felipe, Tachira, Palmira. (8:11)

 

Tito Alvarado (presidente Proyecto Cultural Sur) -

Gabriel Impaglione (director Revista Isla Negra) -

Alex Pausides (presidente Festival Internacional de Poesía de La Habana) –

 

Nueva presentación blogger: http://palabraenelmundo.blogspot.com/

Nueva presentación space: http://festivalpalabraenelmundo.spaces.live.com

 

 

PERU: SONORIDADES DE LA TIERRA

SONORIDADES DE LA TIERRA

NOTA DE PRENSA

(Favor de difundir y publicar)

 

Ciclo de Conciertos Didácticos

SONORIDADES DE LA TIERRA

Naturaleza, prehistoria, mítica y actualidad

 

https://mail.google.com/mail/?ui=2&ik=d2aee8a71a&view=att&th=127b9ac7352957db&attid=0.2&disp=inline&zw

Viernes 09, 16, 23 y 30 de Abril - 7:30 pm.

CENTRO CULTURAL PERUANO BRITÁNICO

Jr. Bellavista 531 Miraflores

- E N T R A D A   L I B R E -

 

 

El grupo PACHACAMAC comparte su ideario, memorias, procesos creativos, experiencias en el trabajo de grupo, sus motivaciones para la construcción de sus composiciones, sus instrumentos, sus investigaciones sobre la música en el Perú antiguo y los instrumentos nativos, sus perspectivas y sueños, su aprendizaje en el camino de la cosmovisión andina, su papel como artistas de hoy y su compromiso con el planeta como ente vivo.

 

Cuatro Conciertos Didácticos con temáticas distintas, música en vivo y charlas:

 

https://mail.google.com/mail/?ui=2&ik=d2aee8a71a&view=att&th=127b9ac7352957db&attid=0.3&disp=inline&zw

 

Viernes 09 - SONORIDADES DE LA NATURALEZA

Viernes 16 - LOS ECOS DE LA PREHISTORIA

Viernes 23 - MEMORIA COLECTIVA, MITO, ORALIDAD, SIMBOLO, RITUALIDAD E HISTORIA

Viernes 30 - EL ARTISTA EN EL MUNDO DE HOY, EN SU ESPACIO GEOGRÁFICO Y EN EL PLANETA

 

El grupo musical PACHACAMAC con una experiencia de 13 años dedicados a la investigación, experimentación, creación y difusión de la música con instrumentos nativos, ancestrales y mestizos del Perú,

 

Ha compuesto decenas de piezas musicales inspirados en la naturaleza, la prehistoria, el mundo prehispánico, la cosmovisión andina, entre otros temas de identidad nacional.

 

A través de diferentes etapas y procesos creativos el grupo ha incorporado más de un centenar de instrumentos, los mismos que han sido plasmados en sus discos, conciertos y en otros trabajos artísticos que realiza, como música para danza, teatro, animación y video.

 

Pachacamac ha realizado varias giras internacionales, por América Latina: México, Argentina, Chile y Ecuador, así como por el Medio Oriente: el Líbano, Siria, Jordania y Egipto. Así mismo, ha hecho múltiples presentaciones dentro del Perú, tanto en Lima como en el interior del país.

 

INTEGRANTES

GIOVANNA RAMOS AGUILAR (percusión),

HERNAN CARO LEOPOLDO (1º voz, guitarra y vientos),

ALEX ACUÑA CORDOVA (charango, vientos y coros),

EMILIO URBAY ZEVALLOS (bajo eléctrico, vientos y coros),

PAUL OBREGON ROMERO (1er vientos y coros).

 

Contacto: Giovanna Ramos Telf. 424 8463  / Cel 99103 9792 / pachacamacgrupo@yahoo.com / www.pachacamacgrupo.blogspot.com / www.myspace.com/pachacamacgrupo

IV FESTIVAL: PALABRA EN EL MUNDO

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20 al 25 de mayo del 2010

 

La diversidad hace más ancho el mundo

 

 

A las y los poetas que también son personas de palabra, organización y acción;

a las maestras y maestros, en la tarea de alumbrar futuros;

a las y los periodistas, que no callan verdades;

a las trabajadoras y trabajadores de la cultura, aquellos que hacen florecer los sueños.



En un principio fue la intención de mover montañas, éramos los pocos que creen que todo es posible. En la soledad de un instante de quietud o en la febril actividad de buscar un lugar posible, jutamos nuestra voz a otra y echamos a correr la palabra en busca de un eco mayor.

Desde trescientos cincuenta puntos en el planeta Tierra, hubo respuesta. Mayor que lo esperado, menor de lo necesario. Pudiéramos quedarnos en la simple contemplación o adularnos entre nosotros o pensar que lo logrado es insuperable. Preferimos la responsabilidad de continuar sumando, que la poesía tiene valor si logramos que se escuche.

En este andar hemos aprendido que la poesía es algo más que palabras: una hoja que cae, un niño sonriendo, una madre que amamanta, una copa que se alza para celebrar la amistad y el esfuerzo, un paisaje que acompaña nuestro caminar, un recuerdo, una esperanza, pero también hemos aprendido que la poesía es todo lo necesario, “lo que no tiene nombre”, lo que se puede hacer de nuevo o lo terrible; como una verdad nunca dicha, como una herida que no cierra o el azote del odio de un ser humano contra otro ser humano.

No es de lamentos ni de falsas alegrías que queremos hablar; es de diversidad, paz, aire, pan, fraternidad, agua, trabajo, amistad... las flores de la vida. Todo aquello que hace más ancho el mundo.

Llamamos a abrirle ventanas y puertas a la realidad, a inundarnos de fuerza pura, a entregar humanidad, a crecer juntos, a sumar fuerzas y acoger en cada lugar la audacia de poetizar la vida. Las formas pueden ser múltiples, la pasión una sóla: organizar en escuelas, universidades, teatros, cafés, restaurantes, anfiteatros, playas, parques, plazas, calles, casas particulares, casas de cultura, estaciones de radio, estudios de televisión, salas de conferencia, centros comerciales o donde la imaginación lo aconseje, una o muchas lecturas de poesía, que unidas a otras en distintos puntos del planeta, serán el IV Festival de Poesía: Palabra en el mundo, del 20 al 25 de mayo del 2010,( en quinientos puntos del planeta tierra.. o más.). Qué si son más, estaremos aún más cerca del lugar soñado en la fraternidad de la alegría.

Démosle una oportunidad a la Diversidad haciendo florecer la vida. Que todos sepan las razones de nuestro canto. Hagamos infinito el mundo!

