*Luis Casado es uno de los últimos allendistas que quedan por el mundo. De obrero ha llegado a ser un consultor internacional de gran prestigio. Escribe como lo harían los dioses si existiesen. Es socialista, en la onda consecuente con la verdad, con la justicia y sobre todo, con el pueblo, o sea en la misma onda que el Compañero Presidente Dr. Salvador Allende. Lastima que van quedando tan pocos.
Amable lector o lectora, te sugiero copiar y divulgar sus articulos para desenmascarar al fraudulento inquilino de La Moneda (Ricardo Lagos), que quiere hacerse pasar por 'abridor de alamedas' y lo único que abre es el mercado de Chile a los explotadores de siempre.
Fraternalmente
Maximo
LOS DERECHOS SECUESTRADOS
Por Luis Casado*
La digna viuda de Salvador Allende, nuestra Tencha Bussi nacional, declaró el 11 de septiembre pasado en La Moneda: "Chile aun no vive en plena democracia"(1).
Pobre Ricardo Lagos. Pobre. Había intentado subirse al carro de la historia pretendiendo que él, y no otro,(2) era el hombre de estado que había, ¡por fin!, abierto las grandes alamedas poniéndole término al momento gris y oscuro (sic) gracias a una nueva constitución (resic).
Lagos se hizo culpable ese día de dos pecadillos graves: primero, no conocer las imborrables palabras pronunciadas por Allende al morir defendiendo la Constitución legítima, y segundo, intentar vender el texto mamarracho surgido de la mente fascistoide de Jaime Guzmán (con algún maquillaje en plan porque yo lo valgo) como la culminación de un proceso de democratización aun no concluido.
Lamentablemente, algunos días más tarde Michelle Bachelet se hizo eco de esta estafa al declarar que con esta constitución la transición ha terminado(sic). Puede que esta desafortunada afirmación tenga algo que ver con su asesor Andrés Velasco, quién ha declarado admirar a Jaime Guzmán y el sistema electoral binominal que le dio estabilidad al país.(3)
El momento en que Lagos firmó -muy solemnemente- el texto mamarracho, fue bien elegido. Durante las fiestas patrias el pueblo de Chile está en otra y la estafa pasó piola. O al menos eso creen quienes se felicitan del timo.
Por cierto, el modo en que el texto firmado por Lagos vio la luz del día no tiene nada de glorioso. Prolongando el mal uso de las tratativas de pasillo que le han permitido a la derecha conservar lo esencial de la impunidad y lo fundamental del ordenamiento jurídico legado por Pinochet, el maquillaje de la constitución del 80 fue negociado, línea por línea, a espaldas de la ciudadanía. El Parlamento, o lo que en la constitución pinochetera hace las veces de, sirvió de tapadera.
De ahí que sea legítimo preguntarse:
¿Y el pueblo en todo esto?
¿Qué se hizo la soberanía popular?
¿Qué se hizo la voluntad general como fuente de legitimidad del poder?
En suma, ¿Qué se hicieron los derechos ciudadanos?
Desde luego no basta con utilizar, a guisa de preámbulo y en modo que recuerda el coitus interruptus, una frase mal copiada del Contrato Social: Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos.(4)
El crimen antidemocrático es de tal envergadura que conviene recordar un par de cosas.
EL FIN DEL CONTRATO SOCIAL
Por Luis Casado
El pensamiento que condujo a establecer el derecho como el resultado de convenios entre hombres libres es muy anterior a Jean-Jacques Rousseau, aun cuando se le suele atribuir al pensador ginebrino la paternidad del invento.
Aquellos que empezaban a sentirse estrechos en la monarquía de derecho divino, asentada en el principio que todo derecho legítimo provenía de Dios, propusieron una solución muy distinta, basada en el derecho natural.
El hombre es libre dijeron, porque la naturaleza le hizo libre. Si el hombre accede a someterse a las leyes, es porque él mismo participa a su creación y aprobación. La ley no es sino la expresión de la voluntad general, y genera derechos y deberes. Los hombres hacen las leyes para evitar los amos, y mantenerse libres.
En su obra El contrato social(5) Rousseau expuso las ideas que servirían de zócalo al orden civil instaurado por la revolución francesa, y a las democracias construidas sobre las cenizas de la monarquía absoluta.
El hombre ha nacido libre, dice Rousseau, pero por doquier se halla encadenado... El derecho nacido de la fuerza no es legítimo, dice, porque no ha sido libremente aceptado por el hombre libre. Si un pueblo está obligado a obedecer... hace bien... pero en el momento en que puede sacudirse el yugo... hace todavía mejor...
Corrigiendo a Aristóteles, quién afirmó que algunos hombres nacen para la esclavitud y otros para la dominación, Rousseau dice que el filósofo macedonio tomaba el efecto por la causa. Y agrega, Los esclavos pierden todo con sus cadenas, hasta el deseo de liberarse de ellas... Si hay, pues, esclavos por naturaleza, es porque hubo esclavos contra naturaleza. La fuerza hizo los primeros esclavos; su cobardía los ha perpetuado.
