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Máximo Kinast Avilés

CONFLICTO PINGÜINO 2.0

por Salvador Muñoz[1]

Se desató un nuevo conflicto pingüino. No por la derogación de la LGE (ex LOCE), ni para terminar con la municipalización de la educación o por la gratuidad del pase escolar y la PSU. Ahora es por el derecho a la vida. Si bien los pingüinos de Punta de Choros no se pueden manifestar, sus amigos desataron masivas movilizaciones en repudio a la aprobación de la central termoeléctrica de Barrancones.

La aprobación de la termoeléctrica por los funcionarios de COREMA designados por Piñera marca un nuevo incumplimiento de sus promesas de campaña, y el desprecio de la clase política por el pueblo de Chile.

En el marco de una Constitución ilegítima, Alianza y Concertación cogobiernan el país en beneficio de un puñado de grupos económicos. De la ciudadanía solo se requiere un voto cada cuatro años y  pasividad ante los desmanes políticos, financieros, sociales y culturales. No nos cansaremos de repetir las palabras de David Rothkopf: “Chile no es verdaderamente un país sino un Club privado”. Alianza y Concertación trabajan para los propietarios del Club privado.

Los partidos, en una brillante “transversalidad” que va de la UDI a los comunistas, viven en cúpulas cerradas que reproducen las condiciones de su existencia. Se limitan a levitar sobre el cuerpo social en el que casi no tienen raíces. La actividad política es un negocito de representación en el que cada partido tiene un "nicho" de mercado. Ya no hay programas, sino ofertas. En el plano de las ideas el encefalograma es plano. El mercado omnisciente es verdad revelada, indiscutible, dogmática, infalible. Para embellecer la realidad se manipulan los datos, los cálculos, la interpretación. Se manipula la realidad. Pero la realidad es testaruda.

Nuestro pueblo ¿tiene alternativa? Esa es la cuestión abierta. Quienes queremos reconstruir una Izquierda que se perfile como una fuerza capaz de dirigir el país con el pueblo y en beneficio del pueblo, partimos preguntándonos por qué aun no lo somos.

La Izquierda representa los intereses de la inmensa mayoría de la sociedad chilena por la simple razón que su objetivo primero consiste en devolverle al pueblo su soberanía.

Izquierda mayoritaria pero dispersa. En Chile hay que hablar de izquierdas, no de Izquierda. Pero la pluralidad y la diversidad son potencialmente una gran riqueza. La tarea consiste en hacer de la diversidad una fuerza, transformando la dispersión en una sólida unidad de propósitos. Para pensar la Izquierda como alternativa para Chile, ésta dispone de una adecuada interpretación de la realidad socioeconómica del país. Y de un diagnóstico político correcto de las fuerzas políticas del Chile actual y de los intereses objetivos que defienden. Alianza y Concertación heredaron el legado institucional y económico de la dictadura. Los empresarios del gran capital nacional y extranjero encuentran en ellos a sus mejores defensores. Si en las caras de los dirigentes de la Alianza se ven en filigrana los rostros de los Matte y los Larraín, en la frente de los líderes de la Concertación vienen impresas las cataduras de los Luksic y los Angelini.

Limitada a esta disyuntiva, no existe sino la alternativa de elegir las llamas o las brasas. La construcción de la Izquierda desde el “antipiñerismo” está condenada a ser funcional a la Concertación y a sus grupos económicos. De ahí que la única vía posible sea la construcción de la Izquierda como una radical oposición al modelo institucional y económico.

Los principios y los valores de la Izquierda viven en la conciencia de grandes grupos humanos, particularmente entre los jóvenes. Ellos cubren los derechos humanos y el respeto de la naturaleza. Son parte de lo más noble de la especie humana y no pueden ser segados definitivamente. Renacen cada vez que la codicia y la fiebre del lucro pone en peligro a seres tan inermes como los pingüinos Humboldt. O a los 33 mineros enterrados vivos en la mina San José. Cada vez que se reprime con saña a los otros pingüinos en las calles. Cada vez que un niño, mujer o anciano no encuentran asistencia médica en los hospitales públicos. Cada vez que el nombre de un ciudadano anónimo entra en las listas criminales del DICOM. Cada vez que la corrupción compra las conciencias de quienes tenían la obligación de cambiar esta cruel realidad.

La movilización a la que asistí en rechazo a la termoeléctrica de Punta de Choros fue una respuesta a la pregunta formulada más arriba. Allí había voluntad, coraje, sana espontaneidad y sana juventud, mucha juventud. Yo quiero una Izquierda que trabaje para esa juventud, para ese pueblo, para nuestra tierra. ¿Quién viene conmigo?



[1] Cientista Político y Presidente del Partido de Izquierda (PAIZ).

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1 comentario

David Valencia -

Hace un buen tiempo están apareciendo comentarios del tipo que lo hace el señor Muñoz, mas yo me pregunto y lanzo la pregunta, si es cierto que hay bastantes o quizá no muchas agrupaciones, que se declaran de izquierda ´´pero`` del pueblo que somos la mayoría ¿ qué porcentaje de ese pueblo, se declara conscientemente de izquierda ?. Yo en lo personal, tengo serias dudas de que un alto porcentaje del pueblo, tenga la consciencia suficiente para declararse partidario......... mire lo que voy a decir, partidario de si mismo, porque ´´ser`` de izquierda es estar de lado del pueblo del que se es parte.
Veo en el día a día a un pueblo imbecilizado de tanta mierda desparramada en el ambiente, los masmedia, aquí han jugado un papel estratégico en el dominio del pueblo a pata. ¿ Estaremos frente a un cuadro del síndrome de Estocolmo colectivo, en que el pueblo declara su amor a quienes lo torturan ?. Algo a investigar mi querido Watson.
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