Este llamado lo hace “Proyecto Cultural SUR Internacional”, “Revista Isla Negra” y el “Festival Internacional de Poesía de La Habana”, en cada lugar lo pueden asumir como suyo y trabajar en común acuerdo las más diversas entidades culturales. Lo dejamos en sus manos en la esperanza de que cada uno le agregue corazón, fuerza y razones para que la poesía sea algo más que palabras.


Vorto en la mondo (esperanto), Palavra no mundo (portugués), Parola nel Mondo (italiano), Worte in der Welt (alemán), Rimayninchi llapan llaqtapi (quechua), Paraula in su Mundu (sardo), Cuvânt în Lume (rumano), Parole dans le Monde (francés), Ordet i verden (danés), Word in the world (inglés), Palabra no mundo (gallego). Ñe’ê arapýre (guaraní),  Paraula en el Món (catalán ),Chuyma Aru (aymara)...


En breves líneas


Palabra en el mundo es una iniciativa unitaria y se construye desde la participación de todos. La idea básica es que cada uno de nosotros arme una actividad poética en su ciudad, la suma de todas nos dará como resultado un Festival de Poesía En Todas Partes.

Quienes lo acojan en cada lugar, están en la plena libertad de integrarle las variantes que se estimen necesarias: música, teatro, artes plásticas, títeres, fotografía, películas, etc.

La publicidad debe llevar el encabezado:

 

IV Festival: Palabra en el Mundo,

 

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20 al 25 de mayo del 2010

La diversidad hace más ancho el mundo


y se añade la institución, el grupo, etc, que convocan a nivel local en cada punto de encuentro.

Promoción:
Todos los organizadores asumen la misión de promover entre sus contactos el Festival, en la idea de lograr la más amplia participación de público y ampliar el Festival a otras ciudades y países.

Poesía en la escuela:
Charlas de poetas en escuelas; los mismos docentes que hablen de poesía, que los chicos escriban o elijan una poesía y la ilustren; con estas ilustraciones puede montarse una muestra en la escuela o intercambiarse con otras que participen o incluso ponerla en las vidrieras comerciales de la ciudad.

Universidad:
Organizar coloquios, seminarios o conferencias, focalizando el estudio en un tema, una generación, un poeta, etc..

También proponer y realizar recitales, muestras de poesía ilustrada, actividades de estudio sobre poesía.  Las secretarías de Extensión u órganos de vinculación con la comunidad ya tienen la dinámica necesaria para estas propuestas, en el espíritu de integracion: comunidad universitaria- sociedad.


Radio:
Durante los días del Festival hacer un programa o microprogramas de poesía, con poetas invitados, entrevistas, lectura, etc. Se puede también transmitir los encuentros poéticos en el marco de Palabra en el mundo.

Televisión:
Puesta al aire de un programa o serie de entrevistas a autores locales o incluso cápsulas culturales con poesía leída en el estudio o exteriores. También placas musicalizadas con audio de lectura de una poesía. Etc.

Prensa y revistas:
Los periodicos pueden publicar una página o un suplemento de poesía. Las revistas puden participar con un número especial dedicado a la poesía.

Bibliotecas:
Organizar homenajes a poetas o recitales de poesía. Difundir en esa semana, de manera especial, el patrimonio poético de la Biblioteca invitando a la lectura a la comunidad.

Jardínes Botánicos, campus universitarios, parques:
Organizar una lectura y plantar un árbol por la poesía o en homaneje a uno o varios poetas, con la idea simbólica de crear, con el tiempo, un “Bosquecito de la Poesía”, o “Bosquecito de la Palabra Poética en el mundo”, etc.

Municipios:
Muchas comunas han declarado la actividad de la ciudad en el marco de Palabra en el mundo: como de interés municipal. El interés de las autoridades culturales del municipio o la provincia se ha manifestado en varias oportunidades y esto ha ayudado mucho a los organizadores locales.
Para ser declarado de interés se realiza un simple trámite ante las autoridades de cultura con el debido tiempo de antelación. Los municipios que lo han hecho se han visto retribuidos enormemente con el éxito de cada convocatoria, que ha tenido eco en diversos medios, no sólo locales.

Compromisos:
A cada organizador se le enviará el póster promocional vía mail para que pueda ser impreso y distribuido; también – por la misma vía- el certificado de participación para los asistentes.

A cada organizador le solicitamos los siguientes datos (que serán incluidos en los programas generales y dados a difusión):
pais:
ciudad:
lugar exacto:
dia y hora:
organizadores:
poetas participantes.
Coordinador para Palabra en el mundo y mail de contacto:
Apoyos de:

Para programas de radio y tv debe agregarse:
Emisora / programa/ conductores, si tiene emisión por la web el link.

Para las escuelas:
Niveles que participan, docentes y otros datos institucionales que sean oportunos.

Cada organizador debe comunicar los avances y hacer un resumen de resultados.


¡Nada puede acallar el canto, cuando existen justas razones!

En poesía!

Un abrazo cordial

 

Tito Alvarado (presidente Proyecto Cultural Sur) pcsur@aei.ca

Gabriel Impaglione (director Revista Isla Negra) poesia@argentina.com

Alex Pausides (presidente Festival Internacional de Poesía de La Habana) proyectosurcuba@uneac.co.cu

 

 

 

LIBRO RECOMENDADO: 'EL RAPTO DE HIGEA'

 

http://www.viruseditorial.net/pdf/rapto%20de%20Higea.pdf

 

 

Bájatelo, es GRATIS, y recomiéndalo.


 

Autor: Jesús García Blanca
El Rapto de Higea
Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad
Presentación de Pascual Serrano

 

TRADICIONES CHILENAS

El Valdiviano

  

Por Germán F. Westphal

Alguna vez un amigo poeta que pasó una temporada escribiendo en Valdivia me comentó que los valdivianos estaban perdiendo sus tradiciones porque en varios restoranes y cocinerías del mercado había pedido un Valdiviano pero nadie sabía lo que era...

El Valdiviano era el tren que salía de la Estación Central de Santiago al caer la noche, en dirección a Valdivia y seguía a Puero Montt, después de hacer trasbordo en Antilhue, de modo que pudiera seguir al ramal de Valdivia.

El tren llegaba a Temuco a eso de las 7:00 de la mañana y paraba allí por casi una hora...


Los populáricos se bajaban de los carros para estirar las patas, especialmente aquellos que viajaban en carros de 3a clase, con asientos de madera..., todos medio adoloridos... 

 

Muchos se dirigían a las cocinerías improvisadas en que unas viejas guatonas e impecablemente vestidas con delantal blanco y gorro cocinero también blanco, ofrecían un Vadiviano recomponedor y criaturero...