La tremenda carga revolucionaria de los escritos de Rousseau le granjeó algunas enemistades, y hay quién le acusó de difundir ideas totalitarias. Pero como bien dice Enrique López Castellón,(6) no se conoce ninguna dictadura que haya reclamado una inspiración rousseauniana. Mal podrían hacerlo. Rousseau afirma que la fuerza es un poder físico y a ese poder no se le puede atribuir ninguna legitimidad porque Ceder a la fuerza es un acto de necesidad, no de voluntad...
La conclusión es demoledora: la fuerza no constituye el derecho, y el hombre sólo está obligado a obedecer a los poderes legítimos. Las convenciones, el contrato social, son la base de la autoridad legítima entre los hombres.
Como ejemplo de convenciones libremente aceptadas por los hombres libres se cuentan la Constitución y las leyes.
Dato que lleva a interrogarse sobre la legitimidad del derecho que emana de la Constitución impuesta por la dictadura de Pinochet. Dicha Constitución nació del poder de la fuerza, fuerza ante la cual se cedió como un acto de necesidad, no de voluntad.
Hoy en día nadie puede afirmar que la Constitución de 1980 responde a la noción de Contrato Social.
El contrato social, ese convenio fuente de todo derecho legítimo, que responde a la necesidad de Hallar una forma de asociación que defienda y proteja de toda la fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y en virtud de la cual, al unirse cada uno a todos, no obedezca más que a sí mismo y quede tan libre como antes.
Nadie, repito, osa afirmar hoy en día que la Constitución impuesta por la dictadura haya sido el producto de la voluntad general.
¿Qué justifica su pervivencia?
¿Qué razones conducen la sociedad chilena a continuar sometida a una Constitución ilegítima?
El pueblo sometido a las leyes debe ser su autor, nos dice Rousseau.
Para luego agregar que la soberanía del pueblo es inalienable. En otras palabras, al ser la soberanía del pueblo el ejercicio de su voluntad general, esta voluntad general sólo puede estar representada por el pueblo, y en ningún caso por un sátrapa, un príncipe, un dictador, o a fortiori por un parlamento domesticado cuyo trabajo legislativo se hace a espaldas del pueblo soberano.
Rousseau agrega que la voluntad particular tiende por su naturaleza a las preferencias, mientras que la voluntad general tiende a la igualdad.
Al constatar la preeminencia de los intereses muy particulares del gran capital, del mundo de las finanzas y de la inversión extranjera por sobre la voluntad y los intereses generales del pueblo de Chile no podemos sino preguntar: ¿Qué puede justificar el aparente contentamiento con el que se acomodan a una Constitución impuesta por la fuerza las autoridades nacidas de esa ley ilegítima?
Buscando una respuesta uno no puede sino citar a Rousseau: La fuerza hizo los primeros esclavos; su cobardía los ha perpetuado.
A menos que concluyamos que el gobierno nacido de la Constitución impuesta por la fuerza no es sino la expresión de una voluntad particular, cuyo fin consiste en imponer determinadas preferencias en contra de los intereses de los más, en contra de la voluntad general.
Por otra parte, el convenio, como fuente de todo derecho, afirma no sólo la libertad de los hombres sino también su igualdad política. Cada cual cede una parte de su propia libertad para someterse a la autoridad de la ley común aprobada por todos.
Rousseau lo expone del modo siguiente: Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la dirección suprema de la voluntad general, y recibimos además a cada miembro como parte indivisible del todo.
Se crea de este modo un ente social, un yo común, que en otras épocas recibía el nombre de ciudad,(7) y que ahora es llamada república, o Estado.
Respecto de los asociados, dice Rousseau, toman colectivamente el nombre de pueblo,(8) y se llaman en particular ciudadanos en cuanto participan de la autoridad soberana, y súbditos en cuanto están sometidos a leyes del Estado.
Jean-Jacques Rousseau no nos dice como deben ser llamados aquellos asociados tan especiales, y tan propios de la sociedad chilena, que ejercen todos sus derechos pero no aceptan ningún deber, y en particular no se someten a la ley común.(9)
Y no es que Rousseau se hiciese muchas ilusiones con relación a la factibilidad de la democracia construida sobre la base de los principios expuestos en El Contrato social, ya que preveía, intuía, que la libertad y la igualdad políticas proclamadas como derecho natural, no irían muy lejos sin la igualdad económica. Hecho no banal, si consideramos que para Rousseau la desigualdad es el mal original, el que engendra todos los demás.(10)
La previsión de Rousseau va siendo confirmada por los hechos: hoy en día la desigualdad económica aleja progresivamente a los ciudadanos del ejercicio de sus derechos más elementales, mientras que la imposición de estructuras de reflexión y de decisión internacionales perfectamente impermeables a la opinión ciudadana como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, el Foro de Davos, para no hablar de los Tratados de Libre Comercio que maniatan a países ya controlados por las multinacionales, termina por eliminar definitivamente la posibilidad para la voluntad general de ejercer algún tipo de influencia en los temas que le conciernen.
