Blogia
Máximo Kinast Avilés

RESPUESTA A CHEYRE

César Hildebrandt

En el técnicamente quebrado diario “El País”, que pasó del filosocialismo al protopirañismo por defender de un modo descarado el imperio deudor de Jesús de Polanco y herederos, el general pinochetista Juan Emilio Cheyre se ha permitido hablar de la debilidad institucional del Perú y de la amenaza que se cierne sobre Chile si nuestro país, de pronto, no acepta el fallo arbitral del Tribunal de La Haya.

Cheyre, que ahora es un jubilado pero que fue un oficial activísimo cuando las hordas nazis de Pinochet convertían la democracia chilena en un basural que nadaba en sanguaza, se aferra a las declaraciones del general Donayre y las pinta como emanadas de una tendencia nacional y castrense y no como lo que realmente fueron: la licencia de un palurdo que hablaba de una invasión chilena y que, recordando las humillaciones peruanas sufridas durante la invasión real del siglo XIX, prometía que, en esa hipótesis, los nuevos Lynch, los nuevos violadores de mujeres, los nuevos incendiarios de Chorrillos, los nuevos ladrones de la Biblioteca Nacional del Perú saldrían, esta vez, “en ataúdes o en bolsas”.

Y es que Cheyre no les cuenta a sus lectores de “El País” qué hicieron sus antecesores de igual rango cuando tomaron Lima y la mantuvieron cautiva hasta 1883. Y no les cuenta porque algo de vergüenza “institucional” debe quedarle a este fascista que hoy funge de académico.

“...el gobierno de Chile...lamentó que el Perú no hiciera honor al deber de ejercicio de la autoridad presidencial ante afirmaciones belicistas...”, dice Cheyre con su sintaxis de tanque “Leopard”.

A Cheyre le habría gustado que García hiciera con Donayre lo que su padre putativo Pinochet hizo con el general FACH Gustavo Leigh, cuando éste le recordó que la junta militar era “institucionalmente de las tres armas y no un asunto personal”. ¿Recuerda usted, Cheyre, lo que hizo su jefe, el copiosamente ladrón y vastamente asesino general Pinochet? Pues expulsó a Leigh de la junta, con la ovación de pobres diablos “institucionalistas” como usted, y después lo mandó matar echando mano a sicarios de la DINA al mando del coronel Contreras. Leigh sobrevivió apenas, perdió un ojo y desapareció de la escena. ¿A eso llama usted, Cheyre, “autoridad presidencial”?

Y en cuanto al belicismo, Cheyre, ¿quién puede creerle, excepción hecha de esa escombrera en venta que hoy se llama “El País”?

Acusar al Perú de belicismo desde un país que ha gastado en la última década doce mil millones de dólares para renovar sus fuerzas armadas, que emplea el 10 por ciento de los ingresos de la Corporación del Cobre en seguir armándose y que ha hecho de la fuerza bruta un principio histórico en sus relaciones con el Perú es algo que sería gracioso sino fuera siniestro. Y es siniestro porque viene de un hombre que encarna la tradición de un ejército sin honor, de un país que ni siquiera respetó el tratado que puso fin a la Guerra del Pacífico y de una vocación depredadora que ayer codició el salitre (y lo obtuvo) y hoy aspira a engullirse al Perú entero (y lo está logrando con la anuencia de gobernantes y felipillos que algún día serán juzgados como se lo merecen).

¿Usted, Cheyre, que representa a un ejército que remataba a los heridos a bayonetazos y se llevó las estatuas de mármol de Lima, habla de “un ilícito internacional”?

¿Qué clase de bruto es usted al mencionar “la dignidad de la persona humana” cuando el ejército que habla por usted asesinó a más de 3,000 chilenos? ¿Era digno de la persona humana lo que hacían en Villa Grimaldi, lo que le hicieron a Víctor Jara, lo que padecieron los presos dopados que eran arrojados al mar, atados de pies y manos?

¿Dónde sirvió usted en esa época? ¿En qué casa de los espantos hizo de teniente diligente, de capitán sumiso, de cómplice callado? ¿O era usted, Cheyre, de los que disfrutaba de las torturas y de las ratas en la vagina de las prisioneras? ¿O es que fue de esos “internacionalistas” que brillaron en la Operación Cóndor, concebida en Santiago para matar regionalmente?

El Perú padece de muchos males, pero su ejército no tiene las manos ensangrentadas como el suyo. El suyo, Cheyre, demostró su salvajismo afuera y adentro, en Lima y en Santiago, sin la razón y con la fuerza.

Aquí, Cheyre, los militares que robaron o están presos o están sometidos a juicio. Aquí buena parte de los que violaron los derechos humanos -en magnitudes radicalmente menores en relación a lo sucedido en Chile- están pagando lo que tenían que pagar, empezando por “Chinochet”, es decir Alberto Fujimori. ¿Podría decir usted lo mismo de Pinochet, que se murió a los 90 sin que el pétalo de un proceso lo molestara? ¿O ya no recuerda que fueron el juez Garzón y los ingleses los únicos que se atrevieron con su “paladín”?

Y, por último, Cheyre, no mienta usted una vez más en relación a Donayre. Este señor no fue despedido “como un héroe”. Todo el Perú sensato lo despidió con vergüenza, no por lo que dijera sobre una hipotética segunda invasión chilena sino por lo poco que hizo por las fuerzas armadas y lo mucho que hizo para que de él se rieran los políticos, empezando por el presidente de la República.

El Perú -y no hablo de este gobierno felizmente pasajero- quiere la paz con sus vecinos. Pero no aceptará la paz subordinada, la paz asustada, la paz siempre amenazada que ustedes nos proponen. Como no aceptará que secuaces de Pinochet como usted, Cheyre, nos vengan a dar lecciones de “derecho internacional” y “respeto a las instituciones”.

No se equivoque, Cheyre. No siempre el Perú tendrá a Alan García de Presidente ni a Hugo Otero de embajador ni a García Belaunde de “canciller”. No siempre todo será LAN y Collique y grañas y romeros y malinches. Vendrán tiempos de serena dignidad para el Perú. No siempre seremos su Capitanía.

1 comentario

David Bernardo Valencia Martínez -

César, está muy bien que le pongas un tapaboca a esto mente-militari que cual Rambo se pasan contando películas a si mismos, y nos vienen con sus mierdas de cuentos. Los milicos por lo menos en Chile son muy dados a las fábulas, Hans Cristian Andersen es un enano en estas materias, si se trata de compararlos con los mimetizados, se pintan historias de victorias, que solo en sus mentes habitan, pero se niegan como quien está jodido del mate cuando se trata de los innumerables cagazos, cuando en su propia tierra han hecho escarnio de las poblaciones civiles, que con justeza reclaman respeto e igualdad; ellos de continuo salen a defender a los amos.