El Valdiviano era de Temuco y recibe su nombre del tren que llegaba a la hora señalada.

Las viejucas tenían todo preparado en varias fuentes y lavatorios enlozados y saltados por el uso...


algo de charqui probablemente de caballo, aunque decían que era de vacuno, cortado en tiritas bien machacadas en un gran mortero de piedra siempre a la vista, 

 
 

un montón de cebolla cortada a la pluma...


un pebre bien picante con bastante cilantro y perejil...


varias docenas de huevos frescos...


y una gran tetera de agua hirviendo a borbotones en un brasero...

agua hirviendo en la vieja tetera hollín en las excursiones de campamento

Uno llegaba a la cocinera que le parecía más limpia o con la cola de clientes más corta y pedía su Valdiviano.

La señora tomaba uno de sus platos enlozados todos saltados, le ponía un puñado de charqui machacado al centro, le agregaba un par de puñados de cebolla cortada a la pluma y llenaba el plato con agua hirviendo a borbotones. Enseguida, colocaba el plato sobre algún cajón que tenía a mano, le agregaba un huevo caído el cual se tornaba blanco al calor del agua hirviendo aunque la yema siempre quedaba crudita, le agregaba un par de cucharadas de pebre a gusto del consumidor y le pasaba el plato al cliente con una cuchara sopera que llegaba a tener filo por lo gastada, además de un pancito amasado, previo pago de unos cuantos pesos.

 



Los clientes se retiraban un par de pasos para dar lugar a los otros viajeros que también querían Valdiviano y ahí mismo, de pie, haciendo piruetas para sujetar el plato y el pan con una mano, cuchareaban su Valdiviano, apuraditos antes de que partiera el tren para internarse al sur del sur...


Esta es la historia del tren y el plato de sopa criaturera que se conoce como Valdiviano y que permitía recuperar fuerzas, comprar un ramo de copihues en Antilhue...


y hacer el amor como los dioses mandan al llegar a la ciudad de los ríos...

Hay más historias de estaciones de ferrocarriles como las tortas de Chillán...


las cerezas en ristras de Gorbea...


los panes amasados con longaniza de Antilhue...

 

Todas tradiciones que se fueron como los viejos tranvías de Santiago, de los cuales sólo quedan algunos rieles adoloridos por la indiferencia, entre los adoquines de algunas calles...


NOS CONOCIMOS EL VERANO DE 1957

Una primicia para este blog

Se autoriza la reproducción citando al autor y la fuente:

 

NOS CONOCIMOS EL VERANO DE 1957

Germán F. Westphal

 

Ambos de vacaciones en el campito de unos amigos que nuestros respectivos padres tenían en común, aunque entre ellos no se conocían y nunca se conocieron. En la época se viajaba en tren. Las distancias eran grandes.

 

El primer día, nos saludamos de mano y con una sonrisa. La empatía fue inmediata. Eramos los únicos adolescentes en la casa patronal. Al día siguiente nos estábamos besando. A escondidas, por supuesto.

 

Era verano y hacía calor. En la atmósfera y en el cuerpo. Los besos pasaron a más besos. Y las caricias, a más caricias. Nos buscábamos a escondidas y así, buscándonos al tercer día, nos encontramos en el galpón.

 

Nos besamos y acariciamos, con el corazón palpitante.

 

Temerosos de ser sorprendidos, nos fuimos a pasear al estero. Tomados de la mano y sonriendo, mientras tararéabamos alguna canción tonta.

 

El agua del estero nos arrullaba cantarina mientras nos besábamos, aplastando cuerpo contra cuerpo, de pie bajo el sauce llorón que con su ramaje nos escondía. Las manos temblorosas nos recorrían la piel, acariciándola, a la vez que sonreíamos.

 

Eramos todo sonrisas, besos y caricias.

 

Volvimos a casa para almorzar.

mail (288×300)

Muy compuestitos.

 Y qué hicieron esta mañana? Fuimos a ver los caballos al establo, las máquinas, las carretas de rueda chancha, los arados viejos de madera, el galpón y el estero. Por ahí! Anduvimos paseando. Y qué van a hacer en la tarde? No sabemos. Hace mucho calor. Deberían dormir una siesta, como nosotros. En la tardecita, cuando refresque, vamos a ir a Los Alamos a tomar helado. Iremos todos. Les parece? Por supuesto! Sabes? No vimos los conejos! Tenemos que ver los conejos! Bueno, nosotros a nuestra siesta! Se desaparecieron y nos desaparecimos.

 

En dirección a los conejos, una vez detrás del galpón, entramos por una puertecita trasera, no sin antes verificar que no nos observaba nadie. Ya nos habíamos complotado tácitamente para estar solos.

 

Eramos todo sonrisas, besos y caricias.

 

Subimos al altillo del galpón.

 

Las caricias se hicieron más profundas tendidos sobre la paja mullida detrás de unos fardos que nos ocultaban de la puerta trasera y los portones entreabiertos. Escuchamos la voz del campero y de los dos peones que trabajaban con él. Buscaban unos azadones, rastrillos y palas. Nos quedamos quietos por una eternidad, con los corazones golpeando fuerte y agitadamente al interior de los pechos.

 

En cuanto se fueron, volvimos a nuestros besos y caricias.

 

Ya no vendría nadie.

 

Más besos y más caricias. Sonreíamos. Más besos... Uno tras otro. La blusita entreabierta terminó por abrirse totalmente y los senitos se mostraron firmes y redondos con los pezoncitos duros y erectos que de inmediato fueron cubiertos a caricias y besos.

 

A estas alturas, la faldita se había subido a la cintura y una mano llenaba el entrepiernas húmedo del calzón.

 

Así, entre tanta caricia y besos ardientes, de repente un contoneo y un murmullo --Ay, que lo quiero hacer!-- seguido de un leve gemido con los ojos entornados y los labios húmedos y entreabiertos buscando más besos, con cada mano haciendo lo suyo --apretando una y otra vez el contenido firme y pulsante del marrueco y frotando el entrepiernas del calzón contra la ranurita que se había entreabierto al hacerse más grandes sus labios con la exitación de las caricias de la mano que al desplazar el entrepiernas del calzón hacia un lado, sorpresivamente, descubrió una pequeña protuberancia en la parte superior. Estaba firme y durita. Tersa, como los pezones. Frótame ahí! Suavecito! Eso! Así, suavecito! Pero no empujes el dedo hacia adentro! Yo te voy a enseñar! Mira... Aquí! Así! Suavecito! En redondito! Así! Así! Suavecito! Y ahora de arriba hacia abajo con el dedito. Así! Así! Qué rico! Ay, que rico! Mientras las caderitas se desplazaban en círculos, de arriba hacia abajo, una y otra vez.