En su día, los nacientes Estados inspirados en las ideas de libertad e igualdad expuestas por Rousseau eliminaron los privilegios monárquicos, o bien los heredaron, y asumieron los poderes nacidos de la voluntad general, es decir de la soberanía del pueblo.
Entre otros, el derecho de acuñar moneda (que hoy en día llamaríamos la emisión monetaria), el derecho de cobrar impuestos (que hoy en día llamaríamos política tributaria o régimen impositivo), el poder legislativo o en otras palabras el derecho de establecer las leyes, la capacidad de aplicar la ley, de imponer la justicia, el derecho exclusivo del ejercicio de la violencia legítima, el derecho a castigar los infractores de la ley incluyendo la privación de libertad, la educación (rescatada de manos de la iglesia y de los colegios e institutos reales), la responsabilidad de la sanidad pública, la edificación y el mantenimiento de las infraestructuras públicas, las relaciones exteriores, la administración del patrimonio de la nación, la seguridad pública.
El Estado, y cada poder del Estado, nacieron pues de la voluntad general, de la soberanía del pueblo. En esta concepción del orden civil, el Estado supone representar el interés de todos, la voluntad general.
Ahora bien, como decíamos más arriba, la realidad histórica nos ha mostrado que el interés general suele confundirse con el interés de unos pocos, y que la igualdad política dista mucho de tener una relación de causa a efecto con la igualdad económica. La intuición de Rousseau, a mediados del siglo XVIII, era cierta.
En pleno siglo XIX, testigo de la revolución industrial y del desarrollo del capitalismo, Karl Marx desarrolló una tesis distinta a la de Rousseau, en la que el interés general cede la plaza a los intereses contradictorios, opuestos e irreconciliables, de sectores sociales diferenciados por su riqueza, la posesión o la carencia de medios de producción y el papel que desempeñan en la vida económica, en el modo de producción.
Marx constata que la voluntad particular se impone a la voluntad general, y en la concepción marxista la noción del Estado como representante del interés general cede su lugar al Estado como instrumento de defensa de los intereses de la clase dominante.
He ahí donde conducía la desigualdad económica prevista por Rousseau.
Al alba del siglo XXI, el triunfo del capitalismo primitivo y primario que ahora llaman neoliberalismo, -y que suele disfrazarse bajo la denominación de economía de mercado-, consagra la desigualdad social, política y económica, destruye los cimientos mismos de la democracia, e impone la derrota de la voluntad general.
El corolario es simple: si como consecuencia de la desigualdad económica existe dominación de un sector de la sociedad sobre otros sectores de la sociedad, tampoco hay igualdad política.
La igualdad política desaparece, aplastada por la desigualdad económica.
Los derechos de los ciudadanos libres, aquellos de los cuales emana el poder legítimo a través de la voluntad general, comienzan a transformarse cada vez más en derechos puramente formales.
El ejercicio del poder en favor de la voluntad particular, a favor de la clase dominante, va alejando a los ciudadanos de sus derechos más elementales.
A pesar de su aguda intuición, Rousseau ni siquiera pudo imaginar hasta que punto la desigualdad económica llevaría a la negación misma del Estado que nació inspirado en sus ideas. Y a la negación de la igualdad política, a la negación del hombre nacido libre por derecho natural.
El desarrollo del capitalismo primitivo y primario, -rebautizado en modo vergonzante con la expresión economía de mercado y que según John Kenneth Galbraith (11) debiese ser conocido como el sistema de las sociedades anónimas-, ha ido transformando al ciudadano, nacido libre e igual, en un socio de segunda o tercera clase despojado del derecho de inmiscuirse en lo que le concierne.
Después de abandonar los complejos de inferioridad que el capitalismo desarrolló en razón de sus repetidas crisis económicas -y en particular la crisis de 1929-, cuyas catastróficas consecuencias le impusieron algo de pudor en la explotación de la mano de obra asalariada, el capitalismo actual, el neoliberalismo como se ha dado en llamar lo que no es sino capitalismo primitivo y primario de la peor especie, impone leyes y reglas que se alejan definitivamente de la voluntad general, del interés general, para no ser sino la expresión de los intereses de la clase dominante.
Para utilizar la expresión de Samuel Huntington, los gobiernos son Residuos del pasado, cuya única función consiste en facilitar las operaciones de la elite global.
Dos fenómenos convergentes, la imposición del pensamiento único en la economía, y la aceleración de la globalización, alejan continuamente al ciudadano de los derechos cuyo origen Rousseau atribuía a la naturaleza: los derechos de un hombre nacido libre e igual.
Los fenómenos mencionados van generando un problema mayor, cual es el de determinar como se estructura la sociedad y el orden civil, el problema de saber de donde emana la autoridad y la legitimidad del poder y del derecho.
Quienes sostienen la indiscutible racionalidad del mercado, su insuperable sabiduría, su predominio absoluto en todas las materias que fueron de incumbencia ciudadana, no hacen sino desplazar la fuente de la autoridad y de legitimidad del poder y del derecho al mercado, significando con ello el fin del Contrato Social y consagrando la dictadura del dinero.
