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Personas y personajes

LA SEÑORA TENCHA SE HA IDO

Todavía viendo a Tencha

El escritor chileno glosa la vida de la viuda de Salvador Allende

ARIEL DORFMAN 19/06/2009

ALLENDE-Velatorio_Hortensia_BussiLa primera vez que vi a Tencha Bussi de Allende -la primera vez de veras, de veras la vi, verdaderamente comprendí quién era ella- fue en Roma, un día incierto de marzo de 1974. Por cierto, que mis ojos la habían divisado antes, en múltiples ocasiones: en su casa en Santiago, ya que era amigo de juventud de sus hijas Isabel y Taty; en la Moneda, cuando trabajaba yo con Allende y ella llevaba a cabo las funciones oficiales de primera dama; y durante las marchas y los mítines y las luchas de la revolución chilena. Pero esa era otra Tencha, la de Chile en democracia, la de un Chile pacífico, la de un Chile donde su marido estaba vivo y su país avanzaba hacia la justicia y la libertad.

La Tencha que conocí en Roma, en el Tribunal Russell que había organizado Lelio Basso seis meses después del golpe de septiembre de 1973, era una persona enteramente diferente. El dolor y la pérdida, lejos de haberla destruido, la habían agigantado. No sé en qué momento ocurrió la transformación. Tal vez fue el instante en que tuvo que enterrar a su esposo sin que la dejaran ver su rostro. Tal vez fue el instante en que se subió a un avión enviado por el presidente de México, partiendo a un exilio del que no volvería en muchos años y juró que no retornaría derrotada. Tal vez fue cuando se dio cuenta de que, ante la ausencia de Allende, era ella la que encarnaría para tantos la esperanza de un Chile ultrajado por Pinochet, era ella la que iba a tener que constituirse en el sitio de la unidad de la dispersa resistencia chilena, era ella la que iba a tener que representar ante el mundo un pueblo violado.

Estaba por cumplir ella los sesenta y se le podría haber perdonado que quisiera dedicar las próximas décadas de su existencia a los nietos, que optara por alguna tranquilidad ante tanta muerte y tanta noticia trágica y tanta vesania. Pero digamos las cosas como son, como fueron: el país se encontraba huérfano, el país estaba de duelo, el país podía desaparecer como si fuera un secuestrado en la noche. Y ella no lo iba a permitir.

Habló esa tarde en Roma con una voz que casi no reconocí. No era tan solo la sencillez, el pragmatismo, la clarividencia. Era sobre todo su enorme dignidad la que me llamo la atención, la certeza de que adentro de su garganta y desde adentro de sus labios eran millones los que hablaban, como serían millones quienes la escucharían.

Nos hicimos amigos

Me atrevo a decir que nos hicimos amigos. La volví a ver y a trabajar con ella en Ciudad de México, en París, en Ámsterdam, en Londres, una y otra vez, y nunca la vi cejar, y nunca la vi vacilar, y nunca la vi olvidar, y nunca la vi dejar de buscar la justicia para los más necesitados, y finalmente llegó ese día en 1988, cuando pudimos darle la bienvenida a un Chile donde se llevaba a cabo el plebiscito y ella retornó para integrarse a la campaña por el No a Pinochet que iba a terminar eventualmente con la dictadura, y de nuevo estaba la Tencha ahí, una y otra vez, en la lenta búsqueda de la democracia y llegó el día en que pudo ella, con el pueblo resurrecto, por fin enterrar a Salvador Allende, y ahí estaba Tencha cuando hacía falta una voz de cordura y hacía falta una voz de paciencia y hacia falta también una voz de absoluta convicción de que era posible un mundo diferente, siempre, siempre estaba nuestra Tencha durante estos años tan difíciles y complicados de nuestra transición eterna.

¿Con qué quedarme, entonces, de los múltiples recuerdos y sonrisas y epopeyas y lágrimas y viajes, con qué quedarme, ahora que me cuenta Julio Scherer desde México que Tencha ha fallecido? Con esto: cada vez que nos encontramos, lo primero que hacía Tencha -fuera cual fuera la ocasión, aunque el mundo se venía abajo y había que preparar un discurso o enfrentar alguna emergencia impostergable-, en cada oportunidad, lo primero que hacía era preguntarme por Angélica y mis hijos. No era tan sólo, creo yo, porque le importaba de veras, no sólo porque había visto a mi Rodrigo ir creciendo en cada visita a cada ciudad, no sólo porque estuvo con Angélica cuando mi mujer hizo huelga de hambre por los desaparecidos, no sólo porque Tencha conoció a nuestro pequeño Joaquín a los dos meses de haber nacido en una noche fría en el destierro de Holanda. Detrás de esa pregunta había, creo yo, algo más profundo. Ella que había perdido a su esposo y su patria y hasta la paz de su vejez, estaba, creo yo, enviando un mensaje secreto, detrás de esa pregunta se me ocurre que me estaba contando, como se lo fue susurrando a todos los otros exiliados y todos los que sufrían y luchaban en Chile, nos estaba asegurando de que éramos todos una sola gran familia, es lo que quiero recordar ahora que se ha ido esa mujer prodigiosa, ella nos estaba contando que en este mundo desolado, tan lleno de distancias y pérdidas, siempre tendríamos a la Tencha, la madre y hermana y abuela de un Chile que no ha muerto.

El País.com

[REDH] CARLOS LIBERONA ...

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CARLOS LIBERONA

 

Montevideo, 12 de Junio de 2009 Cro. Carlos Liberona (década de los ’80)

Anoche, al regreso de la manifestación frente a la embajada de Perú, me encontré con la noticia que llegaba de Chile: Carlos Liberona había fallecido.

Si bien era algo que podía definirse como previsible, dado su estado de salud, el enfrentar esa realidad te golpea con la misma brutalidad que cuando cae por sorpresa.

Quedé un buen rato petrificado, con trabajo por hacer esperando. La primera reacción fue devolver ese mensaje de aviso, y compartir con l@s Compañer@s que se enteraban de esto al mismo tiempo que yo, lo que venía a mi mente en ese momento. Lo que necesitaba decir, lo que necesitaba recordar.

Hace unas pocas semanas enviamos la invitación a una cena solidaria en Santiago, procurando recaudar fondos para enfrentar los gastos de la última etapa de su enfermedad, muy costosa. Hubo respuesta de suscriptores de REDH, que agradezco.

Anoche no pude compartir la noticia. Hoy tampoco. Pero en este momento lo están velando en Villa Grimaldi, ese lugar que fue el infierno, ese infierno que él conoció, y hoy es un parque maravilloso, reconstruido por los sobrevivientes, que transformaron los escombros cobardes que dejó la dictadura: celdas y salas de tortura convertidos en paseos, caminos, donde uno no pierde conciencia de lo que pasó, porque está todo recreado en vida y en colores nuevos.

La primera vez que fui a Grimaldi fue con él. Hoy escribo mientras su familia y compañer@s lo despiden allí, es mi manera de estar allí también.

Carlos fue y ‘ES’ un amigo y un Compañero entrañable, necesario. Compartimos encuentros donde él provocaba y daba espacio a la discusión, al intercambio de ideas y opinión entre la gente más diversa. Armaba todo con generosidad, sentido y dedicación, y se hacía a un lado para que no se note que eso, se estaba dando tal como él esperaba (y como debía ser), espontáneamente... Creaba el espacio, el clima, y dejaba fluir. Parecía espontáneo y en realidad lo era, su capacidad estaba en crear las condiciones y en qué medida nos conocía a tod@s.

