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Máximo Kinast Avilés

Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando…

Escribe Luis Casado – 19/07/2013

Al día siguiente de la bajada de Longueira los grupos económicos que controlan el país siguen ahí.

La prensa obediente encontró un hueso que roer mientras un panorámico coro de plañideras lamenta la ausencia del candidato pinochetista, sin cuyas eminentes cualidades y sin cuyo “líerahgo” nadie imagina siquiera que Chile hubiese podido llegar a ser la maravilla que es hoy en día.

La sospechosa unanimidad de la política parasitaria pone en evidencia la misión común: conservar incólume el modelo institucional y económico heredado de la dictadura. La calculada serenidad del editorial del Mercurio, barco insignia del conservatismo, prueba que todo sigue igual y que no hay peligro en lontananza: todo está bajo control.

Los grupos económicos que se reparten Chile coparon el comando de Bachelet.

Javiera Blanco dejó la Dirección Ejecutiva de la Fundación Paz Ciudadana –controlada por Agustín Edwards y los grupos Luksic y Matte– para transformarse en vocera principal de Bachelet.

Un ramillete de economistas neoliberales que opera al servicio de los mismos grupos económicos –de Alberto Arenas y Eduardo Engel, a René Cortázar (director de La Polar en la época de las estafas masivas), Eduardo Bitrán y José de Gregorio, pasando por Guillermo Larraín y Andrea Repetto– fueron entronizados por la propia Bachelet en nombre de la “diversidad de ideas” (!).

Era el precio a pagar para contar con el apoyo y la benevolencia del puñado de privilegiados que posee en propiedad lo que consideran su “Club privado” y que otros llaman Chile.

Con esos economistas al mando no hay ningún peligro de ver infiltrarse alguna veleidad “social” en el ambiguo programa de la candidata, admitiendo que hubiese alguna. Para evitar el más mínimo riesgo de contagio reformista, Bachelet aceptó muy voluntariamente, ¿podía ser de otra manera?, una vacuna de caballo.

Lo esencial está a salvo. Las vicisitudes de la Alianza sólo contribuyen a consolidar la idea que –a la hora de preservar el legado de Jaime Guzmán y de los Chicago boys– Bachelet, Escalona, Girardi, Gómez, Andrade, Walker y compañía son mucho más confiables.

Queda por ocuparse de lo que realmente importa: cómo reducir la presión de la calle, al menor costo posible, y sin poner en cuestión el modelo económico. A juicio de los marionetistas que mueven los hilos en la oscuridad, dos o tres limosnas y un par de maquillajes debiesen bastar. A eso se resumen los cambios que Bachelet puede ofrecer.

Si entre quienes cogobiernan desde hace 24 años aparecen contradicciones menores, ambiciones personales y ansias de protagonismo, los grupos económicos controlan ambas coaliciones. Allí hay alternancia pero no hay alternativa.

¿Las bajadas a repetición de los candidatos de la UDI?¿La mejor manera de designar el enésimo candidato de la Alianza? ¿Un candidato de la UDI y otro de RN, o bien un candidato único?

Seriamente… ¿A quién coños le importa?

 

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