EL MERCADO COMO ELEMENTO ESTRUCTURANTE DEL ORDEN CIVIL
Por Luis Casado
De modo pues que, según el pensamiento dominante, el elemento regulador de las relaciones sociales, del orden civil, la fuente de la legitimidad del poder y del derecho es el mercado... La racionalidad del mercado...
No obstante, cada día que pasa nos trae nuevas evidencias de la pérdida de confianza en el mercado.
¿Adónde vamos a parar si ya no se puede creer ni en el mercado?
La Crisis, -así, con mayúscula-, es mayúscula.
Asistimos simultáneamente, por una parte, a un fenómeno de pérdida de credibilidad de la política y de los políticos, (13) y por la otra, a un desmadre de falta de confianza en los mercados. En estas condiciones ¿a qué santo encomendarse?
Que la política y los políticos tengan, hoy por hoy, el mismo peso específico que un paquete de palomitas de maíz se explica: la dimisión colectiva que constituye la transferencia de buena parte de sus prerrogativas al mercado, la irresponsabilidad reivindicada al darle autonomía a los bancos centrales sin razón aparente y la mutilación de las competencias del Estado por vía Constitucional bastan, por si solas, para comprender que la política y los políticos se reservan la potestad del vacío.
Lo que explica además que el discurso político conjugue sistemáticamente sus verbos en tiempo futuro.
Pero que el mercado, sacralizado por esos mismos políticos, al cual le asignaron poderes cuasi divinos, pierda toda credibilidad... plantea un problema mayor.
Hubo una época no muy lejana en la cual se daba por sentado que cada ciudadano debía respetar la ley -que nadie debía ignorar- generada en un Parlamento compuesto por representantes elegidos democráticamente.
O sea la ley que surgía de la manifestación de la soberanía popular.
El triunfo del capitalismo primitivo y primario que llaman neoliberalismo, con su secuela de responsabilidades transferidas al mercado, pretendido demiurgo de la estabilidad económica y del progreso social, le dejó al Parlamento un campo de competencias reducido, limitado a poca cosa más que a escuchar el mensaje presidencial, cada 21 de mayo, o a aprobar Acuerdos internacionales en la negociación de los cuales no tiene arte ni parte.
¡Desdichada soberanía popular! El mercado puede más.
A los mercados hay que darles garantías. A los mercados, ¡pobres de ellos! hay que darles confianza. ¿Y como hacer si la política ya no inspira ninguna o muy poca?
¿Que puede el ejecutivo, o el Parlamento, para darle confianza a los mercados?
¿A esos mercados que ya no le inspiran confianza a nadie?
La retahíla de estafas, fraudes, engaños, timos, embelecos, desfalcos, pillajes, rapacerías, hurtos y raterías cometidos por insospechables multinacionales ligadas estrechamente al poder político estadounidense, por los auditores encargados supuestamente de controlarlas, y por los analistas financieros truhanes cuya sapiencia ha servido para embaucar incautos en vez de esclarecer las decisiones de los accionistas se está pagando muy cara.(14)
Políticos mezclados con intereses espurios determinados por el mercado. Mercados espurios, comprando políticos para falsear los datos del mercado.
Ecuación que da como resultado valores bursátiles inferiores a los valores económicos.
Y decenas de millones de desempleados. ¿Pero a quién le importa?
Y millones de pensionados que ven desaparecer sus pensiones. ¿Pero a quién le importa?
Falta de confianza que reduce las inversiones, que a su vez reduce el empleo, que a su vez reduce la demanda, que a su vez reduce las inversiones, que a su vez...
La racionalidad del mercado. Al que hay que restituirle la confianza.
¿Pero cómo devolver la confianza, si lo que se ha dado en llamar la comunidad de negocios no sólo duda sino que sospecha fundadamente de los datos que provienen de los agentes económicos?
¿Cómo acordarle alguna credibilidad a las cuentas de las multinacionales cuya opacidad es insondable?
Tan insondable que las demasiado frecuentes malversaciones son indetectables gracias a los cientos de filiales situadas en paraísos fiscales, a participaciones cruzadas, a carteras de pedidos ficticias, a facturaciones de favor de casa matriz a filial y viceversa, a provisiones artificiosas, y a un sinnúmero de triquiñuelas contables más o menos ilegales.(15)
Balances que no convencen ni a los propios accionistas, que hace ya algún tiempo aprendieron a desconfiar de la pomada llamada corporate governance.
¿Cómo pues, repito, devolverle la confianza a los mercados? ¿Privatizando más para abrirle el apetito a la inversión privada nacional y/o extranjera?
Toda privatización trae consigo una pérdida de patrimonio para la nación. Es decir empobrece al país.
Cuando el Estado decide vender una empresa se sitúa automáticamente en posición de debilidad: si quiere vender debe hacerlo de modo que quede en evidencia que quién compra hace un beneficio. Y, en lo posible, muy rápidamente.