Una manera muy particular (y muy efectiva) de construir dando espacio, sin esquivar la confrontación, pero abriéndola dentro de un clima de acuerdo. Lo que parecía imposible se iba dando, y cuando estaba claro y lo buscabas para hacerle un gesto "al final tenías razón, esto está saliendo bien", te miraba de costado, sonriendo con los ojos, regalándote una mirada cómplice.

Guardo en mi memoria y en mis afectos esos encuentros, y me reservo el orgullo de haberlo visto actuar, de hablar desde el primer día como si nos hubiésemos conocido toda la vida, de haber recibido su palabra confiada, su interés por devolver la solidaridad con creces, sin darse cuenta que quien más daba era él.

Siempre lo rodeaba gente valiosa, y una cantidad de jóvenes que se contagiaban de su manera de organizar las cosas, su cuidado y su responsabilidad. Respeto y veneración a "el viejo’, como le decían cuando no estaba (y él lo sabía, y te lo contaba con la misma sonrisa cómplice con que lo voy a recordar siempre).

Carlos ha dejado mucho hecho, y muchas ideas y proyectos. Esos proyectos abiertos pueden no ser los mismos, pero se harán. Su modo de trabajar, de ver las cosas ha sido pasado a toda esa gente. Me consta.

Hijo de madre mapuche, mirista, revolucionario, desaparecido, exiliado, padre de numerosos hijos propios y de la vida y el camino transcurrido junto a Ula, su mujer; constructor de consensos, provocador de todo lo bueno, Compañero y Amigo.

Es imposible despedirte habiendo dejado y enseñado tanto.

Sólo un hasta la próxima, un Hasta Siempre, Agradecido

Carlos II *

* Cuando los intercambios de mensajes se iban multiplicando, y ya no distinguíamos si tal cosa la había escrito él o yo, él se identificaba como Carlos I y yo le respondía como Carlos II. Una forma algo monárquica, pero efectiva para no perder el hilo...

CARLOS LIBERONA

>> Experiencia y diálogos sobre la Carta de las Responsabilidades Humanas - Carlos Liberona (Enviado por Adriana Goñi) (156.66 kB) 


De Carlos Rivera:

Querid@s compañer@s:

No sé bien qué frase utilizar en este momento, sólo que se ha ido nuestro amigo, compañero y para muchos el padre político. Hace media hora fui a su casa a saludar y me encontré con que hacía muy poquito rato, Carlos había partido al encuentro de la eternidad.

Su velorio será en la Villa Grimaldi.

La situación, como es evidente, está muy dolorosa en su casa, aun cuando Ula y los hijos están tranquilos asi que creo que aun debemos dejarlos vivir la situación antes de llamar por teléfono. Miguel me ha dicho que es posible que en la tarde ya se pueda ir a visitarlo a la Villa, veremos que sucede. Mil disculpas por la incoherencia de este correo, me duele a cada paso las palabras

Cordialmente Claudia Videla

PD: Villa Grimaldi está ubicada en Arrieta 8401 y el teléfono es el 2925229


Estimado Carlos y Claudia :

Con mucha pena hemos recibido la noticia de la partida de nuestro buen amigo Carlos Liberona, quien aportó a la lucha por la defensa de la vida y a mantener abiertos los espacios de reflexión y acción. Iremos a despedirnos de él y rendir nuestros respetos

Atentamente Juan Carlos Cardenas y Patricio Igor


HASTA SIEMPRE COMPAÑERO

Hace algunos minutos nos han dado la noticia. Aunque la esperábamos, por todos los antecedente médicos negativos, nos aferrábamos a esa costumbre popular de creer que la gente buena se recupera si se hacen cadenas de oración y se tiene fe.

Carlos fue un gran amigo nuestro, nos apoyó con todo, igual como lo hizo con pobladores, intelectuales, mapuches, mujeres, minorías étnicas y sexuales.

Nadie que necesitó de una palabra de aliento, una paleteada, un "ahí veremos que podemos hacer", puede sentirse frustrado después de haber compartido con Carlos Liberona.

Entre tantas luchas tuvimos desencuentros idiotas, estúpidos, desencuentros que en caso alguno manchan esa amistad, ese afecto que le profesamos desde que le conociéramos.

Fue uno de los nuestros que le visitaba permanentemente, el que nos contó de su debilitada salud y por esta vía le hicimos llegar nuestro afecto y los deseos de recuperación. Varios en representación de la CGT se hicieron parte es esa sencilla pero significativa cena que se hizo, hace algo mas de una semana, para reunir recursos que ayudaran a paliar, aunque fuera en parte los enormes gastos que demandó su atención y cuidado.

Fue de los que primero conoció del proyecto del MOSICAM y nos alentó a desarrollarlo, su apoyo fue vital para imprimir el libro testimonial "Cerro Chena" que homenajeo la memoria de los ferroviarios fusilados en San Bernardo. Su aporte fue sin condiciones en cada lucha por la causa de los derechos humanos y no solo lo hizo en el escrito y el discurso sino también en primera fila de la manifestación mientras se lo permitió su salud.

Para esta CGT Carlos Liberona no pasó desapercibido, con él fuimos a foros y encuentros defendiendo el proyecto de la organización de clase, recibimos en una solemne ceremonia a Jose Saramago, desarrollamos y dejamos inconcluso el proyecto de un centro de veraneo para los trabajadores y aunque en el final de sus días no pudimos intercambiar palabras, esto no es impedimento para decir que fue un grande y que lo recuerdo, lo recordamos como tal.

En mi oficina quedará como testimonio esa foto de Clotario Blest y Rafael Marotto que un día me obsequiara. A la señora Ula y sus hijos mí sentido pésame, el saludo de una organización sindical que reconoció antes que la dolorosa partida, el valer de un gran hombre.

HASTA SIEMPRE, CARLOS LIBERONA

A nombre del Consejo Directivo Nacional de la C.G.T
MANUEL AHUMADA LILLO
Presidente Santiago, 11 de Junio de 2009

Nuestra Fuerza es la Unidad, Nuestra Meta la Victoria

De Arturo Celis:

Estimad@s:

Por mi entermedio, Igor Cantillana ha enviado este recuerdo de Carlos que adjunto, el cual le gustaría fuera leído en sus exequias.

SALUDO Y RECUERDO DE CARLOS

POR IGOR CANTILLANA, DESDE ESTOCOLMO, SUECIA.

El día 7 de diciembre de 1979 a las 12 hrs. nos vimos por primera vez en la estación ODEON de París y el punto de encuentro fue bajo la estatua de Dantón.

Claudio, que era el nombre político de Carlos Liberona en ese momento, se presentaría ante mis ojos por primera vez y nunca olvidaré su mirada dulce y sonrisa bonachona. Era un huaso de Chillán, de los buenos. De los muy buenos se mostraría con el tiempo.

Me reclutaba para la dirección del Mir en Europa; yo venía de Suecia al encuentro, y tomaría mis tareas en el problema de las finanzas. Una vez más el partido me daba una tarea de mucha confianza.

Durante muchos años, hasta el momento en que el Partido se disolviera, trabajamos juntos. Discutimos mucho.