 

Nunca nadie me había hecho esto. Me lo hacía yo solita. Ahora te tengo a tí! Y tú? Cómo lo haces? Así... Huy! Así? Sí, así! Aprieta un poquito. Así? Sí. Te gusta así? Si! Está calentito, firme y durito. No pares. Sigue. Sigue. Y tú, bésame! Te gusta así? Sí! Pero hazme tú también! Como te mostré. En redondito. Hacia adelante y hacia atras, pero cuidado con el dedito. Eso! Y tú, hacia arriba y hacia abajo. Rapidíto! Te gusta? Sí! Me estás volviendo loca! Y tú a mí! Estamos ambos locos! No importa! Hazme más! Hazme más! Bésame! Bésame! Bésame los senos! Eso! Así! Chúpame los pezones. Eso! Así, suavecito! Pero no pares ahí abajo! Tú tampoco! Sabes? Me gustaría besártelo, pero tal vez no. Estoy bien así. Yo también! Me gusta lo que estamos haciendo! Ojalá que no venga nadie! Están durmiendo siesta o trabajando. Cierto. Te quiero! Y yo a tí! Y de repente, otro Ay, que lo quiero hacer!

 

Ay, que lo quiero hacer! Ahora! Ya! De una vez! Hagámoslo! Es que no te atreves? No sé. Y tú, te atreves? Sólo sé que lo quiero hacer! No preguntes! Lo necesito! Todo! Entero! Ahora! Dolerá mucho? No sé! Nunca lo he hecho. Yo tampoco. Entoces, no sabes? Bésame más! Acaríciame más! Chúpame los pezones? Qué rico! Frótame más! Y tú! Ay, que lo quiero hacer! Ay, que lo quiero hacer! No dejes de besarme! Tú tampoco! No dejes de frotarme! Tú tampoco!

 

Y nos transformamos en un torbellino de besos y caricias que terminaron sacándonos la ropa y sandalias que llevábamos. Eramos dos cuerpos enloquecidos que sólo querían y buscaban transformarse en uno.

 

Más besos y más caricias!

 

Ay, que lo quiero hacer!

 

Y lo hicimos.

 

Con un leve quejido y un cerrar intenso de ojos cuando empujando las caderas hacia arriba y las otras hacia abajo y hacia adelante, consumamos nuestra unión, con las manos firmes por debajo de los hombros y las otras, también firmes, atrayendo la parte superior de los muslos entre los muslos hasta que la penetración fue completa.

 

Lo habíamos logrado!

 

Cuando abrimos los ojos, nos miramos a la profundidad de las pupilas y sonreimos. Dolió mucho? Duele mucho? Un poquito... Ya no duele. Un poquito de escozor pero ahora se siente rico. Tibiecito. Calentito. Y ahora eres mío! Y tú mía. Por cuánto tiempo? No sé! Y simulteaneamente hicimos nuestro abrazo más intenso de modo que podíamos sentir y escuchar el corazón del uno latiendo fuertemente contra el pecho del otro. Cierto. No sabemos. Y ahora qué? Bésame!

 

Y volvimos a nuestros besos y caricias a la vez que nuestros cuerpos se movían rítmicamente como si fueran uno, complementándose, en sucesivas oleadas que se hicieron progresivamente más aceleradas, hasta que casi exhaustos y sudorosos por el esfuerzo, una serie de espasmos electrificantes se transmitieron de cuerpo a cuerpo, sobreviniéndonos en cada cuerpo un éxtasis paralizante que nos inundó de placer de pies a cabeza.

 

Habíamos hecho el amor por primera vez cada uno y también logrado nuestro primer orgasmo en pareja.

 

Nos secamos y limpiamos con nuestra ropa interior, la que tuvimos que hacer desaparecer por las manchitas de sangre con que quedaron.

 

Al caer la tarde, fuimos a Los Alamos a tomar helado con los dueños de casa.

 

Y qué hicieron después de almuerzo? Fuimos a ver los conejos. Toda la tarde? No, volvimos al esterito y después fuimos a la laguna. Nos entretuvimos haciendo patitos con algunas piedras en el agua... Si, patitos, tagüitas, cómo no! Y los conejitos también! Hay que hacerles programa a estos chiquillos porque si no, se van a aburrir o quizás en qué lio se meten! Están demasiado grandes para juegos de niños y demasiao chicos para juegos de grandes. Nos ruborizamos. Ya! No los molestes, hombre! Mañana podrían ir a pasear a caballo y ver la trilla...

 

Cuando bajamos al desayuno en pijamas tal cual hacían los dueños de casa, nos avisaron que en una hora estarían los caballos listos, que tomáramos desayuno rapidito para que nos ducháramos y saliéramos fresquitos... Tú primero! No, tú! Bueno!

 

Nos mostraron en qué dirección ir y partimos. En las alforjas llevábamos nuestro cocaví y una botella de aloja cada uno. Pasaríamos el día en la trilla y por ahí.

 

Me duché con agua calentita y me siento fresquita! A mí me tocó el agua apenas tibia, casi fría. Nos reimos y galopamos un poco para volver al tranco lento hasta que vimos un bosquecillo lleno de matorrales y volvimos a galopar. Nos internamos por entre los matorrales. No había huellas que seguir. Algunas vacas mujían al otro lado del bosquecillo. Llegamos a un clarito del bosque en que cabían sólo los caballos, los amarramos a un árbol y nos internamos algunos pasos más hasta que encontramos un espacio para nosotros.

 

Nos besamos tumbados en el pasto alto, fresco y oloroso. Y mirándonos a los ojos y sonriendo, las cuatro manos descendieron para soltar cinturones y pantalones mientras continuábamos besándonos e intercambiando saliva con la lengua. Los besos se desplazaron de la boca al cuello y desabrochando la blusa, a los senos y pezones, mientras las manos hacían lo suyo como el día anterior. Esta vez jadéabamos ambos sin inhibiciones. Estábamos lejos del mundo. En un momento, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, ya con los pies fuera de los zapatos y los pantalones y ropa interior fuera de los tobillos giramos nuestros cuerpos y nos besamos tímidamente donde habían estado nuestras manos.