Si no es el caso, ¿para qué comprar? Es decir que el Estado debe vender a un valor financiero inferior al valor económico. Por ello se sub-evalúa la empresa que se va a privatizar. No solo en Chile. En cualquier sitio en el que se privatizan activos públicos.
De ahí que la fiebre privatizadora aumentase rápida y exponencialmente: era el mejor modo de hacerse rico en poco tiempo. Y hay quienes compran y venden sus acciones en el mismo día para concretizar rápidamente sus ganancias.
Pero privatizando, ¿se le devuelve la confianza a quién?
Desde luego no a los inversores.
¿Cómo podrían los inversores confiar en un Estado que se hace esquilmar vendiendo a vil precio el patrimonio nacional? En otras palabras, ¿Cómo confiar en un cretino? ¿O en un deshonesto?
Y tampoco se le devuelve la confianza al factor trabajo, ese que suele ser el primer damnificado con las reducciones de personal, las deslocalizaciones, las reducciones de salarios, la precarización.
Menudo problema al que están enfrentados los vencedores. Los capitalistas primarios (neoliberales). Aquellos que escribieron el fin de la historia.
Que la desideologización y la despolitización les importe un bledo, se entiende. ¡Pero la pérdida de confianza en el mercado!... Eso debe importarles.
Esa pérdida de confianza que hace temer a Felix G. Rohatyn que el capitalismo
no sobrevivirá.
Menudo problema en verdad. Porque si el elemento estructurante de la vida en sociedad ya no reposa en el Contrato Social, ni en la racionalidad del mercado ¿la vida en sociedad se sustenta en qué?
La sociedad civil -los ciudadanos-, no logra encontrar una expresión coherente en el Estado político.
¿Cómo se expresan las libertades ciudadanas para millones de pobres e indigentes?
¿Qué significa el crecimiento para cientos de miles, millones de desempleados?
¿O la seguridad para los pobladores víctimas de la delincuencia que engendra la miseria?
¿De qué manera ven el progreso los estudiantes sin recursos?
¿Qué son los adelantos científicos para las familias sin servicios médicos?
La Constitución legada por la dictadura transformó el Estado en instrumento de los poderosos, para mantener a raya a los débiles y el maquillaje operado por Lagos no hace sino perpetuar esa función.
El Estado no representa sino a quienes lo transformaron en la alcahueta de sus propios intereses. Tal vez ello explique que casi 50% de la ciudadanía no se inscriba, no vote, o vote blanco o nulo. Al imponer el neoliberalismo en Chile la dictadura dio un gran salto atrás: un salto atrás de siglos.
Cuando el Estado deja de representar los intereses de la nación, la nación se desinteresa del Estado...
Por eso es conveniente preguntarse una y otra vez: si el elemento estructurante de la vida en sociedad ya no reposa en el Contrato Social, ni en la racionalidad del mercado... ¿La vida en sociedad, el orden civil, se sustenta en qué?
NOTAS DEL AUTOR
(1)Durante el homenaje a Salvador Allende en el Palacio Presidencial.
(2)Patricio Aylwin, presente en la ceremonia, continua insistiendo en que la transición terminó durante su mandato.
(3)Dicho sea de paso Jovino Novoa, líder de la UDI, piensa y declara lo mismo.
(4)Capítulo I, Art. 1 del texto mamarracho.
(5)«El Contrato Social» - J.J. Rousseau Ed. Mateos Madrid, 1999.
(6)Enrique López Castellón. Prólogo a la citada edición del Contrato Social.
(7)De ahí la calidad de ciudadano, miembro de la ciudad, y parte de la soberanía ciudadana.
(8)Pueblo, y en ningún caso gente, que en el latín genus quiere decir familia o tribu. El pueblo, del latín populus, es el conjunto de ciudadanos que ejerce derechos y respeta deberes adoptados libremente.
(9)Pinochet y sus secuaces por dar un ejemplo
(10)J.J. Rousseau. Op. cit.
(11)«Les mensonges de léconomie; J.K. Galbraith. Ed. xxxx Paris. 2004
(12)Modelo económico conocido impropiamente como neoliberalismo, y que no es sino la imposición de las tesis del capitalismo primitivo y primario.
(13)p.ej.: 50% de abstención, voto blanco o nulo, y/o de no inscripción en los registros electorales en Chile. Para no hablar de los USA. O de Francia en donde más del 60% de los menores de 35 años no votó en las últimas elecciones parlamentarias.
(14)A la desaparición de Andersen, motivada por fraude, estafa y prevaricación, se suman los centenares de millones de dólares de multa pagados por Merrill Lynch y KPMG con el exclusivo fin de parar los procesos que la justicia de los EEUU llevaba adelante precisamente por fraude, estafa y prevaricación
Es lo que se llama la transparencia de los mercados.
(15)Ya sabes: Enron, Worldcom, Tyco, Parmalat, Ahold, los laboratorios, los bancos, las empresas de telecomunicaciones, y un largo, larguísimo etc.
