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Máximo Kinast Avilés

COLOMBIA: LAS COSAS SE DESHACEN COMO SE HACEN

Por Gloria Gaitán

Hasta ahora no me había atrevido a hacer propuestas públicas en el intento de "abrirle trocha a la negociación del conflicto armado", utilizando expresiones tomadas del título de  un importante escrito elaborado por  los académicos colombianos Humberto Vélez Ramírez, Jorge E. Salomón y Nelson Andrés Hernández, que va anexo a la presente nota y que ha inspirado las reflexiones que aquí consigno, junto con un artículo que recibí del ELN titulado “De Gaitán al Polo”, que para nada me gustó, pues a pesar de que elogian a mi padre,  relatan simplemente anécdotas de su vida, que los lleva – equivocadamente– a decir que Gaitán era liberal, simplemente reformista y respetuoso del institucionalismo, sin entender la esencia de su pensamiento político que lo condujo a diseñar una original táctica, que resultó exitosa.

 

Esa visión circunstancial de Gaitán le ha hecho mucho daño al proceso revolucionario colombiano, porque ha impedido que se comprenda que para hacer la revolución existen muchas vías y caminos. Pienso que es casi peor conocer mal las raíces de nuestros hechos históricos que desconocerlos en lo absoluto.

 

Y para conocer la historia en todo su contenido, es necesario bucear en los hechos, porque los hombres que han cambiado el rumbo de la historia en lo político, lo económico, lo artístico, lo social, son seres que han sido capaces de ver e imaginar “más allá de lo obvio”.

 

Cuando reflexiono sobre ello, pienso en los curitas contemporáneos de Galileo. ¿Cómo iban a creerle a alguien que decía que el sol estaba quieto, cuando ellos veían con sus propios ojos que el sol salía al amanecer, atravesaba el cielo y se ocultaba en el horizonte cuando llegaba la tarde? De la misma manera, cuando digo que mi papá no era liberal, no me entienden y me dicen “¡Pero si Gaitán murió siendo jefe único del Partido Liberal! Difícil explicarles que mi papá afirmaba que no existe el libre el albedrío y que nos movemos, no por voluntad de la razón, sino impulsados por el subconsciente, donde subyacen quistes psicológicos, como el apego delirante por un apelativo aún sin otorgarle contenido ideológico alguno y que por eso es más fácil hacer cambios profundos en lo programático, con viejos nombres, que tratar de imponer unos nuevos para abrirle paso a esas ideas. Su fracaso en el Unirismo y su éxito como socialista en el Partido Liberal, sin cambiar de lenguaje ni propósitos, así lo demostró. Hay caminos que son más eficientes que otros, dependiendo del tiempo y el lugar y mi convicción es que hoy en día, para alcanzar un cambio, el mejor camino es el abandono de las armas para luchar por la vía de la legalidad.

 

Que el sol no se mueve y que no existe el libre albedrío ha sido comprobado científicamente hoy en día, a pesar de que las apariencias lo rechacen. En cuanto al libre albedrío, los neurosicólogos, con técnicas actuales de punta, han logrado demostrarlo y es por eso que, entre muchos otros científicos fundamentalmente alemanes y norteamericanos, que también lo afirman, el profesor Gerhard Roth, investigador del cerebro en la Universidad de Bremen, dirá: La sensación de que yo soy dueño de mis actos, sujeto consciente que actúa, es ilusoria. El cerebro decide antes de trasmitirme la sensación de que quiero hacer lo que me dispongo a hacer... El libre albedrío no es tan dueño de sí mismo como a él mismo le agrada creer”.

 

Difícil aceptarlo, pues la mayoría de las religiones organizadas nos han hecho creer que somos el centro de la creación y no parte integral de ella. Nos creemos hechos, ni más ni menos, que a “imagen y semejanza de Dios”. ¿Cómo aceptar entonces que la tierra no es el centro del Universo y que lo que nosotros somos anida en nuestro subconsciente, siendo él el que nos ordena y nos manda?