Apasionadamente, porque a Claudio le gustaba polemizar y lo hacía con ganas pero siempre con respeto por su camarada, sin abandonar un tono bonachón un tanto paternalista que desarmaba a cualquier espíritu agresivo. Claudio trabajaba siempre, las 24 horas del día. Tenía una familia numerosa en Alemania; llegar a su casa era compartir el dormitorio con muchos más. Y sin saber cómo, se daba tiempo para todos. Porque la familia mirista era grande y él la visitaba en todas partes. Era como un cura de campo. Siempre con una sonrisa, con un predeterminado afán de ayudar.

Las tareas nuestras no eran populares. Las tareas de un partido revolucionario nunca fueron fáciles y menos aún en tierras extrañas, en donde no sólo el idioma era un problema, sino y, sobre todo, la exclusión de las sociedades respectivas era un gran problema. Un problema que afectaba la salud de la familia mirista. Una familia fiel y trabajadora que entregaba todo su esfuerzo en construír una retaguardia que servía a la Resistencia en Chile.

Los héroes morían, los sobrevivientes eramos hombres de intendencia.

Tuvimos golpes fuertes y teníamos que saludar a los familiares de los caídos. Claudio a la cabeza. Y teníamos que seguir viviendo y trabajando hasta darle sentido a tanto sacrificio y a tanta muerte.

Y así seguimos, y seguramente Claudio, Carlos Liberona, vivió hasta el último minuto de su vida esa exigencia.

Yo no me atrevería a decir que Carlos descansa en paz. La verdad es que no creo que alguno de nosotros tenga descanso hasta que se levante en Chile una sociedad más justa, en donde la justicia social, sea producto de la libertad del ser humano, del ejercicio de su libertad y de su conciencia social. en donde el respeto de los derechos humanos sea el eje de las relaciones humanas en cada frente de trabajo, oficina, barrio. En donde nos demos tiempo para atender las relaciones entre ser y ser. Y éso está limitado a pequeñas comunidades de seres que sepan escucharse, respetarse y tolerarse.

Esa es la lección que me deja Claudio. Nadie como él practicó estos principios. Nadie como él trasmitía a todos esa humanidad y esa generosidad que establecía para todos el mismo valor.

Cuando volvió a Chile, me pidió contactos con el frente cultural, porque ahí quería levantar su techo. El frente cultural en Chile ha estado siempre a la interperie y por lo mismo ha formado seres de fierro, que a pesar del óxido se mantienen y se preservan de generación en generación. Le alegró encontrarse y hacerse amigo de Juan Radrigán, le admiraba. La gente de Teatro, por supuesto, puesto que eran mis colegas en Chile, fueron los primeros en enseñarle las claves de la sobrevida y se fueron agrupando y levantando proyectos conectados con Europa.

Carlos, Claudio, fue un puente cada véz más importante en esa comunidad de resistentes en Chile. Y cada vez que se comunicaba conmigo para realizar un proyecto que serviría a todas las partes, y lo poníamos en función, era más vida la que se insuflaba en su alma.

Yo diría que Carlos vivía de esos momentos poéticos en que una sueño se hacía realidad. Ya nos contentábamos con éso. Éso y su familia. Su Ula, sus hijos.

Su casa era mi casa cuando estaba en Chile. Mis hijos eran sus hijos. Conoció a mi madre, a mi hermana, a mis sobrinos. Compartió su primera oficina en Chile en un departamento que dejaba mi familia al trasladarse a Curicó.

Fui con el Teatro Sandino a fines del 91 y giré por todo Chile y las poblaciones de Santiago y Puente Alto con Fulgor y Muerte de Joaquín Murieta escrito por Pablo Neruda, y yo llevaba un elenco de jóvenes bandidos chilenos que después de ese encuentro con Chile y su gente entendieron que tenían que establecerse en este país llamado Suecia para poder ayudar a sus familias pobres de Chile y para responder a las esperanzas que en ellos los de aquí depositaban.

Así nos fuimos apoyando Carlos y yo durante todos estos años. 30 años de comunidad de sueños, de utopías ,y de proyectos concretos alrededor del trabajo social y la cultura. De la solidaridad y la amistad. El verano del 2007, hace exactamente dos años atrás estuvimos juntos en Estocolmo levantando proyectos. Comimos juntos con antiguos combatientes y también otra noche con Bibi Andersson que venía de enterrar ese día a Ingmar Bergman. En Suecia podíamos movernos de un extremo a otro de la sociedad porque la Casa de Ula y de Carlos en Santiago era la casa de los artistas suecos. Los que no habían dormido ahí habían comido un asado y tomado vino ahí.

La Casa de Ula y Carlos en la falda de la Cordillera de los Andes en Santiago será para siempre nuestra Casa. Así lo quisieron ellos. Y así lo queremos nosotros.

Yo no sé si puedo hacer justicia con palabras a la hermosa humanidad de Carlos Liberona. Seguramente la tarea me queda grande.

En enero de este año estuve diez días en Santiago y hablé con Andrés Pascal. Tuvimos la alegría de abrazarnos y sentirnos vivos y luchando con las armas que hoy nos son posibles. Ahí supe que Carlos estaba mal. Muy mal. Andrés me dijo que lo viera porque quizás sería por última vez. Y me asusté. Me dio miedo y no hice mucho por verlo. La cobardía tomó posesión en mí y al volver a Suecia, sentí verguenza. Lo hablé con viejos amigos y me consolaron de que ante lo que uno es impotente a veces la evasión se justifica.

Yo recordaba los versos de Federico García Lorca frente a la muerte de su torero favorito, y me repetía NO QUIERO VERLO.

Estás últimas semanas esperando la muerte del amigo no han sido gratas. Ha sido doloroso. La rabia y la humillación de mendigar para conseguir cuidado y morir sin dolor, para un amigo que dió tanto por tantos, no pudo borrar la conciencia de una tarea inconclusa, que recuerda lo mucho que hay todavía que hacer pora darle sentido a tanto sacrificio en ese país nuestro.

Yo creo que me quedaré con la esperanza de volvernos a encontrar un día con Carlos bajo la estatua de Dantón. Añoro ese día y esa sonrisa.

Ula, Sebastián, Miguel, los que conocí mejor, y que aman a su esposo y padre, reciban de mí y mi familia en Suecia nuestro dolor y nuestra memoria.

Con ustedes y para siempre, Igor Cantillana. Estocolmo, Suecia, 12 de julio de 2009.


Publicado en Piensa Chile :

Adiós Carlos Liberona. ! Hasta la Victoria Siempre !

por Edmundo Lebrecht (Alemania) viernes, 12 de junio de 2009

Nota de la Redacción:

Sus restos mortales estarán siendo velados todo el día de hoy en Villa Grimaldi A las 18 horas de hoy viernes 12 de junio de 2009 habrá allí una misa en su memoria.

Sus restos serán cremados en ceremonia intima, familiar, en el Crematorio del Cementerio Católico a las 11 horas de mañana viernes, para luego ser traslados a su tierra natal, Chillán.

En Santiago de Chile, se nos ha ido un amigo, mi compañero Carlos Liberona, el Claudio, militante revolucionario...

Me lo han informado hoy, exactamente en momentos en que me encuentro trabajando en Alemania, en cuyas calles compartimos el exilio como parte de una etapa en nuestro largo caminar conjunto desde que nos integramos a los más altos grados de nuestra conciencia, como miembros del gran colectivo del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el MIR de Chile.

Vivimos el alud social de un pueblo esperanzado del período pre-revolucionario, participamos en la lucha clandestina, resistimos en las cárceles y nos conocimos en el exilio mirista. Desde entonces, forjamos nuestra amistad inspirada siempre en la fraterna discusión, en los trabajos orgánicos en que fuimos elegidos por las bases.