‘…DONDE LA TRAICION PRETENDE IMPONERSE’
Por Máximo Kinast (12 de septiembre de 2005)
http://www.elclarin.cl/
"El Presidente Allende, en su mensaje final, dijo: ´Llegarán otros hombres para superar este momento gris y oscuro`. Creo que esta llegando el momento de superar ese momento gris y oscuro".
S. E. Don Ricardo Lagos Escobar, 11 de septiembre de 2005
Con temor y reverencia tomo las palabras del Compañero Presidente, Dr. Salvador Allende, para titular este texto, porque es necesario recuperar la memoria que 32 años después, Su Excelencia, Don Ricardo Lagos Escobar, actual Presidente de Chile, esta perdiendo.
Para citar al Compañero Presidente se requiere humildad y respeto. Especialmente el respeto por las palabras exactas que pronunció en momentos tan solemnes, pocas horas antes de pagar con su vida su compromiso con el pueblo de Chile, mientras el palacio de La Moneda era bombardeado por aire y tierra.
El Compañero Presidente dijo: ‘Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. SUPERARAN OTROS HOMBRES ESTE MOMENTO GRIS Y AMARGO, DONDE LA TRAICIÓN PRETENDE IMPONERSE’.
Esa es la frase completa y así debe citarse, completa, para no salirse del contexto, para no cambiar la idea de lo que quiso decirnos en sus últimas palabras. Palabras premonitorias que –a la luz de los acontecimientos de nuestros días- nos alertan contra la traición que pretende imponerse.
Su Excelencia, Don Ricardo Lagos Escobar cree que ‘esta llegando el momento de superar ese momento gris y oscuro’ y quizás para dar mayor énfasis a sus palabras repite dos veces la palabra ‘momento’ en la misma frase y redunda en lo oscuro del color gris. Sin entrar en temas gramaticales, que solo menciono de paso, el fondo de la cuestión es que parece que Su Excelencia cree que ha llegado el momento de esos ‘otros hombres’ que menciona el Compañero Presidente en su último discurso. ¿No es un poquito pretencioso de su parte?
¿Y que ha hecho Su Excelencia para creerse merecedor de ese tan grande honor?
En el excelente artículo de Patricia Verdugo titulado ¿De qué se trata, Presidente?, ella cita seis movidas hacia la implantación de una Ley de punto final, de los cuales el primero, el engendro jurídico de la Presidenta del Consejo de Defensa del Estado sobre la ‘amnistía impropia’ inventando con la finalidad de defender a la cúpula de la DINA, cae dentro de la responsabilidad de Su Excelencia. El cuarto movimiento, designar al momio pinochetista Rubén Ballesteros como Ministro de la Corte Suprema, es de la autoría de Su Excelencia y de toda su responsabilidad. El quinto movimiento, también corre por cuenta del actual Presidente de Chile. Me refiero al indulto del criminal que degolló al dirigente sindical Tucapel Jiménez, sin arrepentirse y antes de que cumpliera la mitad de una pena ridícula por lo exigua, de sólo ocho años de cárcel por tan feroz crimen. Por último, el sexto movimiento, cuando la UDI presenta un proyecto de ley de punto final, son los senadores designados por Su Excelencia quienes avalan y apoyan la iniciativa. Es lícito suponer que como mínimo actúan con el consentimiento de Su Excelencia, si no lo hacen cumpliendo órdenes directas del Presidente de la República.
Todo eso que ha hecho Su Excelencia se llama -en el lenguaje llano y transparente del pueblo de Chile- atornillar al revés. Estas acciones públicas alejan a Su Excelencia de la referencia que el Compañero Presidente hiciera sobre ‘otros hombres’.
A mi juicio –y posiblemente al de muchos, especialmente familiares y víctimas- Su Excelencia, Don Ricardo Lagos Escobar, parece estar reflejado en la frase siguiente del Compañero Presidente, esa frase lapidaria: ‘…donde la traición pretende imponerse’.
Recordemos, como un homenaje, lleno de respeto, las últimas palabras del Compañero Presidente para que no haya confusiones. El Dr. Salvador Allende dijo:
‘Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días estuvieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista da a unos pocos.
‘Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron, entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos... porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente, en los atentados terroristas, volando puentes, cortando la línea férrea, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder: estaban comprometidos. La historia los juzgara.
‘Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegara a ustedes. No importa. Lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos, mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal a la lealtad de los trabajadores.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. SUPERARAN OTROS HOMBRES ESTE MOMENTO GRIS Y AMARGO, DONDE LA TRAICIÓN PRETENDE IMPONERSE. Sigan ustedes sabiendo que, mucho mas temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis ultimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, será UNA LECCION MORAL QUE CASTIGARA LA FELONIA, LA COBARDIA Y LA TRAICION".
Palabras del Presidente de Chile, Dr. Salvador Allende Gossens, el 11 de septiembre de 1973."
La Ley Lagos de punto final
Por Máximo Kinast 09/09/2005)
Habla tan bien el Presidente. Dice la cosas con tanta seriedad, que uno desea creerle, uno esta predispuesto a creer en lo que dice y cuesta un enorme esfuerzo pensar y pensar y analizar sus palabras, para saber cual es la verdad verdadera que se esconde en esas medias verdades que parecen enteras, pero que no lo son.