 

Tengo la convicción de que, al originarse la lucha armada a raíz del genocidio al Movimiento Gaitanista y el asesinato de mi padre -porque obligó a muchos de sus seguidores a adentrarse al monte para defender sus vidas, huérfanos del líder que hasta ese momento alzaba su voz para denunciar el exterminio de que eran objeto sus partidarios– se hace necesario, como condición ineludible para encontrar las vías de la paz, resolver el impacto psicológico que marcaron esos hechos originales de violencia que, como impronta, quedaron grabados de manera indeleble en el imaginario colectivo,

 

Fue con aquella persecución a un pueblo, que avanzaba con Gaitán inexorablemente hacia el poder y a quien con la violencia le frustraron sus esperanzas, cuando se sembró la idea de que las vías pacíficas estaban definitivamente cerradas en Colombia para un cambio social y justiciero. Dentro de aquellos gaitanistas perseguidos por las autoridades, se encontraban, aún siendo muy jóvenes, Manuel Marulanda, alias Tirofijo y Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, ambos ulteriormente comandantes, respectivamente, de las FARC y el ELN y este trauma se ratificó con el genocidio a la UP y el asesinato de sus líderes.

 

Pero bien sabido es que el principio general de que las cosas se deshacen como se hacen, también opera en el campo de la lucha armada.

 

Por lo tanto, creo indispensables:

 

1°. Que la guerrilla y los civiles que reflexionan sobre el proceso de paz, conozcan a fondo a Gaitán y el por qué lo mataron exactamente ese día 9 de abril de 1948 y no en otro momento.

 

2°. Que no se siga repitiendo esa imagen superficial e inocua de Gaitán, donde se le alaba por la descripción de su parábola vital de combatiente, desconociendo simultáneamente el sub fondo teórico que orientó sus ideas, sus acciones y su táctica, porque el decurso de su vida es irrepetible y, por lo tanto, insubstancial e inofensivo para el día de hoy, mientras que sus ideas y la táctica que generó son un acervo ideológico de importancia trascendental para el futuro proceso de paz. Pero, para ello, hay que ir más allá de lo obvio, de lo aparente, que es lo que ha sido transmitido por el “sentido común”, que mi padre calificaba como “el estúpido sentido”.

 

3°. Que el Estado colombiano y los Estados Unidos pidan perdón por el genocidio al Movimiento Gaitanista, para lo cual es indispensable que se reabra la investigación, donde se determinará judicialmente quiénes fueron los culpables, estableciendo si algunos de ellos aún viven para ser castigados.

 

Estos tres puntos requieren un proceso previo, porque “la realidad es imaginación” y, para cambiar nuestra forma de actuar, previamente debemos modificar nuestra percepción de las circunstancias que nos rodean.

 

Para cambiar la percepción de la coyuntura es necesario que los actores del conflicto transformen la evaluación que tienen de las condiciones presentes. Para ello creo importante:

 

a)    Que los revolucionarios reconozcan, después de estudiar a Gaitán y conocerlo a fondo, que él era, indiscutiblemente, un revolucionario, como ellos lo son, pero que optó por unas tácticas de lucha adecuadas al momento histórico que vivía Colombia, lo que significa que no sólo se es revolucionario si se opta por la lucha armada.

 

b)   Que se acepte que las tácticas de lucha, fundamentadas en los paradigmas del cuerpo de doctrina de Gaitán -visionarias y futuristas- fueron políticamente exitosas y que hoy por hoy Gaitán, dadas las circunstancias específicas actuales, habría llegado por la vía electoral a la Presidencia de la República, como han llegado ahora –entre otros– Evo Morales, Chávez y Correa, por lo cual no es válido afirmar que la prueba fehaciente de que el camino legal no es válido para una revolución en Colombia es el hecho de que Gaitán fue asesinado. Se trata de un  sofisma, donde se confunde tiempo y lugar, afirmación que queda  invalidada si se analiza comparativamente el momento histórico que se vivía en 1948, enmarcado en el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando  los Estados Unidos habían puesto en práctica los planes de Marshall, que tuvo carácter económico en Europa y político en América Latina, en su intento por frenar el avance comunista como fruto del papel heroico de Rusia en la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día no es necesario frenar el avance del comunismo porque ya no avanza, ni la Unión Soviética de antaño es una potencia mundial. En cuanto a China, si eso es comunismo, probablemente también lo era la Inglaterra de la Revolución Industrial.

 

c)    Que se reconozca que Jorge Eliécer Gaitán no era liberal sino socialista. Que su presencia en el Partido Liberal representaba una táctica fundamentada en el reconocimiento de que “lo importante de un frasco no es su rótulo sino su contenido”, sabiendo que la gente se aferra a los nombres, a manera de quistes psicológicos, que solo el tiempo –mucho tiempo después– se logra cambiar.