 

Te importa? No, no me importa! Y a tí? Tampoco. Te gusta? Sí, me gusta mucho. Y a tí? Me gusta mucho también. Es rico? Sí, muy rico! Me da gustito. A mí también. Se me contrae todo por ahi abajo! Bésame! Bésame más! En la parte durita que te mostré ayer. Eso! Ahí mismo! Ay, qué rico! Chupa un poquito! Eso! Ahí mismo, donde está durito! Y tú... Trata con la lengüita... Un poquito... Alrededor de la cabecita... Con la punta de la lengüita... Alrededor de la cabecita! En el borde de la cabecita! Eso! Ay, que rico! Y mueve la manito de arriba hacia abajo. Otra vez! Eso! Rapidito! Otra vez! Otra vez! Eso! Así! Así! Y tú suavecito! Eso! Con la lengüita en redondito, como ayer con el dedito! La lengüita es más calentita! Métela un poquito hacia adentro que ahora entra. Ahora muévela de arriba hacia abajo! Ay, que rico! Ay, que rico! Me gusta! Me gusta! Me gusta mucho! El gustito me entra por todas partes! Y a mí también! Ya no puedo más! Ven! Ven a mí Y tú a mí! Y volvimos a girar nuestros cuerpos para besarnos boca a boca uniéndonos en una penetración certera, rápida y profunda.

 

Permanecimos en silencio por algunos instantes, escuchando si venía alguien. Sólo se oía la algarabía de una bandada de choroyes que había llegado a posarse en algunas ramas exteriores del bosque, nuestros caballos a algunos pasos y el mujir de las vacas que ahora se escuchaba distante.

 

Me gusta cuando lo haces latir dentro de mí. Y a mí cuando contraes... Así? Sí, así! Y a tí, así? Sí, asi! Tal cual!

 

Sonreimos.

 

Estábamos aprendiendo juntos, perfectamente sincronizados. Estábamos contentos porque ésta era sólo nuestra segunda vez y sentíamos que habíamos sido siempre el uno del otro. Volvimos a besarnos y a mover nuestros cuerpos con la penetración desplazándose de adentro hacia afuera y hacia adentro hasta que esta vez casi gritando volvimos a realizarnos en el éxtasis espasmódico y convulosionado del placer.

 

Sabes? Vamos a tener que tener cuidado con las eyaculacioes... Quieres que lo saque cuando esté por acabar? No, no me gustaría. Crees que podrías conseguir algunos preservativos? En el baño hay una caja llena y están todos desparramados. No creo que se den cuenta si tomamos algunos. Esta noche lo hacemos.

 

Nos vestimos rápidamente, salimos del bosque llevando nuestros caballos de las riendas, montamos y partimos al galope a la trilla.

 

Se atrasaron mucho! Sí, es que nos dio hambre y se nos ocurrió comer algo del cocaví y refrescarnos con algo de aloja a la sombra del bosquecillo. También nos entretuvimos mirando una bandada de choroyes que había en los árboles. Pero si los choroyes pasaron por aquí hace sólo unos 40 minutos... Sería otra bandada. Sí, sería otra...

 

La trilla nos resultó aburrida. Queríamos estar solos, de modo que después de un rato, nos despedimos y fuimos a ver las vegas de unos pequeños valles a alguna distancia.

Desde la altura del camino que bordeaba los cerros, los huertos se veían frescos y hermosos. También un pequeño manzanal con sus árboles cargados.

Bajamos y desmontamos para recoger un par de manzanas a las que dimos un gran mordisco y que compartimos sosteniéndolas frente a la boca del otro mientras girábamos riendo en una ronda de dos: Que te la doy! Que te la quito! Que la quiero! Que la quiero como te quiero! Dámela! Dámela! No me la quites que la quiero! Es mía! Es mía! Nunca me la quites! Es mía! Es mía, como tú! Dámela! Dámela! No me la quites! Nunca me la quites! Es mía! Es mía! No me la quites! Es mía, como tú!

Al caer la tarde, regresamos a casa con el sol poniente iluminando nuestras miradas y sonrisas.

 

Cenamos con los dueños de casa que nos convidaron vino, les contamos lo que habíamos hecho durante el día, excepto --por supuesto-- lo que más nos importaba. Había luna llena y la noche estaba clara. Paseamos con ellos por el jardín por un rato, hasta que todos nos fuimos a acostar.

 

Ya en medio de la noche, sin saber que hacíamos lo mismo, nos encontramos en pijamas en medio del pasillo, yendo en puntillas hacia el dormitorio del otro. Felizmente el piso no crujía. Estábamos exactamente frente a la puerta de la pieza de los dueños de casa, nos llevamos el dedo índice a los labios indicando silencio y sonriendo nos mostramos los condones que cada uno había tomado de la caja del baño... Ocho en total! Abrimos los ojos en expresión de sorpresa y espanto porque los dueños de casa se iban a enterar! Eran muchos! Se iban a dar cuenta, pero ya no había nada que hacer! No esa noche! Y regresamos intranquilos a nuestros respectivos dormitorios! Nos costó conciliar el sueño y a la mañana siguiente nos quedamos dormidos, hasta que la criada subió a despertarnos. Eran las 10 de la mañana.

 

Los patrones fueron hoy temprano a Lebu para unas diligencias. Vuelven mañana o pasado. Dijeron que aprovechen el campo si es que no llueve y que pidan lo que quieran. A lo mejor va a llover y tal vez mañana. También les dejaron esos paquetitos que están en sus puestos en la mesa. De regalo --dijeron y se rieron! Será una broma! La mesa está servida. Qué van a querer? Té o café? Con o sin leche? Té con leche. Café con leche. Y bajamos intrigados al comedor a ver nuestros regalos.

 

Al principio nos quedamos impávidos, paralizados. Eran varios preservativos Cadet para cada uno. Nos habían descubierto! Pero también habían comprendido.

 

No salimos. El día estaba nublado. Felizmente no llovió porque habría sido fatal para la trilla. Pasamos el resto de la mañana en casa mirando revistas y leyendo algo. Después de almuerzo nos fuimos al galpón. A leer unos libros en el altillo, le dijimos a la criada... Se está tranquilito allí! Nos gusta el olor de la paja y la brea. La criada movió la cabeza, sonriendo. Hoy van a tener onces-comida que les voy a dejar servida pues como no están los patrones, voy a aprovechar de pasar más tiempo con los míos. Si necesitan algo, me van a buscar. Uds. saben donde vivo.

 

Desde el altillo del galpón esperamos impacientes --mirando por entre las rendijas que permitían la circulación del aire-- que se fuera la criada... En cuanto se fue, regresamos corriendo a la casa a hacer uso de nuestros regalos, pero ahora en una de nuestras camas, como los dioses mandan. Esa noche dormimos juntos por primera vez.

 

Lo mismo la noche siguiente. Y así todas las noches hasta que al quinto día regresaron los dueños de casa.