Sobre la Ley de punto final. Por ejemplo, ha dicho:
"Lo que he dicho es que es un tema que queremos ver cómo se analiza en el Parlamento y oportunamente haremos ver nuestros puntos de vista. Nada más. Me parece muy bien, creo que es propio de un debate parlamentario posiciones a favor y posiciones en contra, pero que son la expresiones de la democracia".
Ricardo Lagos
-¿Qué está ocurriendo en Chile?
Patricia Verdugo, en un excelente artículo que se difunde hoy por Internet, titulado ¿De qué se trata, Presidente?, dice: ‘Aquí hay gato encerrado, Presidente. Se lo oye maullar. ¿Estará en alguna habitación del Palacio de La Moneda? ¿O en la oficina de la jueza Chevesic, en la Corte de Apelaciones?’
A ver si juntando pedacitos podemos llegar a la madre del cordero, como decimos en Chile cuando del quid del asunto se trata.
Patricia Verdugo denuncia de manera impecable e implacable que se esta gestando un ‘nuevo pacto de impunidad’ y describe seis movidas que demuestran sin lugar a dudas de que se esta cocinando una Ley Lagos de punto final.
-¿Pero, Ricardo Lagos se esta mojando en una Ley de punto final?
Si, afirmativo, como dicen los militares. La iniciativa de los senadores Hernán Larraín y Jorge Arancibia está patrocinada por los legisladores Edgardo Boeninger y Enrique Silva Cimma, en beneficio de ex uniformados y agentes del Estado. Boeninger y Cimma son Senadores designados por el Presidente Lagos. ¿Queda alguna duda?
-¿Pero por qué Ricardo Lagos querría colar una Ley de punto final?
Parece evidente que hay un pacto con la Derecha para transar, ahora que la jueza Chevesic está a punto de procesar a Lagos por los manejos MOP-GATE.
Lagos es hábil en estas maniobras. En el Caso Clarín, ahora que parece que tiene perdido el juicio contra la libertad de prensa, en una jugada maestra, desconoce la autoridad del Tribunal (que ya había aceptado al iniciarse el juicio) para no verse obligado a cumplir la sentencia.
La movida de ahora es un gambito o una ‘transa’ como dicen en Argentina: Tu te olvidas del MOP GATE y yo me cargo los Derechos Humanos con una Ley de punto final. ¿Va quedando claro porque Lagos se esta mojando?
-¿Pero, bueno, Lagos es de izquierda, no?
No. Lagos es de la Red Set. Es de esa ‘izquierda light’ que pactó la transición con los militares y con Pinochet. Esa ‘izquierda’ que hizo lo imposible por conseguir que se fugara de Londres el Innombrable.
-Pero, Máximo, ¡esa es una exageración que no puedes probar!
Claro que puedo probarlo. Cristo lo dejó bien claro. Los perales dan peras y los manzanos dan manzanas y a los hombres se les conoce por sus obras. Y entre las obras de Lagos están las cosas que ha dicho y las que hace. Entre las que ha dicho, dijo: ‘Suscribo todo lo que dice la Fundación Paz Ciudadana’. Esa fundación es una organización tenebrosa, creada y dirigida por Agustín Edwards, el dueño de El Mercurio, el mismo que recibió –según papeles de la CIA- millones de dólares de manos de Kissinger y de Nixon para ‘desestabilizar’ Chile. Edwards es el creador de la política del terror y el inspirador del desabastecimiento que usaron los uniformados para justificar su política de Terrorismo de Estado. ¿Nos vamos ubicando?
Para que quede más claro todavía, Agustín Edwards es el hombre que cena en privado, una vez al mes con Ricardo Lagos y los dirigentes de la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril), en otras palabras ‘la patronal’.
Ahora así se entiende que nombre momios pinochetistas para el Tribunal Supremo, que indulte a criminales que ni siquiera se han arrepentido, que intente terminar el ‘problema’ de los Drechos Humanos desde inventar ‘mesas de dialogo’ hasta dar el apoyo del Consejo de Defensa del Estado a los genocidas y esta nueva Ley Lagos de punto final que se esta cocinando ‘por el bien superior del país’.
-¿De qué se trata, Presidente? Ha preguntado Patricia Verdugo
A mi leal saber y entender se trata de negociar entre dos derechas (lo denunció el Diputado Aguiló en marzo del 2002) la impunidad para los delincuentes del MOP GATE a cambio de la impunidad, el olvido y el perdón para los genocidas, por el bien superior de las clases dirigentes de Chile.
SIGUE EL ARTICULO DE PATRICIA VERDUGO,
PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO
A Ricardo Lagos:
¿De qué se trata, Presidente?
Por Patricia Verdugo
Aquí hay gato encerrado, Presidente. Se lo oye maullar. ¿Estará en alguna habitación del Palacio de La Moneda? ¿O en la oficina de la jueza Chevesic, en la Corte de Apelaciones?