 

d)    Reconocer que su lucha la encaminaba hacia un proceso revolucionario en lo político, lo social y lo económico, sin ser marxista, ni comunista, lo que implica que la revolución no sólo es patrimonio de quienes profesan los principios ortodoxos del marxismo. Este reconocimiento permitiría terminar con los conflictos internos y permanentes de la izquierda, que la debilitan, con lo cual se verá con más claridad que la lucha cívica sí es viable.

 

Y, por parte del Estado y el gobierno colombianos:

 

a)    Que reconozcan que el crimen de Gaitán no fue un acto aislado de un individuo desquiciado, sino que fue un crimen de Estado, que hizo parte del genocidio al Movimiento Gaitanista, hecho comprobado ampliamente en los memoriales de agravios dirigidos por Jorge Eliécer Gaitán al entonces Presidente de la República Mariano Ospina Pérez y los señalamientos que, sin tapujos, hizo el líder popular contra el Presidente, señalándolo como responsable de los crímenes de Estado que azotaban al país, además de los centenares de documentos probatorios que están en manos de la familia directa de Jorge Eliécer Gaitán.

 

b)   Que la rama judicial, por conducto de la Fiscalía y la Procuraduría General de la Nación reabran la investigación para establecer quiénes fueron los culpables del crimen, cuáles sus motivaciones y castigar a los culpables que aún están vivos.

 

Sin ese gesto de enmienda, la guerrilla y el país no van a creer que hay verdadera “contrición de corazón” por parte de la oligarquía y se seguirá repitiendo, como lo hace el imaginario colectivo, que en Colombia asesinan y seguirán asesinando a todo aquel que por las vías pacíficas quiera luchar por un cambio social y cuente con posibilidades de éxito.

 

Porque, si esto fuera verdad indiscutible,  de la misma manera podría decirse que la vía armada es un fracaso por el solo hecho de que Camilo Torres y el Che Guevara murieron al tomar ese camino, como Gaitán el de las elecciones.

 

Reconocer que el genocidio al Movimiento Gaitanista fue un crimen de Estado permitirá romper paradigmas incrustados en el subconsciente colectivo. Por lo tanto, es necesario que el gobierno se comprometa a garantizar el libre juego de la democracia y el respeto al Estado de Derecho, borrando los antecedentes que condujeron a la conformación de la guerrilla, para darle vía libre a la acción de las fuerzas populares en su búsqueda por un sistema de gobierno equitativo, justiciero y respetuoso de la vida y la pluralidad.

 

Pienso que las condiciones para que se cumplan estas premisas están dadas, pues cada día son más los militantes de izquierda que pregonan la necesidad de una desmovilización de la guerrilla, donde se garantice la vida de sus integrantes y su accionar en el marco de la civilidad.

 

Pero también es cierto que la guerrilla debe buscar en los acuerdos de paz garantías para retomar el camino de las vías legales, truncadas el 9 de abril de 1948, pero sin pretender que esos acuerdos conduzcan a la revolución, sino que simplemente permitan, de manera real y efectiva,  regresar al camino civilista que se perdió hace 62 años, o sea, alcanzar una paz sin claudicaciones, ni de uno ni de otro lado, sino buscando garantías cívicas que permitan modificar la táctica, para que los revolucionarios cuenten con un espacio que, de lograr el apoyo popular, les permita culminar con el triunfo de las metas e ideales por las que hasta ahora han combatido.

 

Creo que demostrar que las tácticas de Gaitán tendrían hoy todas las garantías para llegar al poder, respetando la vida de sus seguidores y de su líder, abriría el camino para comprender que la hora presente es momento para retomar el hilo conductor interrumpido con su muerte violenta, continuando esa lucha por las vías legales. Pero, mientras la guerrilla no tenga las garantías de que un movimiento como el Gaitanista tendría el pleno respeto del Estado, no es posible que se logre la desmovilización.

 

Pienso, como lo señala el artículo antes mencionado, titulado “Abriéndole trocha a un nuevo modelo de negociación del conflicto armado”, que nadie está mejor situado que el Presidente Juan Manuel Santos para entender que es totalmente imposible derrotar a la guerrilla por la vía armada y que, por lo tanto, si se busca la paz,  es necesario llegar a un diálogo y a una negociación entre guerrilla y gobierno.

 

Hace falta que la guerrilla también entienda y perciba que, dada la coyuntura presente,  tampoco podrá llegar al poder por la vía armada y que en la actualidad existe la posibilidad de concretar caminos legales para lograr el cambio que proponen. Pero también es indispensable que no pretendan que los diálogos de paz tengan como propósito hacer la revolución –como en varias ocasiones se los he escrito– sino que es un camino para cambiar de táctica pero no de objetivos.

