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Máximo Kinast Avilés

LAS ELECCIONES EN FRANCIA

Perspectivas y prospectivas  

Escribe Luis Casado – 19/04/2012

 

   

Se entiende por perspectiva geométrica, en el sentido del Renacimiento, las convenciones por las cuales se puede representar en una superficie limitada los efectos de la percepción visual. Paolo Flores d’Arcais, filósofo italiano y director de la revista Micromega, entrega su visión de la campaña presidencial francesa, vista desde una perspectiva distinta, la suya, una que viene del extranjero si aun podemos osar llamar así a un país tan imbricado en la realidad francesa y europea como Italia.  

“Vista desde el extranjero, dice Paolo Flores d’Arcais, la campaña por la elección presidencial en Francia muestra una rareza: el candidato de izquierda Jean-Luc Mélenchon es presentado como un ‘extremista’…”.

 

El autor explica su punto de vista:

“La rareza es que el programa de Mélenchon (que quiere para todos los trabajadores un salario mínimo elevado, y a la inversa, un límite a los ingresos estratosféricos de los managers, una lucha sin tregua contra la evasión fiscal, una prioridad para las energías renovables sobre la nuclear, una brida a la libertad salvaje de la finanza y el capital) puede gustar o no gustar. Pero la síntesis de este programa, uno puede leerla, a menudo en letras doradas y siempre en mayúsculas, en todos los edificios públicos franceses: ‘LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD’ ”.

 

Esta incongruencia le parece al filósofo italiano un verdadero disparate. Por eso agrega:

“Es realmente extravagante que un programa que se limita a tomar en serio lo que es la razón de ser de la república, y que debiese por ello constituir la principal corriente ética y política de la inmensa mayoría de los franceses, sea calificada de extremista”.

 

Con esta reflexión Paolo Flores d’Arcais no hace sino poner en evidencia el gigantesco retroceso de la democracia en el continente europeo, comenzando por la propia Italia gobernada por un tecnócrata designado a dedo, que nunca obtuvo los votos necesarios ni siquiera para ser miembro de un consejo municipal. Por eso llama, con una inquietud fácilmente perceptible, a reflexionar sobre este tema:

“…Cuando un país encuentra normal el definir como extremistas los valores cruciales de las democracias, y juzga por el contrario ‘realista’ la separación creciente entre los valores invocados en las banderas y proclamados por las Constituciones, y una política que pisotea cotidianamente esos valores, son los fundamentos mismos de la democracia los que están en peligro”.

 

No sólo en Europa se ha llegado al extremo de calificar de irrealista toda medida concreta que pudiese apuntar a la justicia social y económica, y al respeto de los derechos más elementales de la ciudadanía. Quienes se apuntan al ‘realismo’ declaran con desparpajo que sólo el mercado puede decir la ley, la virtud, lo bueno y lo malo. Agregándole además, sin sonrojarse, el mérito de la ‘racionalidad’. Para medir el grado de racionalidad y de realismo que trae consigo el mercado basta con examinar la gigantesca crisis financiera, económica, social y política en que se debaten Europa y el mundo tras 30 años de neoliberalismo. Paolo Flores d’Arcais saca las conclusiones de todo lo que precede al afirmar:

“Esto significa, si la lógica aun tiene sentido, ¡que realismo político y abrogación de los fundamentos de la legitimidad democrática van unidos, y que la realpolitik exige una subversión de la democracia!”

 

La descalificación del candidato del Frente de Izquierda como extremista, según el autor de la nota, no está centrada en aspectos secundarios:

“No, es verdaderamente el programa, es realmente ‘LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD’ lo que aparece como insoportable e indigesto”.

 

Si tras casi 40 años de autocracia esto no encierra ninguna novedad para un chileno normalmente constituido, en Europa despierta dolorosos recuerdos: dictaduras, guerras, discriminación, miseria, crímenes contra la humanidad. Esa prospectiva comienza a inquietar cada vez más a los pueblos del viejo continente. Este domingo el electorado francés tiene una ocasión de oro para señalarle al mundo que los hijos de la Gran Revolución no se dejarán aplastar sin lucha: para hacerlo basta votar por el ‘extremista’ Jean-Luc Mélenchon.

 

 

Louis Casado

Editor de Politika

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