No lo sabemos, Presidente, pero lo intuimos. Y por eso las encuestas dicen que la mayoría ciudadana (63 por ciento) no lo respalda en lo que está haciendo. No lo apoya en su decisión de indultar al asesino de Tucapel Jiménez. Entre los jóvenes, ese rechazo sube al 71 por ciento. Y esperamos que esa mayoría ciudadana tampoco lo apoye en su ‘bendición’ al proyecto UDI de punto final. Porque es eso, punto final, una potente señal de impunidad para que los tribunales vayan cerrando los casos de derechos humanos.
¿Sabe, Presidente, cuánto nos costó llegar hasta los niveles de justicia que hoy tenemos? Diecisiete años y medio de dictadura y quince años y medio de transición. Total: treinta y tres años. Ha sido un largo y doloroso tiempo en el cual luchamos primero contra una dictadura que negaba los hechos y ante Tribunales de Justicia que –salvo honrosas excepciones- amparaban a los criminales y no a las víctimas. Un tiempo en que tuvimos también que lidiar con los extraños ‘consensos’ de la transición que –de tanto en tanto- volvían a pactar la impunidad. Nos ocurrió con Aylwin, con Frei y ahora nos sucede con usted.
Arduo trabajo nos tomó hacer abortar los proyectos de impunidad de los años 90. Y durante su mandato –cuando la impunidad se disfrazó de ‘demencia senil’- seguimos avanzando hasta lograr otros desafueros para el general Pinochet y hasta encarcelar nuevamente a los jefes de la ex DINA.
Y justo cuando estábamos avanzando como nunca antes, comenzó a gestarse este nuevo pacto de impunidad. Un pacto que, hasta ahora, tiene seis movimientos en el tablero.
Primer movimiento, fines de 2004: su presidenta del Consejo de Defensa de Estado planteó la ‘amnistía impropia’, un engendro jurídico inexplicable, en defensa de la cúpula de mando de la DINA. Los tribunales rechazaron la tesis y condenaron al general Contreras y sus criminales asistentes. Usted tuvo que inventar una segunda cárcel militar en Peñalolén. ¿Razón? Ya habíamos logrado copar las celdas de Punta Peuco, esa cárcel-hotel militar que ordenó construir el Presidente Frei y cuyo decreto usted se negó a firmar como ministro de Obras Públicas. Otros tiempos.
Segundo movimiento, comienzos de 2005: el presidente de la Corte Suprema anunció el cierre de los procesos en un plazo máximo de seis meses. Logramos anular la medida.
Tercer movimiento, agosto de 2005: la Sala Penal de la Corte Suprema decidió la prescripción de un caso, inaugurando la sorprendente tesis de que en Chile ‘no hubo guerra’. Mire qué curioso, Presidente, justo cuando los tribunales nos estaban dando la razón, justo cuando el argumento pinochetista de ‘sí hubo guerra’ (avalado por un decreto-ley) nos permitía invocar los Convenios de Ginebra y el carácter imprescriptible de los delitos.
Cuarto movimiento: usted designa al derechista-pinochetista Rubén Ballesteros como nuevo ministro de la Suprema.
Quinto movimiento: usted indultó sigilosamente al asesino de Tucapel Jiménez y, cuando la prensa lo hizo público, se limitó a explicar que lo hizo ‘por el bien superior del país’.
Sexto movimiento, septiembre de 2005: la UDI presenta un proyecto para limitar las condenas de militares a diez años de cárcel y la remisión de penas para los criminales uniformados mayores de 70 años. Bueno, no sólo fue la UDI. El partido pinochetista fue acompañado por dos senadores designados de la Concertación (Boenninger y Silva Cimma) que no arriesgan su reelección porque nunca fueron electos por el pueblo y no se presentan como candidatos en diciembre próximo. ¡Qué mejores emisarios del mensaje presidencial! Y usted, como era de esperar, ‘valoró’ la iniciativa y habló de cerrar heridas con miras al futuro.
Seis movimientos en el tablero político, con la música de fondo puesta por la jueza Chevesic y su investigación acerca de lo ocurrido en el Ministerio de Obras Públicas cuando usted fue ministro. ¿Por qué no cambiamos la música y pedimos escuchar una copia de su discurso titulado ‘No hay mañana sin ayer’?
Seis movimientos que parecen seis puñaladas, Presidente. Y la última llega cuando se cumplen 33 años del golpe militar. Quizás podríamos pedir que se escuchara una copia del último discurso del Presidente Salvador Allende, aquel donde dice que ‘superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse’.
Porque no sólo se trata de traicionar la legítima demanda por justicia para las víctimas de violaciones de derechos humanos, perpetradas por agentes del Estado en nombre de una criminal política de Estado para exterminar a los disidentes. Se trata, Presidente, de traicionar la legítima demanda de los chilenos de hoy para construir una nación fundada en sólidos principios éticos. Si no lo hacemos, ponemos en riesgo a los chilenos de mañana. La impunidad garantiza la repetición de la tragedia.