 

Nunca hicieron mención de nada. Excepto que una noche en que uno le leía al otro en voz alta un cuento de cuatreros y asaltantes de la Cordillera de Nahuelbuta --El Pelao Cabrera--, ella dijo, sonriendo, que si preferíamos dormir en la misma pieza para que nos pudiéramos leer en voz alta antes de dormirnos, podíamos trasladar una de las camas. Oh, no! Respondimos casi al unísono! Eso sería mal visto! Pero nos sentimos tácitamente autorizados a gatear de una pieza a otra cada noche, hasta que se acabaron los preservativos... Y las vacaciones.

 

Los dueños de casa nos fueron a despedir a la estación de Los Alamos para que tomáramos el tren que nos llevaría a la línea férrea troncal, donde nos separaríamos, uno hacia el norte y el otro hacia el sur.

 

El tren bordeó la Cordillera de Nahuelbuta con sus cerros escarpados y sus grandes robles, lingues, boldos, coigües, mañíos, raulís y maquis. Algunos arbustos de murtilla y los copihues que florecen entre canelos y avellanos. También el Lanalhue. Por ahí, en alguna parte cerca de Cañete, debían haber combatido en 1553 los 14 de la fama, de los cuales los 7 sobrevivientes llegaron malheridos, cojos y tuertos a refugiarse en Purén.

 

El tren iba lento, pero para nosotros todas las horas eran sólo instantes, sentados frente a frente con las manos entrelazadas, contemplando ensimismados nuestros rostros serios y sonrisas tristes, como si estuviéramos anclados al fondo de las pupilas del otro.

 

Entre Iquique y Valdivia había dos mil setecientos kilómetros! Otros paisajes. Otros destinos.

 

Aunque ni siquiera habíamos intercambiado direcciones, en Los Sauces nos juramos amor eterno, el que como todos los amores eternos --según aprenderíamos más tarde-- se desvaneció en el tiempo y la distancia.

 

Eran dos mil setecientos kilómetros de tiempo y distancia!

 

Sabíamos que no nos volveríamos a ver.

 

Al separarnos con un último beso, los ojos llorosos y una sonrisa triste, mientras sin volver la cabeza corríamos hacia los trenes que a cada lado de la plataforma de la estación nos llevarían en direcciones opuestas, sentimos clavarse en nuestros pechos, por primera vez, la filuda daga del vacío infinito con que nos agobian las penas del amor. El pitazo de los trenes que partían terminó por clavarla a fondo, mientras desde la plataforma del último carro agitábamos brazo y mano en señal de despedida, con los rostros bañados en lágrimas. Hasta que nos perdimos en el horizonte.

 

Teníamos 15 y 16 años respectivamente.

 

Te casaste?

 

Sí...

 

Yo también...

 

Quién era mayor?

 

Tú!

 

No, tú!

 

Tú me enseñaste!

 

No, tú!

 

Y volvimos a sonreir, tal como cuando nos conocimos el verano de 1957.

 

******



 

EL PELAO CABRERA



Germán F. Westphal

Venía hecho mierda. Atado de pies y manos, atravesado encima de la montura y amarrado a ella con un lazo de cuero trenzado y sin curtir, por debajo de la cincha. Para que no se mandara abajo.

La lluvia caía a chuzos. Sus pies y cabeza chorreando agua, colgaban inertes de los flancos del caballo bayo que se mantenía con las patas tensas ligeramente separadas y los cascos firmes frente a la casa, las grandes bolas de los ojos negros parpadeando con alguna intermitencia y las nubecillas del vaho de sus pulmones desvaneciéndose desde sus ollares y belfos en el frio de la tarde.

Una manta gris que se mantenía en su lugar por el peso del agua que la empapaba, le cubría el cuerpo.

Aparte de la lluvia sobre el techo de zinc de la posta, sólo se escuchaba el bufar de los cinco caballos y algunas voces indistinguibles de los apresores. De vez en cuando.

Con sus carabinas en bandolera y echándose las mantas de Castilla verde por sobre los hombros para liberar brazos y manos, lo bajaron de la montura. Entre tres. Mientras uno lo apuntaba con su carabina a boca de jarro.

Un par de trastabillazos y las botas negras de montar clavándose en el suelo barroso para afirmarse, lo pusieron de pie en medio de la lluvia. Le aflojaron las amaras de los tobillos y en vilo lo hicieron caminar y subir los cuatro peldaños de madera desgastada que conducían a la galería al aire libre que en el frontis de la casa servía de sala de espera a los pacientes.

Los tablones crujieron en agonía por el peso de los cinco hombres.

Alguna vez, un domingo, también de temporal de lluvia y viento, algunos de su banda habían pasado la noche debajo de la casa construida sobre unos postes de 12 por 12 tallados a azuela, en un declive del terreno frente al camino. Cuando los escuché hablar y sus caballos, me preocupé, pero uno de ellos vino a la puerta a decir que estuviéramos tranquilos, que se irían en cuanto pasara la tormenta. Nunca supe si él había estado ahí aquella noche.

Esta vez era sábado.

Llamaron a la puerta.

Un perro de color indefinido cruzó por el camino de ripio frente a la casa. A trote ligero, con la cola y la cabeza gachas. También chorreando agua.

La lluvia que no cesaba se hacía más violenta por el viento que comenzaba a silbar por entre los alambres del tendido eléctrico. Un relámpago destelló fugazmente dando chasquidos en el cielo. A alguna distancia.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco.., diez y siete... Y el rugir del trueno se hizo presente. La tormenta estaba a una legua de la salida el pueblo.

Se escuchó un guaracazo y se cortó la corriente.

No te voy a poder sacar la bala del cuello. No importa, haga lo que pueda, doctor. No te puedo anestesiar. Te va a doler. No importa, haga lo que pueda doctor. Y apretó los dientes amarrado a la camilla mientras sus apresores lo contemplaban impávidos.

Sáquense esas mantas y cuélguenlas en alguna parte. Aflójenle las amarras. Traigan las tres lámparas de carburo y el chonchón grande que están en la cocina. También toallas, un par de frazadas, un lavatorio de agua hervida y el brasero encendido que está en el pasillo. Sáquenle los zapatos, séquenlo cuanto puedan y abríguenlo bien. Necesita recuperar temperatura.

Y saquen esas carabinas de mierda pa’ fuera.

Y Ud., mi cabo, apague ese cigarrillo! 


La colilla con boquilla de cera del cigarrillo La Ideal terminó aplastada bajo la bota en el piso de madera.

Recoja esa huevá y váyase pa’ fuera. A hacer guardia si quiere fumar!