La vida militante y la empatía personal, nos llevó a un permanente actuar político conjunto. Puedo decir, que nos conocimos profundamente. En el plano personal compartíamos nuestro dolor por el alejamiento forzado de nuestros seres más queridos, obligados por las opciones de los compromisos con nuestra organización y por la emancipación de nuestro pueblo. Sentimientos que intuitivamente compensábamos en la relación fraternal con nuestros(as) camaradas.

Carlos era un ser superior. Era un líder sin querer serlo, sin ambicionar serlo. Si quisiera definirlo, diría sin titubear que Carlos era un constructor. Construía fuerza orgánica, construía fuerza social exactamente adecuada a lo que su pensamiento le inspiraba. En esto fue incansable. Lo ví así, en momentos en que se decía que en Chile no pasaba nada. Cuando el repliegue social era profundo y el paso del pinochetismo a la democracia amenazada, había descolocado políticamente a los partidos de izquierda, él ya recuperaba y construía fuerza social y política con jóvenes de la última etapa de la resistencia antidictatorial.

Hay que decirlo, a propósito de jóvenes, donde cifró siempre las esperanzas constructoras, que Carlos fue el de la idea de organizar a los jóvenes en lo que después sería la Juventud Rebelde Miguel Enríquez. Lo hizo pensando primero en los jóvenes hijos de miristas en el exilio y desde allí la organización de jóvenes revolucionarios se multiplicó hacia Chile siendo un importante aporte a la regeneración de las fuerzas de la Resistencia y al internacionalismo hecho acción y lucha.

Construyó coordinación de fuerza sindical, ecológica, de mapuches exiliados en Santiago, jóvenes de provincia, estudiantes, migrantes y apoyó las luchas sectoriales de cada una de estas fuerzas. Fue gestor y protagonista de la fundación de la Escuela de Teatro de la fenecida Universidad de la República, donde varios de nosotros encontramos una fuente laboral, reconociendo el rol del arte como medio de multiplicación ideológica a través del lenguaje estético.

No es casualidad que Carlos no fuera eso que llaman un "hombre público". Nunca procuró figurar ni hacer aspavientos de su liderazgo tan legitimado por los hechos. Llevaba consigo la modestia, la humildad de sus raíces provincianas y de su familia sencilla asentada en la cultura de lo popular.

No pintó para héroe, siendo siempre fiel representante de la heroicidad del hombre común, del que no abandona su inserción permanente con el resto de los seres comunes que luchan también por forjar la cotidianidad. De ahí era la fuente principal de su sencilla y valiosa sabiduría.

Carlos amigo y compañero: He estado desgarrado de tristeza desde que supe que tu última lucha iba por el camino del desenlace fatal. Durante todos estos días en que sufrí la casualidad de no estar en Chile acompañándote, me llené de recuerdos de todo lo que compartimos. Más que lo político, se me priorizaron en esos recuerdos todos esos episodio de relación humana que tuvimos (si es que se pudieran separar de lo político).

Esa coincidencia de que tuviéramos cumpleaños en la misma fecha y que decidiéramos celebrarnos año a año en conjunto con nuestros camaradas y amigos(as).

¿Te acuerdas? Yo venía del sur. Recordaba esas serias reuniones de La Jefatura Europea, donde me enviabas papelitos disfrazados de escritos políticos y eran poemas de Vallejo. Yo te contestaba con de Rokha.

Te acuerdas cuando nos extraviábamos en las desconocidas urbes europeas. Solías siempre echarme la culpa. Y tu familia grande alemana que te llenó de hijos de los que tratabas de desentrañar las miserias familiares de las que provenían, para darles junto a Ula, el calor de una familia con estabilidad emocional.

!Ah Carlos! Se me están pasando las penas. Acabo de constatar un raro hálito de felicidad. Sí, Compadre, compañero, amigo, hermano, estoy feliz de haberte conocido. Feliz de haber compartido tanto contigo. Feliz de haber aprendido de ti.

Contento de tanto joven, tanto trabajador, tanto mapuche, tanta mujer, tanto intelectual, tantos, a los que le abriste espacio para desplegar sus mentes en acción social y política para construir el futuro por el que luchaste hasta el último suspiro.

Adiós Carlos Liberona y digámonos como aprendimos del Ché:

!Hasta la Victoria Siempre!

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Carlos D. PÉREZ

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BUSCO A MI HERMANA - ABRIL 2009

Enviado por Clara Petrakos

Mi hermana nació entre el 8 y el 13 de abril de 1977 en Banfield, provincia de Buenos Aires.

Fue arrebatada de los brazos de nuestra madre.

Puede tener cualquier nombre, apellido y fecha de nacimiento.

Todos los organismos que corresponde: nacionales, internacionales y la justicia conocen esta búsqueda que ya lleva 31 años. Mi hermana no, por favor reenvía este mail.  

(No olviden quitar las direcciones del forward anterior y poner a los contactos en copia oculta, muchas gracias)

buscoavictoria@yahoo.com.ar

 

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DÉCIMAS: A MARIO BENEDETTI

Tengo un mañana que es mío

y un mañana que es de todos,

el mío acaba mañana

pero sobrevive el otro.

                     -Yesterday y mañana-

                        (Mario Benedetti)

                

 

Partió el Maestro Mario

Benedetti al universo,

dejando aquí sus versos

de canto contestatario.

Bajo el poder del contrario

mostró el plural al gentío,

la fortaleza del río

que va abriendo camino,

construyendo así su sino

tengo un mañana que es mío.

 

 

Mostró el varios, en su prosa

el nosotros como causa,

entre un todos que se encausa

como vía poderosa.

Fustigó al que destroza

con verso y canto a su modo,

“en la calle codo a codo”

con su verbo y su palabra,

 mostró un futuro que labra

y un mañana que es de todos.

 

 

“Que el Sur tambien existe”

“Y defensa a la alegría”,

son ejemplos de porfia

de su verso que resiste.

Ese, que hoy persiste

y repica cual campana,

mostrándonos la ventana

de esperanza que extendió,

ese que ayer escribió

el mío acaba mañana

 

 

Lloramos y no olvidamos

“preso que mira a su hijo”,

porque es el espejo fijo

de los años que pasamos.

Por todo los que soñamos

con respaldo del vosotros,

pues tu verso es de nosotros

redoblando en nuestro oído,

tu físico se ha ido

pero sobrevive el otro.

 

          Beto

19 de Mayo 2009

                                    

 


Beto               
                          
lugar_beto@yahoo.es                   
                http://poesiapopular-beto.blogspot.com/                       
 
Libertad a todos los Presos Políticos Mapuche y Chilenos
               ¡¡ Abajo la Constitución pinochetista !!                                 
              ¡¡ Por una Nueva Constitución, AHORA !!

BENEDETTI FALLECIÓ ESTE DOMINGO


www.vientosdelsur.org

Fuente: Rebelion

 

El escritor uruguayo, Mario Benedetti, falleció este domingo en Montevideo a la edad de 88 años, tras padecer de una patología intestinal crónica que los últimos meses agravó su estado de salud.

"Falleció mientras dormía en su domicilio y en profunda paz. De a poquito dejó de respirar", dijo su secretario Ariel Silva, minutos antes que los medicos firmaran el acta que certificaba su muerte.