 

Para hacer claridad sobre cuál fue el camino exitoso de Gaitán, que barrió electoralmente a los partidos tradicionales en 1947, abriéndole indefectiblemente las puertas al triunfo electoral en las elecciones presidenciales que tendrían lugar en 1950, es necesario conocer a fondo su cuerpo de doctrina científico que forjó su táctica, por lo cual iniciaré, a partir del 23 de septiembre próximo, una serie de escritos que permitirán analizar al Gaitán profundo y no al anecdótico y superficial, conocido por la generalidad de la gente. Lo haré en esa fecha para resaltar un acto de importancia crucial en el avance del gaitanismo, como fue la Convención Popular realizada en el Circo de Toros de Santamaría el 23 de septiembre de 1945, cuyo recuerdo prácticamente ha sido enterrado en el olvido, quedando solamente vivo el impacto que produjo la violencia contra el Movimiento Gaitanista y su líder.

 

En resumidas cuentas, si es verdad que las cosas se deshacen como se hacen, es necesario pensar y actuar en torno a un nodo crucial del imaginario popular, que marca y define la percepción de realidad que tiene el pueblo colombiano sobre el acontecer político. Se trata del impacto que hasta hoy ha tenido en el subconsciente colectivo el colapso que tuvo lugar el 9 de abril de 1948, cuyas secuelas psicológicas ha dejado, por un lado, a aquellos que, desde la izquierda, piensan sinceramente que sólo las armas llevarán al pueblo al poder, como resultado del hecho de que el gaitanismo, que estaba ad-portas de triunfar electoralmente, fue abortado con la violencia y el crimen de Estado. Por el otro lado han quedado quienes, agobiados por el conflicto armado, piensan que la única vía es la mano violenta contra los insurgentes.

 

Por lo tanto, para abrir la puerta del diálogo, cuya llave no ha botado al mar el Presidente Santos, como lo dijera ayer en acto público, no bastan gestos claros y definidos por parte de la guerrilla. También se requieren esos gestos por parte del gobierno, a fin de que los colombianos de izquierda tengamos la seguridad plena de que se respetará el libre juego de la democracia, la verdadera, la que se enmarca en el respeto al Estado de Derecho, sin chuzadas, sin falsos positivos, sin que se viole la Ley y la Constitución. Es decir, donde sea abolido, de una vez por todas, el maquiavélico principio del “todo vale”.

 

Una señal sería –y no lo digo por oportunismo sino por su elemental aplicación– que la preservación de la memoria de Gaitán no esté en manos, como ahora, de quienes para ello violan la Ley y la Constitución, calumnian, levantan acusaciones temerarias e infundadas, declarando que hay que enterrar su memoria, además de haberlo asesinado, tal como lo hemos padecido los familiares del líder popular durante estos últimos ocho años.

 

Es condición sine qua non, para que una nueva percepción de los hechos nos permita caminar hacia un proceso de paz firme y duradero, borrar las huellas de pesimismo con relación a las vías pacíficas, que produjo la persecución y exterminio físico a los militantes del gaitanismo y el asesinato de Gaitán, así como el atentado a su memoria, lo que ha dado como resultado -de uno y otro lado- que solo se piense en la violencia como solución a los problemas del país, o bien para tomarse el poder o bien para impedir que triunfen los insurrectos. Es por ello que el conflicto ha perdurado desde entonces.

 

No se trata aquí del conocido objetivo de “justicia, reconciliación y paz”, sino de conocer a fondo nuestra historia para visualizar, en toda su dimensión,  que aquel trauma no es una maldición que, sistemática e inevitablemente, ha de repetirse en Colombia si el pueblo nuevamente va camino hacia el poder por las vías legales.

 

Estoy convencida de ello, porque –además de ser víctima paradigmática de la violencia y haber sufrido los más violentos embates en mi persona y en la de mi familia contra su memoria- he estudiado intensa y metódicamente, durante 50 años, el tema de Gaitán y el gaitanismo en todas sus facetas y lo conozco a fondo, por lo que puedo decir,  sin pecar de pedantería, que lo domino como nadie y que eso mismo me lleva a pensar que, de conocerse en profundidad su pensamiento y su táctica, nos será posible retomar el camino de la paz, dejado trunco con el magnicidio de mi padre.

 

Bogotá, agosto 14 de 2010

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