El Pelao Cabrera permanecía inmóvil sobre la camilla, con los ojos entreabiertos.

Unos meses antes se había cargado a una pareja de carabineros que lo buscaba por varios casos de abigeato. Aunque tenía el sombrero puesto, creyeron identificarlo por su estatura que era de un metro ochenta --poco más, poco menos-- en una de las tantas cantinas clandestinas del camino. Una de esas a los cuales los caballos de los lugareños se dirigen solos aunque se les tire de las riendas para mantener la ruta.

La fuerza de la costumbre.

Cuando entraron al clandestino, los saludó con un buenas noches, alzando su chupilca de vino tinto desde el mesón con la mano derecha.

Como sabían que era zurdo, el saludo los confundió.

Fatal.

El Pelao Cabrera los eliminó certeramente, desenfundando y dispando su revolver Colt Bisley 45 con la mano izquierda. Su revolver le venía bien por la mayor curvatura de la cacha que otros, un diseño para revólveres de duelo en el Far West norteamericano, por allá en 1894. Toda una reliquia, además.

Se me vino a la mente Joaquín Murieta, pero entre su muerte en California y el Colt Bisley mediaban como 40 años. No había conexión posible.

Su pulso era normal, su presión arterial, 120 sobre 80 y no tenía fiebre.

Has perdido bastante sangre y la bala está metida entre los músculos del cuello cercanos a la yugular. Te me puedes ir si se me pasa el cuchillo.

Mientras no use un corvo, doctor, todo bien. Trataré de no irme.

Y volvió a apretar los dientes.

Nos habíamos encontrado cara a cara hacía como un año, en la costa que flanquea la cordillera de Nahuelbuta, en una de las tantas cuevas formadas en tiempos milenarios por el batir incesante de las marejadas contra los altos acantilados de tierra firme, por ahí, entre un roquerío prácticamente inaccesible.

Me habían venido a buscar cerca de medianoche para que atendiera a un accidentado...

Traiga sus cuchillitos en las alforjas, me dijeron. También harto algodón y vendas.

Cruzamos la Cordillera de Nahuelbuta a caballo y cuando estábamos prontos a salir de ella, me señalaron que me tenían que vendar la vista. Iban armados con carabinas recortadas.

No se preocupe, doctor, le llevaremos su yegüita de las riendas... Nosotros conocemos el camino. Afírmese bien en la montura porque de aquí a un trecho, iremos de bajada.

A la distancia se escuchaba el mar como dentro de una caracola pegada al oído.

Como en la oscuridad de la noche no veía más allá de mis narices, el gran pañuelo con que me cubrieron los ojos no me importó. Olía a mujer. Me acomodé bien la manta de Castlla negra, le subí el cuello, me metí el calañés hasta las orejas y me sentí seguro entre esos cuatro hombres que me cuidaban y protegían.

En un momento, percibí la salinidad del mar en el aire y poco después mi yegüita caminaba sobre la arena de alguna playa que se hizo breve.

Afírmese doctor porque iremos por entre las rocas y el caballito se puede resbalar --pero nada de ello ocurrió, aunque estaba claro que íbamos de bajada, subida y bajada en terreno rocoso por el ruido que hacían los cascos de los caballos.

Escuché algunos silbidos que fueron respondidos con otros silbidos por mi escolta. También un disparo al aire.

No se asuste, doctor. Están avisando que ya llegamos.

La yegüita se taimó un par de veces y no quiso avanzar, pero la dirigían bien.

Agache la cabeza doctor porque se puede pegar contra la roca. Y no tumbe los hombros porque el tunel es estrecho...

Unos veinte minutos después nos detuvimos y me retiraron el pañuelo de la vista.

Amanecía.

El paciente estaba tumbado en una payasa de paja, al cuidado de dos mujeres que habían venido a la posta alguna vez.

Buenos días!

Buenos días!

Algunos hombres que fumaban y tomaban café en jarritas esmaltadas --con las típicas saltaduras que les da el uso--, saludaron llevándose el dedo índice al sombrero y agachando levemente la cabeza. No conversaban.

El accidentado tenía un tajo de unos 18 centímetros de largo y bastante profundo en la barriga, pero felizmente no había alcanzado a romper el peritoneo. También, una herida por detrás de la clavícula izquierda y otra más pequeña por delante, en un ángulo que me indicaba que no había sido de bala. Tampoco de arma blanca.

Y esto? Cómo pasó esto?

Con esto...

Y las mujeres me mostraron un gancho de esos que usan los mineros del carbón para jalar las vagonetas que sacan cargadas de la mina. La punta del gancho había sido afilada, convirtiéndolo en arma de ataque.

Fue una pelea con un borracho, doctor.

Y el borracho?

El ya no está.

Ya no está más...

En eso se acercó un hombre de como un metro ochenta con su jarra de café humeante en la mano izquierda y la cabeza cubierta con un pañuelo atado a la nuca. Como el que habían usado para cubrirme la vista.

Me saludó con una sonrisa afable.

A Ud. lo trajimos con la vista vendada porque tiene que regresar a Contulmo, doctor. El otro no podía regresar.

Aquí se puede beber cuando comimos, o en la nochecita cuando conversamos alrededor del fogón y pitamos un cigarrito, pero no más de la cuenta y emborracharse.

No podía regresar.

Comprendí. Ya no estaba. Ya no estaba más. Había violado el código de conducta. Razones de seguridad.


No es mucho lo que puedo hacer. Por lo menos no tiene fiebre. Trataré de curarle las heridas.

Haga lo que pueda, doctor. Haga lo que pueda...

Y se fue caminando lentamente por entre las rocas.

La limpieza y curación de las heridas tomaría una hora. Tal vez hora y media. Le metí varios puntos en el tajo de la barriga, mientras el hombre apretaba los dientes y sin chistar jalaba los costados de la payasa con sus manos agarrotadas.

Se te va a caer el hombro izquierdo porque los músculos han sido dañados. Te va a quedar más bajo que el otro, pero si hacís ejercicio con el brazo y te masajean con aceite de eucalipto, a lo mejor no te baja mucho y te podís recuperar.

Tenís quien te de un masajito de vez en cuando?

Sonrió.

Sí, aquí mi paisanita --y una de los mujeres que lo cuidaba me miró ruborizada.

Está bien. Una vez que cicatricen las heridas, consíguete aceite de eucalipto y le das sus masajitos en el hombro, mañana y tarde, por unos veinte o treinta minutos, todos los días por un par de meses o más. Mientras tanto, aquí tenís algo de metapio para curar las heridas y un paquetón de algodón y gasa. Después te conseguís más en la botica.