Luego de concerse la muerte del célebre escritor, el gobierno uruguayo decretó duelo nacional y dispuso que su velatorio se desarrolle con honores patrios desde las 12H00 GMT del lunes en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, sede del Congreso, señaló el vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa.

 

El pasado 6 de mayo, luego de 12 días de hospitalización, el escritor fue dado de alta, ya que según informaron sus familiares, había "respondido excelentemente al tratamiento médico instituido, lo que determinó que se otorgara el alta a domicilio".

En aquel momento, se informó que el escritor se retiraba "estable, lúcido y que no requería otras medidas médicas salvo a las que era sometido antes de ser internado".

El escritor estuvo hospitalizado cuatro veces el año pasado en Montevideo debido a diversos problemas físicos.

En su última aparición pública, en diciembre de 2007, Benedetti fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en un acto que se celebró en la Universidad de la República, en Montevideo.

Ese día Benedetti, que ya presentaba un estado físico deteriorado, fue saludado con una ovación de varios minutos en una abarrotada sala de actos de la universidad.

 

Benedetti fue autor de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos y ensayos, así como de guiones de cine, fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005).

Su última obra publicada, el poemario "Testigo de uno mismo", fue presentada en agosto del año pasado.

Antes de su último ingreso, Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es "Biografía para encontrarme".

Al conocerse de la noticia de su muerte medios internacionales resumieron la noticia con estas palabras: "El escritor Mario Benedetti murió hoy en Montevideo y dejó huérfana a la literatura uruguaya y latinoamericana de uno de sus poetas y narradores más prolíficos, venerado por generaciones por su ética social y su melancólico canto a la vida".

Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierda que le llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos.

Sus poesías fueron cantadas por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Nacha Guevara, Luis Pastor o Pedro Guerra, y sus novelas más famosas llevadas al cine, como "La tregua" (1974) o "Gracias por el fuego" (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.

Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la "generación crítica", nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo.

En 1928 comenzó sus estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contaba el propio Benedetti, gustaba de escribir en verso las lecciones e incluso sorprendió a sus maestros con un primer poema en ese idioma.

Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial, oficios que supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.

Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 ingresó en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro, "La víspera indeleble", de poesía.

Residió en París entre 1966 y 1967, donde trabajó como traductor y locutor para la Radio y Televisión Francesa, y luego de taquígrafo y traductor para la UNESCO.

En 1968 fundó en La Habana el Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, que dirigió hasta 1971, y encabezó el Departamento de Literatura Latinoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo, entre 1971 y 1973.

En los setenta desarrolló una intensa actividad política, como dirigente del Movimiento 26 de Marzo, del que fue cofundador en 1971 y al que representó en el Frente Amplio, coalición izquierdista que alcanzó el poder en 2005.

Su obra

En una época trepidante, el escritor uruguayo publicó obras como "Esta mañana y otros cuentos" (1949), "Poemas de oficina" (1956), "Ida y vuelta" (1958) y "La tregua" (1960).

En 1949 Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor.

Con el golpe militar de 1973 renunció a su cargo universitario y se exilió, primero en Argentina y después en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado.

Benedetti se instaló en Cuba en 1976 y un año más tarde se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta 1985, cuando, con el fin de la dictadura uruguaya, puso fin a doce años de exilio.

Entre las obras de esta época aparecen "Letras del continente mestizo" (1967), "Inventario 70" (1970), "El escritor latinoamericano y la revolución posible" (1974) y "Con y sin nostalgia" (1977).

Su obra teatral "Pedro y el capitán" (1979) fue representada en Madrid en 1981 y un año después aparecieron sus "Cuentos" y la novela "Primavera con una esquina rota".

En 1984 publicó "Geografías" y "El desexilio y otras conjeturas" y tres años después, tras volver a Uruguay, se convirtió en miembro del Consejo Editor de la revista de izquierdas Brecha.

De 1985 data su colaboración con Joan Manuel Serrat en el disco "El sur también existe".

A partir de entonces su producción es imparable, con títulos como "Despiste y franquezas" (1991), "La borra del café" (1993), "Andamios" (1996) y los poemarios "Mas acá del horizonte" (1997) y "La vida, ese paréntesis" (1998).

En la década siguiente aparecieron "El porvenir de mi pasado" (2003), "Memoria y esperanza, un mensaje para los jóvenes" (2004) y los poemarios "El mundo que respira" (2001), "Existir todavía" (2004) y "Vivir adrede" (2007), entre otros.

Numerosas distinciones

Benedetti recibió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla Haydee Santamaría del 30 aniversario de la Casa de las Américas en La Habana (1989) y la Medalla Gabriela Mistral del Gobierno chileno (1996).

Además, el premio León Felipe de España a los valores cívicos (1997), el Iberoamericano José Martí y el Internacional italiano de Literatura La Cultura del Mar, ambos en 2001, año en que también fue nombrado "Ciudadano Ilustre de Montevideo".

El escritor, doctor Honoris Causa por universidades de España, Uruguay y Argentina, quedó viudo en 2006 de Luz López Alegre, con quien se había casado en 1946.

En 2007 fue condecorado con la Orden Francisco de Miranda en grado de ’generalísimo’ por el Gobierno venezolano y en 2008 obtuvo el I Premio ALBA del Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas en la categoría de Letras.

 

 

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Nos queda su palabra      

 

Carlos Laquinandi, redacción de SERPAL

 

Sabíamos que tenía que ocurrir. El nos mandó varios avisos, en algunos de sus versos, o en su última y reciente internación. Pero hay partidas para las que nunca estamos suficientemente preparados. Eso nos ocurre hoy, cuando nos sentimos huérfanos de la poesía, de la ternura y de la proximidad de Mario Benedetti. Murió ayer domingo en su casa de Montevideo. Un aluvión de palabras, un manantial de sentimientos se vuelcan en las páginas de la prensa, en los foros de Internet. 

 

Frases sencillas pero que sobran para expresar esta soledad que Mario inauguró con su partida. Hasta sorprende comprobar el inmenso alcance que tiene su adiós, porque conmueve saber de pronto, que somos tantos los que compartimos un mismo sentimiento.  Una pena unánime, porque "en la última asamblea del futuro, faltará sin aviso" .

 

  Lo único que ayuda, es saber que desde hoy, podremos atrincherarnos en sus versos, recorrer sus cuentos, sus relatos. Nadie nos los podrá arrebatar, porque ya son parte de nosotros.  Pero sobre todo podremos evocar su compromiso con la Vida, su capacidad para decir lo que sentimos en palabras simples. Para no claudicar.

 

Para seguir siendo nosotros, los que fuimos, los que somos. Porque Mario siempre supo que la derrota no era definitiva y que de todos modos, la derrota no invalida los objetivos de las causas justas.  Así lo expresaba en las últimas páginas de "El Aguafiestas" la biografía de Benedetti que hizo su amigo el escritor argentino Mario Paoletti.

 

- Y después de la derrota, y de la caída del Muro de Berlín, y del retorno del conservadurismo y de tanta ilusión maltrecha ¿ que vá a pasar ?

 

-  La derrota no prueba que luchar por la justicia sea un error o sea imposible. Solo prueba que se han cometido errores que llevaron a esa derrota. Derrota que ha tenido también, su parte buena y positiva. Después de todo hasta Borges ha escrito que "hay una dignidad que el vencedor jamás puede alcanzar"...

 

- O sea...

 

- Que ni colorín ni colorado. Este cuento no se ha acabado." 

