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Máximo Kinast Avilés

ANA NO, de AGUSTIN GOMEZ ARCOS

Editorial Cabaret Voltaire. Barcelona, 2009

Comentario de Javier Gimeno Perelló

Ana Paucha cierra definitivamente su casa en una aldea andaluza (almeriense tal vez) para recorrer a pie, atravesando el país de sur a norte,  los mil y tantos kilómetros que la separan de su único hijo vivo, Jesús, El Pequeño Paucha, encarcelado al finalizar la guerra por las autoridades franquistas en un presidio del norte, acusado de comunista, condenado a cadena perpetua. No corrieron la misma “suerte” sus otros dos hijos y su marido, Pedro Paucha, los otros tres hombres de su existencia, muertos en la contienda defendiendo la República española. Ana Paucha es Ana No, Ana Nadie, Ana No Persona, Ana Anulada, ninguneada por una España victoriosa que abominó de sus oponentes hasta el exilio, el encarcelamiento o el exterminio. Ana No y sus cuatro hombres fueron de los cientos de miles de seres anulados por quienes se adueñaron del país e izaron como patria propia la bandera del Nacional Catolicismo, de la España Única y de la España Eterna.

Ana No lleva como único equipaje un bizcocho que ella misma hacía en el horno de su cocina y que tanto gustaba a su hijo: un trozo de pan aderezado con almendras, aceite y azúcar. Muy despacio, camina Ana No por las vías del tren para no extraviarse y en su camino encuentra a personajes que la acompañan y la ayudan en unos casos, la maltratan en otros: una perra callejera y abandonada a su suerte, a quien Ana No siente como su igual, su compañera y amiga fiel que acabó sus días en una perrera infame, símbolo de esa España siniestra que aniquiló a tantos otros españoles tratados como perros; o un vagabundo que alegra sus días y la acompaña en su viaje infinito al encuentro con su hijo. Finalmente, la suerte no acompañará a Ana No cuando al fin pudo llegar al presidio donde el pequeño de sus hombres penaba por el delito de no ser un español como los vencedores.

 

 

La prosa de Gómez Arcos en esta novela tiene la virtud de reflejar en su estilo y en su sintaxis el ambiente crudo y cruel de esa época y de ese entorno. Una prosa que evoca continuamente la oscuridad de un país negro y gris, la miseria de sus gentes y otra miseria, miseria moral, de sus gobernantes. Prosa que nos presenta a la protagonista como la mujer desvalida que es, mujer que arrastra la honda tristeza de un país derrotado. Tristeza profunda que le ocasiona a Ana No la ausencia de sus seres más queridos y la pérdida de una vida que en sus años jóvenes fue sencilla y colmada por la felicidad que le da el amor de sus cuatro hombres, como recuerda en ocasiones mientras camina sin parar por las vías del tren en medio de la nada, entre la espesa niebla de aquella España tenebrosa.

 

«Ana no, no es una novela pesimista. Es más bien un libro de esperanza. Un libro de rebeldía y de amor, porque uno no se rebela por odio, sino por amor. A mi juicio, es una obra patética y, a la vez, optimista, ya que sin optimismo nadie podría emprender un viaje como el de Ana y llegar al final. Yo diría que Ana no encierra todo el amor en una vida de desamparo.» Agustín Gómez Arcos.

 

Ana Paucha

Pedro Paucha

José Paucha

Juan Paucha

Jesús Paucha,

            Llamado el pequeño.

No hay ojos que los lloren.

No hay memoria que guarde su huella.

No son para iglesia sus cinco santos nombres.

No nombres. Anti-nombres,

Cinco No.

Agustín Gómez Arcos, hijo de republicanos, sufrió en carne propia las venganzas del nacional franquismo y no halló mejor modo de expresión y de lucha que la literatura comprometida con esa España perdida y aquel sueño truncado. Literatura cuyo afán de compromiso social no es sinónimo, en el caso de este escritor y de esta novela, de mala literatura, de literatura de panfleto o de poética descuidada o poco elaborada. Todo lo contrario: como novelista, y muy especialmente, dramaturgo, que se consideraba, Gómez Arcos ponía especial cuidado en el correcto uso de la forma, con un lenguaje narrativo, digamos, exquisito, un vocabulario preciso, la sintaxis adecuada al contexto.

Autor de novelas como El último Cristo, por la que recibió el Premio de Narración Corta en 1953, su destino literario desembocó en el teatro, al que no sólo se dedicó como dramaturgo, sino también como actor, director y traductor, con importantes galardones. Destacan obras como Doña Frivolidad, Diálogos de la herejía, o  Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas. Como actor en Las almas muertas, de Gogol, fue premiado en el Primer Festival Nacional de Teatro Nuevo.

Pero los censores del régimen no podían dejar pasar a este autor molesto y sospechoso de ser enemigo de la Patria, de suerte que el Premio Nacional Lope de Vega, concedido en 1962 por Diálogos de la herejía, le fue inmediatamente arrebatado y prohibida la representación de la obra en todos los teatros españoles, a excepción de las versiones autorizadas por la censura. Un segundo Premio Nacional Lope de Vega, concedido cuatro años después, ocasionó la prohibición definitiva de la obra Queridos míos, incluida cualquier otra versión censurada.

Ante ese panorama de frustraciones y de constantes prohibiciones, Gómez Arcos decide exiliarse de un país carcomido por la censura de un régimen corrupto, y se marcha a Londres, primero, a París después, donde llega en junio de 1968 para vivir los rescoldos  de aquel Mayo histórico, y fascinarse por el extraordinario ambiente cultural parisino de ese tiempo de rebeldía. Como no podía ser de otro modo, se integra en el mundo literario y teatral de la ciudad y descubre su admiración, entre otros, por Jean Genet. En París, logra representar sin censura las obras prohibidas en España, por las cuales recibe importantes premios y obtiene el aplauso unánime del público francés y de la crítica. Acaso por rechazo a la lengua del país que le expulsó, o porque llegó a dominar el francés tanto como para expresar su obra en esta lengua, Gómez Arcos dejó de escribir sus obras en español desde que se exilió en París y usó el francés como vehículo de expresión artística.

La obra de Gómez Arcos, como la de tantos autores españoles que sufrieron exilio, cárcel o muerte, es ignorada en la España democrática, cuya transición de olvido no hizo nada por su recuperación y reconocimiento. Aunque entre 1991 y 1994 se hicieron pequeñas representaciones de obras suyas en teatros españoles, como Interview de Mrs. Muerta Smith, Los gatos y Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas, Gómez Arcos continúa siendo un autor injustamente olvidado y su obra teatral y novelística una gran desconocida para el público español, a pesar de haberse traducido sus novelas a catorce lenguas; ninguna, salvo Ana No, recién editada en 2009 por la editorial Cabaret Voltaire, al español.

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