Me trajeron café y una tortilla al rescoldo con chicharrones que consumí contemplando el mar.

Lo vamos a tener que ir a dejar en la tardecita, igual como lo trajimos pues de día no se puede --me vino a decir uno de los hombres de rostro apergaminado por los años. Pero no se preocupe que yo le voy a hacer compañía.

Ud. sabe, doctor, yo fui el ayudante de su abuelo cuando por allá en 1890 trajimos de Valdivia el
Esperanza. De treinta toneladas! Y navegamos y cruzamos por primera vez el lago Lanalhue. Al remolque traíamos un lanchón de unos veinte metros de eslora con las carretas y los caballos...  Subimos por el Paicaví...

Su abuelo era bien picao de la araña, doctor, y terminó enamorando a la hija de uno de los dueños del Esperanza. El pasó de maquinista a patrón. Yo era su ayuante, dijo con orgullo.

Sonreí.

Almorzamos juntos un asado al palo de medio costillar de cordero cubierto de harina tostada, papas cocidas con pelo, una ensalada de lechuga y media jarrita de pipeño que a cada uno nos trajeron las mujeres a una roca que nos sirvió de mesa.

Una vez nos pilló una tormenta en medio del Lanalhue y no avanzábamos. Se nos acababa el carbón de piedra y su abuelo me ordenó que le echara a la caldera cuanta custión de madera hubiera a bordo. Así es como nos salvamos y pudimos llegar a Licahue...

La conversa duró la mayor parte del día. Al caer la tarde, fui a ver a mi paciente. No tenía fiebre y se veía bien.

Me llevaron de regreso tal cual me habían traido.

Desde aquel día, un par de veces al mes, nunca dejaron de venir a la posta unos niños que traían de regalo huevos, alguna gallinita, verduras, una pierna de cordero, arrollado de chancho, longanizas, pan amasado o tortillas al rescoldo... Y esto quién lo manda? --les preguntaba mi mujer. Los niños, que no eran del pueblo, sonreían y arrancaban corriendo a patita pelada por el camino...

Te va a doler.

Echele no más doctor. Yo sé que Ud. sabe lo que hace.

Ambos sudábamos, con los dientes apretados.

Saqué la bala incrustada a milímetros de la yugular y se la mostré.

No ve doctor... No me fui! Aquí estoy todavía --dijo sudoroso...

Pero a lo mejor te van a fusilar.

Eso está por verse todavía.

Como uno de sus apresores carraspeara... Si es que no me matan antes --murmuró...

Me lo van a tener que dejar aquí por unos días. No se lo pueden llevar. Tiene que reponerse. Tengo que ver que no haya infección y tratarlo con sulfas.

Como Ud. mande, doctor, pero hay que llevarlo a Cañete pa’ que lo juzguen y alguien se tiene que quedar de guardia.

Eso lo deciden Uds., pero no se va a Cañete hasta que yo lo de de alta.

Al día siguiente apareció el jefe de la Tenencia local. El pueblo lo conocía como
El Espejito porque los domingos iba a misa muy atildadito, con su sablecito de parada al cinto y las manos enguantadas de blanco.

Espejito,
Espejito, quién es el más bonito? --preguntaban los niños al verlo pasar.

El los ignoraba.

Tenemos que llevarlo a Cañete para que lo juzguen, dijo con voz aflautada y un gallito que se le escapó de la garganta.

Cuando yo lo de de alta.

Y así todos lo días, hasta que al quinto apareció con una orden que había recibido por telegrama del Intendente de Malleco.

Está bien. Cuándo?

Mañana de madrugada.

Lo vinieron a buscar de madrugada. Me levanté y abrí la puerta. Eran los mismos que lo habían traido y
El Espejito! 

Mi mujer le había dado algunas de mis ropas para que se vistiera y yo le regalé mi calañés. Para que se abrigara la cabeza.

Hasta luego, doctor --y me tendió la mano derecha antes que le ataran ambas a la espalda.

Suerte!

Lo subieron a la montura. Entre tres. Mientras uno lo apuntaba con su carabina a boca de jarro. 

Partieron al trote lento.

El Espejito muy empingorotado al frente, seguido de los Cabos 1º y 2º de la Tenencia --uno de los cuales jalaba las riendas del caballo bayo del prisionero-- y los otros dos carabineros atrás.  

Mi mujer preparó café y con la taza en mano salí a fumar mi
Monarch ambré a la galería, en el frontis de la casa.

Escuché un disparo. Quedé a la espera de otro, pero nada! Uno había bastado!

Miré mi reloj de bolsillo.

Hacía media hora que habían partido.

Intentó fugarse a media legua de la salida del pueblo.

Con las manos amarradas a la espalda...

Cuando lo velaban en la iglesia, antes de darle sepultura, comenzaron a llegar varias mujeres acompañadas de sus hijos, todos peladitos, más o menos de la misma edad. Los hombres se mantenían a alguna distancia del féretro con sus mantas puestas y el rostro más o menos embozado con grandes pañuelos que se me hacían familiares, pero me pareció reconocer algunas miradas, como las del Cabo 1º, el Cabo 2º y un par de carabineros más. Me resultó extraño y me preocupé pensando que estarían aprovechando esta oportunidad tan llena de dolor para identificar a los afuerinos y perseguirlos... 

El cura terminó su responso y cuando bendecía el féretro que permanecía sellado, cerré los ojos por un instante, agobiado por la idea de cuán inútiles habían sido mis esfuerzos para extraerle la bala del cuello y evitar que se desengrara, dañándole involuntariamente la yugular. En eso, un estampido. Un disparo al aire! Y otro! Y otro! Los embozados se habían sacado los pañuelos del rostro y allí estaban! El Cabo 1º, el Cabo 2º, los dos carabineros --todos vestidos de paisanos--, los hombres que había visto en la costa y... El Pelao Cabrera

Salieron todos corriendo de la iglesia seguidos de las mujeres y los niños que gritaban alegres Papá! Papá! Papá! Montaron sus pingos y partieron al galope tendido.

Sorprendido, el cura abrió el féretro pensando que estaría vació!

Pero no era así!

Ahí estaba!

Inmóvil!

Ahí estaba inmóvil El Espejito con la boca abierta y un balazo en la frente!

***

Los víveres de cada quincena comenzaron a llegar más abundantes.

Hasta que me trasladé a Linares donde conocí a su hermana, a mediados de los 1940.

También era calva.
Nota de la Redacci{on: Este cuento ha sido publicado en http://ln.fica.cl/muestra_noticia.php?id=4934 

FELICES FIESTAS Y FELIZ AÑO