 

 Una vez más, como en sus versos, Mario tiene razón. Este cuento no se ha acabado.

 

* Carlos Laquinandi, redacción de SERPAL

 

  

 

"La verdad es tan difícil de negarla como de esconderla"

                                                                                                                               Ernesto Che Guevara 

 

 

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HASTA SIEMPRE MARIO BENEDETTI

Tito Tricot

Ya no recuerdo la última vez que lloré, o quizás sí, y por lo mismo prefiero olvidarlo. Es que a veces las lágrimas son lluvias minúsculas que nos anegan el alma y obnubilan la mirada hasta el último rincón del horizonte para calmar la tormenta del dolor. Y algo de eso sentí cuando supe de la muerte de Mario, gran compañero y hermano que nunca conocí, pero que desde siempre, creo, iluminó mis noches de desvelo.

Era tal su simpleza, que era imposible no entenderlo y, acaso por eso, muchos alguna vez quisimos ser como él, a fin de cuentas era sólo asunto de sentarse a escribir las cosas sencillas de la vida y de la muerte y punto. Pero, su sencillez era una compleja estrategia que escondía una profunda sabiduría forjada a golpes de Uruguay, que son los golpes de América Latina, los exilios y desexilios, las dictaduras y democraduras. Y él ahí, al lado del pobre, del perseguido, del torturado, porque su palabra siempre irisó el vuelo de las mariposas, de aquellos que soñaban y luchaban por un mundo justo. Así estuvo solidariamente en las esperanzas y dolores de Cuba, Chile, Nicaragua, Argentina y todos los pueblos del mundo que bregaban por su libertad.

No es cierto que todos los muertos sean buenos, pero me asalta la impresión de que en el caso de Benedetti es verdad. Tal vez porque sus ojillos de duende parecían incapaces de odio alguno pero, sobre todo, porque jamás soportó la injusticia hasta el último suspiro. Y eso merece respeto en estos momentos infaustos cuando el faro de Alejandría es inútil para iluminar con su fuego ancestral el rumbo de los barcos extraviados en la niebla de este mundo al revés. Claro, porque pareciera que lo moderno, el progreso y el desarrollo van de la mano con el individualismo, la competitividad, la pobreza, la desigualdad, la marginalidad.

Un mundo que premia el robo y a los banqueros especuladores con el dinero ajeno; donde Estados Unidos se erige como el adalid de la democracia y la libertad a punta de bombas y masacres. En fin, el mundo que gira el torno al lucro en lugar del sol, pero –Mario– sobreviviste la suerte de ver al primer presidente indígena en la historia del continente. Y no me cabe duda que habrás sonreído por entre tus espesos bigotes de abuelo cuando Evo Morales fue ungido mandatario de Bolivia en la ciudad de Tiwanaku. También, seguro, esbozaste otra descomunal sonrisa por Venezuela, Ecuador, El Salvador, que se yo, por esta América Latina e indígena que comienza a despertar en búsqueda de su verdadera independencia.

Y nosotros de ahora en adelante tendremos que aprender a despertar sin ti: sin tu poesía, tus novelas y canciones. Pero presiento que no será tan difícil, por tu eterna sencillez, la feroz desnudez de tu verbo, el candor del amor de tu vida, que es la búsqueda del amor de todos. Y, de alguna manera, el amor de mi vida tiene que ver contigo Mario, pues en el profundo océano de sus ojos esmeralda se dibujaba un faro antiguo que parecía llorar colibríes en una garúa interminable que encendía la noche, a pesar de una pena escondida por siglos. Y fue la llamarada azul de su mirada la que atravesó mis sueños y me enamoré irremediablemente y para siempre.

Era virgen decía a quien quisiera escucharle y se alimentaba de luciérnagas para mantener viva la esperanza de un mundo más justo. Y yo le hablaba de Burkina Faso y de revoluciones remotas que nadie conocía o quería conocer. Y ella insistía que era virgen mientras hacíamos el amor en medio de la lluvia y yo sin creerle y ella sin importarle mientras nos besábamos con la ternura del amor de mi vida. Y la sigo queriendo, aunque poco se sabe de Burkina Faso y por eso te debo un café en algún rincón de Montevideo Mario Benedetti, hasta siempre.

Tito Tricot

Director

Centro de Estudios de América Latina y el Caribe

CEALC

Chile

MURIO MARIO BENEDETTI

 

www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-125129-2009-05-18.html

El pais › Nota de tapa

MURIO MARIO BENEDETTI

Por Silvina Friera

MARIO
Por Eduardo Galeano
El dolor se dice callando.
Pero me pregunto:
¿qué será de nuestra ciudad, sola de él?
¿qué será de Montevideo, mutilada de él?
Y me pregunto:
¿qué será de nosotros, sin su bondad inexplicable?

Por Juan Gelman
Es indecible el dolor de su pérdida. Fue poeta, fue novelista, fue ensayista y, sobre todas las cosas, fue un hombre bueno. Nunca se doblegó ante el Poder. Su muerte deja el vacío grande que dejan los grandes. De su obra nacerán otros poetas, como él siempre quiso, y seguirá vivo en el tiempo. El ya no sufre, descansa ya.

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EL PAIS › EN URUGUAY DECRETARON DUELO NACIONAL. SUS RESTOS SERAN VELADOS HOY EN EL PALACIO LEGISLATIVO DE MONTEVIDEO

“Por favor, no se olviden de mi bolígrafo”

El poeta uruguayo falleció en la tarde de ayer en Montevideo a los 88 años. Fue uno de los poetas más leídos y cantados en el mundo de habla hispana. Sufrió persecución y exilio por sus convicciones. En Argentina fue amenazado de muerte por la Triple A.

Por Silvina Friera

“Cuando me entierren / por favor no se olviden / de mi bolígrafo.” El poema pertenece a Rincón de haikus, publicado cuando el gran poeta uruguayo promediaba los 80 y la muerte era una sombra cercana con la que empezaba a dialogar para que no lo sorprendiera, para que no lo aplastara con el peso de su evidencia. Mario Benedetti murió ayer a los 88 años en su casa. Será velado hoy a partir de las 9 de la mañana en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo en Montevideo.

En Uruguay se ha decretado duelo nacional. No sólo el Río de la Plata se despide con una infinita congoja de este hombre triste y cordial como un legítimo uruguayo, que supo conjurar el dolor de la finitud y escribió que había que vivir como si fuéramos inmortales. En cientos, miles y millones de almas, sin exagerar, garúa finito.

Pocos poetas han sido tan saludablemente plagiados como Benedetti. Sus poemas de amor fueron copiados “clandestinamente” por miles de jóvenes que se atribuyeron la autoría para sorprender a esas muchachas esquivas o para acortar las distancias e iniciar un romance. No le molestaba saber de estos plagios y menos le importaba que sonara cursi. Al contrario: él mismo contaba anécdotas de parejas que le confesaban que se habían conocido, por ejemplo, gracias a Inventario. Quién no habrá repetido o cantado alguna que otra estrofa de “Te quiero”, “Por qué cantamos”, “Una mujer desnuda y en lo oscuro” y tantos otros poemas que popularizaron más de cuarenta intérpretes.

Su apellido se ha convertido en sinónimo de la poesía hecha canción. La muerte del autor de La tregua se prolongó durante tres años. Comenzó en 2006, cuando murió su mujer Luz, con la que vivió toda la vida. Desde entonces, el impulso vital del autor de más de 80 libros de poemas, novelas, relatos, ensayos y teatro, así como de guiones de cine y crónicas de humor, se fue apagando. La voz del fiel compañero se apagó, finalmente, pero quedan sus poemas de amor y de resistencia.

Sería arriesgado y tal vez apresurado afirmar que su obra será inmortal, pero seguramente muchos de sus poemas ya han adquirido ese estatus porque supo anclar sus versos y textos en los puertos que inquietan a la condición humana: el amor, la muerte, el tiempo, la miseria, la injusticia, la soledad, la esperanza.

Sencillamente, fue el cómplice de varias generaciones de lectores y de militantes políticos que, como él, fueron amenazados y tuvieron que escapar, como pudieron, de la muerte.

Desde comienzos del 2008 la salud de Benedetti se resintió debido a sus problemas intestinales y a una enfermedad respiratoria crónica de larga evolución. Este año estuvo tres veces internado: en enero, durante casi un mes; luego en marzo, y finalmente en mayo. El ganador de tan preciados premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, nació el 14 de septiembre de 1920 como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó.

La costumbre italiana disparatada de adosar tantos nombres –el poeta siempre recordaba que tuvo un tío que tenía los nombres de todos los reyes que reinaban el día en que nació– fue la primera batalla que libró el escritor hasta que logró suprimir los cuatro nombres restantes en todos sus documentos.

Después de una quiebra de la farmacia que tuvo su padre, los Benedetti se trasladaron a Montevideo cuando Mario tenía cuatro años. El niño que se entretenía de la mano de Emilio Salgari y Julio Verne comenzó sus estudios primarios en el colegio Alemán, de donde fue retirado por su padre en 1933.

Tuvo una infancia y adolescencia poco amable y llena de privaciones por los problemas económicos. Vivían en un ranchito con techo de chapas de zinc; su madre tuvo que vender la vajilla, los cubiertos y los regalos del casamiento. A los catorce años Mario empezó a trabajar vendiendo repuestos para automóviles en la empresa Will L. Smith. Se ganó la vida de muchas formas –fue vendedor, taquígrafo de una editorial, cadete, oficinista, gerente de una inmobiliaria y periodista, entre otros oficios que ejerció– hasta que pudo vivir de la literatura. A los 18, en 1938, se vino a Buenos Aires a ver si podía torcer la mala racha familiar, mientras su vocación literaria se afirmaba durante sus lecturas en un banco de la plaza San Martín.

Siempre recordaba que sus dos primeros libros, ediciones que las había pagado Benedetti, no vendieron ni un ejemplar. Su primer módico éxito –módico porque la tirada era muy limitada– fue Poemas de oficina (1956), aunque antes había publicado los poemarios La víspera indeleble (1945) y Sólo mientras tanto (1950) y los relatos de Esta mañana y otros cuentos (1949). Le gustaba definirse como un poeta que además escribía cuentos y novelas.

Tenía la mano más habituada al poema, pero los cuentos lo hacían sudar. Montevideanos (1959) le llevó dieciocho años terminarlo. “El cuento no admite fallas, se construye palabra por palabra, cada una tiene que tener su rol, y los finales son muy importantes”, decía el escritor que en 1945 se integró al equipo del semanario Marcha, hasta 1974, cuando fue clausurado por la dictadura de Juan María Bordaberry.

Hacia fines de los años cuarenta fue miembro del consejo de redacción de Número, una de las revistas literarias más destacadas de la época, y participó en el movimiento contra el Tratado Militar con los Estados Unidos, su primera acción como militante. Sus viajes a Cuba fueron consolidando el despertar de su conciencia política. En 1968 creó y dirigió el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, cargo en el cual se mantendría hasta 1971. Junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, fundó en 1971 el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte de la coalición de izquierdas Frente Amplio desde sus orígenes.

Ese año publicó Crónica del 71, compuesto de editoriales políticos publicados en el semanario Marcha en su mayoría, un poema inédito y tres discursos pronunciados durante la campaña del Frente Amplio. Después del golpe de Estado del 27 de junio de 1973 renunció a su cargo de director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República.

Y llegó el exilio; lo arrancaron de cuajo de su ciudad. Primero cruzó el charco y trató de instalarse en Buenos Aires, en 1973. Fue aquí donde inauguró el “llavero de la solidaridad”: cuando las cosas comenzaron a ponerse oscuras acudía a ese manojo que le abría la puerta de las casas de cinco o seis amigos. Pero la Triple A le “concedió” un plazo de 48 horas para que se fuera y se dirigió a Perú.

La peste del terrorismo de Estado y las amenazas parecían seguirlo. En Lima fue detenido y deportado. Los brazos de Cuba lo acogieron en 1976, pero finalmente, Benedetti recalaría en Madrid, donde estuvo exiliado hasta 1983. Fueron diez largos años los que vivió alejado de su patria y su esposa, quien tuvo que permanecer en Uruguay cuidando de las madres de ambos.

En esa década que lo vio luchar contra el terror de los años ’70, la versión cinematográfica de su novela La tregua, dirigida por Sergio Renán, fue nominada al Oscar en 1974, a la mejor película extranjera (aunque el premio, finalmente, lo obtuvo la película italiana Amarcord).

Benedetti escribía, lo ha dicho, para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. “Las causas en las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo. No me siento derrotado en cuanto a mis creencias ideológicas y voy a seguir luchando por ellas. Sin éxito, eso sí”, aclaraba el escritor con los pies en la tierra, pero con la mirada siempre enfocada hacia ese horizonte de utopías que abrazó desde joven. “Siempre digo que los tres grandes utópicos que ha dado este mundo son Jesús, Freud y Marx; gracias a ellos la humanidad ha dado pasos positivos.

Aunque de cada utopía se realice un diez por ciento, gracias a ese diez por ciento la humanidad ha mejorado un poco. Yo soy un optimista incorregible.” Regresó a Uruguay, en marzo de 1983, un poco mejor de lo que se había ido, “más ecuánime, más tolerante, menos radical, pero sin perder mis obsesiones”. Fue nombrado miembro del Consejo Editor de la nueva revista Brecha, que sería la continuidad del proyecto de Marcha, interrumpido en 1974. En 1985 Joan Manuel Serrat grabó el disco El Sur también existe sobre poemas de Benedetti, contando con su colaboración personal. Con el “desexilio” llegan los reconocimientos en todo el mundo.

Las líneas no alcanzan para repasar la cantidad de títulos que ha publicado, son más de ochenta en todos los géneros que frecuentó. Se destacan, por mencionar un par, las novelas Gracias por el fuego (1965), La borra del café (1992) y Andamios (1996); los poemarios Inventario uno (1963), Cuando éramos niños (1964), Quemar las naves (1969), Letras de emergencia (1973), Viento del exilio (1981), El amor, las mujeres y la vida (1995), La vida ese paréntesis (1998) y Adioses y bienvenidas (2005) y Testigo de uno mismo (2008); los cuentos de La muerte y otras sorpresas (1968), Con y sin nostalgia (1971), Recuerdos olvidados (1988), Buzón de tiempo (1999) y El porvenir de mi pasado (2003); los ensayos Peripecia y novela (1946), El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974), La realidad y la palabra (1991) y Vivir adrede (2007); y la obra de teatro Pedro y el capitán (1979).

En 1999 fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana; en 2001 recibió el I Premio Iberoamericano José Martí; en 2002 fue nombrado Ciudadano Ilustre por la Intendencia de Montevideo; en 2005 obtuvo el Premio Internacional Menéndez Pelayo.

Mario, ese Cupido involuntario que no merece quedar libre de culpa y cargo por la cantidad de parejas que unió, sabía que la vida es un paréntesis entre dos nadas. “Yo soy ateo, no creo en Dios ni nada por el estilo. Hay gente que tiene sus creencias religiosas y tiende a sentir que después de la muerte está el Paraíso, o el Infierno, porque muchos han hecho mérito para ir al Infierno.

Yo creo en un dios personal, que es la conciencia”, afirmaba el poeta, que trabajaba en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es Biografía para encontrarme. “Muchos de mis poemas son producto de ser hombre de pueblo, y estar cerca del pueblo siempre ha sido una máxima para mí. Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribo le haya tocado el corazón a esa gente, a ese pueblo, a ese hombre de a pie.”

Las lágrimas, esta vez, no tienen tregua posible. Y por favor, pensarán muchos ahora que hay que despedirse del compañero, no se olviden del bolígrafo de Mario.

 

¡ TÁ !

El escritor Luis Sepúlveda publicó en su blogg, que mantiene en la página de Le Monde Diplomatique, este texto sobre Mario Benedetti
Sus columnas se puede leer en:

http://www.lemondediplomatique.cl/-Luis-Sepulveda-.html



, se dice en uruguayo cuando se trata de afirmar con énfasis y respondió Mario Benedetti cuando la decencia preguntó si había que jugarse por los pobres, por los débiles, por los condenados de la tierra, por lo que no tenían derecho a la alegría, por los que soñaban con una existencia justa, por la palabra mañana llena de sentido.

, respondió Mario Benedetti cuando la vida misma preguntó si había que tomar partido y ser la voz de aquellos que se pudrían en un penal llamado tristemente “Libertad”. Ahí, entre tantos, estuvieron quince años el dramaturgo Mauricio Rosencoff y el poeta Carlos Liscano, pero durante esos quince años fueron nombrados cada día por Mario Benedetti, donde fuera que estuviese, sus primeras palabras eran para exigir la liberación de los compañeros.

A los poetas se les ama y admira, a los hombres como Mario Bendetti simplemente preguntábamos: “¿y si nos vamos al boliche dos del mercado de la abundancia para ponernos al día con la vida?” Y el de su respuesta era el inicio de una gran fiesta de recuerdos, de vino clarete, de preocupación porque Mario se preocupaba por todos y mientras alguien le informaba de “ese muchacho que sigue preso en Lima” sus ojos seguían los movimientos de una niña vendedora de jazmines.

Jamás he conocido a otro hombre tan sencillo, tan generoso, solidario y que, como dice el poema de César Vallejo, parecía vivir en representación de todo el mundo. A lo hombres como Mario Benedetti se les canta y sin que importe la rima de sus versos, se les encuentra en los barrios populares, en los boliches frecuentados por gentes de otras tierras, en el fragor de las luchas más justas, en las pancartas con faltas de ortografía, pero perfectas de razones, en los estudiantes que tras la barricada toman la mano de su novia, descubren entonces que no están solos, sin que importe la lengua que hablen sus corazones laten a ritmo uruguayo, se convierten en la flor de la banda oriental, y se miran a los ojos antes de la carga represiva para decir: si te quiero es porque sos/ mi amor mi cómplice y todo/ y en la calle codo a codo/ somos mucho más que dos.

Nunca un Poeta llenó los estadios de fútbol como los llenaba Mario Benedetti. Nunca otro hombre entró a un bar y a la pregunta respecto de qué quería beber respondió: un traguito, del más humilde. Nunca otro escritor nos convocó para que no perdiéramos el rumbo ni la alegría en los peores momentos de dudas y desilusiones: un torturador no se redime con el suicidio, pero algo es algo.

Escribo estas líneas con bronca, porque sé que ya la vida no será la misma con la ausencia de Mario Bendetti. Hoy por la mañana muy temprano sonó el teléfono, era otro Mario, el escritor Mario Delgado Aparaín. “El Negro”, gran amigo de Benedetti, me anunció simplemente: se nos fue Marito, hermano, con los muchachos estamos tomando unos mates y hablando de vos, porque a Mario le encantaba hablar de vos.

Sé que a Benedetti no le gustaban los homenajes, o mejor dicho, le agradaban ciertos homenajes, como que a su invitación a tomar unos mates respondiéramos llevando unas buenas facturas para acompañarlos. A los otros homenajes respondía escabulléndose, mostrando su carnet de tímido militante o exclamando; “déjense de macanas”.

Mientras escribo esto que no es un homenaje, sé que Montevideo no será la misma ciudad que amo cuando vuelva, sé que en Madrid me faltarán los paseos por El Retiro junto a un Mario Benedetti maravillado con los titereteros, sé que el café Rossi en Roma se quedará con una silla vacía y soportaré solo el atraso eterno de los compañeros de Il Manifesto, sé que un vacío infinito abre sus fauces y me sumo a la multitud de hombres y mujeres que lloramos apretando un atado de libros.

Pero una mano de Mario Benedetti me remecerá un hombro y habrá que salir a la calle, a defender la alegría como una trinchera.

Tá, Mario, ¡Tá!.

Luis Sepúlveda, Gijón 18 de Mayo 2009

CUANDO YO ME MUERA

Por Máximo Kinast

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Me escriben dos grandes amigos y me  piden, cada uno por su cuenta, que cuando les toque a ellos no los suba al blog, ni diga nada. Ambos son grandes luchadores, inteligentes, muy valientes y honestos. Les respondí que respetaré sus deseos, pero...

Cuando yo me muera quiero música de zamba. Fiesta y alegría. Quiero escuchar a Sinatra cantando My Way y a la Piaf cantando ’non, je ne me regrette rien’.

Que los momios de mierda se alegren, porque no podré volver a denunciarlos.

Que se diviertan los inverecundos, porque no seguiré acusándolos de su inverecundez.

Que los huesos del Innombrable General Pinchote bailen en su tumba de alegría.

Quiero que todos ellos disfruten... por muy poco rato, porque cuando me muera serán muchos más los que visitarán mis blogs y habrá muchos jóvenes que seguirán denunciándolos.

Y el General Pinchote se cagará de susto -si hay un más allá- porque lo juro por los huesos de mis antepasados que bajaré a los Infiernos (¡Cómo me gustaría que hubiera un Infierno al menos, aparte de La Tierra, claro está) y me lo encontraré cara a cara y todo lo que el demonio le haya hecho sufrir lo recordará como juegos de niños ante lo que yo le haré y le diré. 

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Ah, ¡NO! Que  mi muerte no pase desapercibida. ¡Que haya fiesta hasta que las velas no ardan! ¡Que se lleven a las lloronas y me traigan a las cantoras y a las cantaoras! ¡Que traigan vino tinto y del otro! Y que se arme la juerga, que la vida es corta y dura y no hay tiempo para llorar a los muertos.

Cuando yo me muera y mientras exista Internet habrá gente que escribirá en mis blogs y denunciará a los felones y a sus felonías y no quedará inverecundo sin su funa virtual.

Amable compañera y amable compañero que visitas este blog, te invito a ser uno de los que continúen con esta lucha por la verdad y la Justicia Justa. Escríbeme:

MaximoKinast@gmail.com

https://maximokinast.blogia.com/upload/externo-2eef99cf545d6c0ecdaa5f425a5dee8c.jpg