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Máximo Kinast Avilés

COLOMBIA: ASÍ ERA MI PADRE

Para el día de la madre

Por Gloria Gaitán                                        

 

Jorge Eliécer Gaitán, mi padre, fue un hombre visionario. Pensó en la humanidad, en la política y en la ciencia con mirada futurista. Nació en los Andes colombianos en el siglo XX, el 23 de enero de 1903, pero reflexionó y luchó para el siglo XXI y esa capacidad de avizorar el futuro se lo debió a su mamá, una mujer extraordinaria que dedicó su vida a formarlo, a orientarlo y a consolidar en él un carácter fuerte e indoblegable ante las dificultades.

 

Cuando escribió su tesis de grado, que hasta el día de hoy tiene validez en sus planteamientos, titulada Las Ideas Socialistas en Colombia (que más bien debería llamarse Las Ideas Socialistas para el siglo XXI), que todos los revolucionarios de hoy deberíamos leer, su obra la dedicó a su mamá con estas palabras:

 

A MI MADRE

con el tributo pleno de mi amor ardentísimo;

a ella, faro en mis tinieblas, puerto en mis

naufragios, caridad y bálsamo en el dolor

cruel de mis heridas.

 

Fue entonces mi abuelita la que lo alentó a dedicar su vida, con profunda disciplina y consagración total, a los más pobres, a creer en ellos y admirar la capacidad que tienen los más humildes de enfrentar con valor a quienes los someten y los desprecian. Las lecciones de vida que le dio su mamá y su propia experiencia, le permitieron exclamar la frase que los colombianos tenemos grabada como tatuaje indeleble en nuestro memoria histórica: EL PUEBLO ES SUPERIOR A SUS DIRIGENTES.

 

Mi abuela se llamaba Manuelita Ayala Beltrán y la bautizaron así porque era descendiente de la gran heroína de la independencia neogranadina: Manuela Beltrán. De modo que mi papá creció en un medio donde se admiraba a la mujer luchadora y donde su propia madre era un ejemplo de virtudes, lo que lo convirtió en un gran feminista, en la época en que dominaba el machismo y a las mujeres no se les daba un espacio para salir de sus casas a estudiar, a trabajar, a luchar políticamente, a realizarse como seres humanos integrantes de una sociedad que las menospreciaba. Como fue varias veces parlamentario,  adelantó fuertes debates en el Congreso de la República de Colombia para que a la mujer se le diera un trato igualitario al del hombre, exigiendo que el hombre participara en ese proceso de liberación de la mujer. Allí dijo: “La mujer no puede transformarse ella sola en el sentido primitivo de nuestros métodos, de nuestras costumbres, de nuestra vida, porque toda nuestra actividad social está incidida por el criterio de la superioridad del varón. De ahí que seamos nosotros quienes estemos obligados a crear el ambiente que le permita educarse, encauzándola hacia actividades que le son profundamente necesarias para su liberación”. 

 

Doña Manuelita, como le decía con respeto todo el mundo por ser una gran educadora, se había licenciado como maestra y cuando mi papá se posesionó como Ministro de Educación, recordando el oficio de su mamá,  terminó su intervención diciendo: “Y si algo me faltara, ahí está lo primero, la dulce maestra de escuela, hoy peregrina de la eternidad, quien con su ejemplo me enseñó que en el camino del bien lo imposible no es sino lo difícil, mirado por ojos donde no ha nacido la fe y ha muerto la esperanza”.

 

Esa es una gran lección para todos nosotros y en especial para las mujeres que somos mamás. Cuando nos dicen que fue con el ejemplo como él aprendió a superar los obstáculos, porque es el ejemplo el que educa, si nosotras queremos que nuestros hijos no vivan la vida de humillaciones que hemos vivido, la pobreza y el marginamiento que los pobres padecen, debemos enseñarles con nuestro ejemplo a nuestros hijos y a nuestras hijas que nada es imposible y que las cosas se logran cuando somos disciplinados y le ponemos empeño al propósito de salir adelante.

 

En una cartica que me mandó mi papá - y que desafortunadamente perdí porque el gobierno de Alvaro Uribe Vélez me allanó el lugar donde yo guardaba mis libros, mis recuerdos, mi archivo familiar con las cartas de amor que se cruzaron mis padres y las cartas que mi papá me escribió cuando yo era chiquita, así como los libros de caricaturas que yo le hacía a él para sus cumpleaños burlándome de la oligarquía que quería acabar con el Movimiento Gaitanista, además de mis muñecas que él mismo me regaló y a las que yo sentaba como si estuvieran en un teatro para que él les hiciera discursos, como lo hacía cada vez que jugaba conmigo - en esa cartica, digo,  que me robaron en ese allanamiento abusivo e ilegal me decía: “Ayer estuve a ver la película de la cual tanto me habías hablado, o sea “Fuego de Juventud”. No sé por qué encontraste que el final de ella era injusto debido a que la niña que amaba su caballo no se había ganado el premio. Es verdad que no se ganó el dinero ofrecido, pero en cambio, como recordarás, triunfó en su propósito y vio coronado su esfuerzo, su trabajo y su tenacidad, llenando de orgullo a los suyos que veían en la niña un noble ser capaz de hacer sacrificios para vencer todos los obstáculos que se oponían a lo que quería su voluntad. Cuando vuelvas conversaremos de esto que es interesante”.

 

Allí me hablaba de las cualidades que también le exigía al pueblo: esfuerzo, trabajo, tenacidad y capacidad de sacrificio para vencer obstáculos. Un pueblo o un individuo, hombre o mujer,  que no tenga esas virtudes, jamás podrá salir del estado de pobreza a que ha sido sometido por sus explotadores. Esa es la gran lección que heredó de mi abuela y que me transmitió a mí, como su única hija, y al pueblo latinoamericano por quien entregó su vida el 9 de abril de 1948, a manos de un sicario contratado por la CIA , como lo confesó el agente norteamericano John Mepples Spirito, lo que explica que el FBI haya declarado en el año 2005 que quemó todos sus archivos sobre Jorge Eliécer Gaitán y que la CIA se niegue, violando la norma llamada FOIA, a abrir sus archivos en todo lo que se refiere a él.

 

Esa disciplina y fuerza de carácter no es sólo importante para que un individuo, hombre o mujer, salga adelante en lo personal, sino que también es fundamental para derrotar a la oligarquía y al imperialismo. Basta leer las declaraciones de John C. Wiley, embajador de los Estados Unidos en Bogotá quien le escribió al Departamento de Estado un informe sobre mi padre, fechado el 16 de mayo de 1946, donde decía: “Un observador me describió a Gaitán como una persona metódica, paciente y ordenada en su vida privada y en su trabajo, cualidades que constituyen una combinación potencialmente peligrosa con su fino talento para la demagogia y para la agitación política”.

 

Es que un revolucionario que es metódico, paciente y ordenado, como lo fueron Bolívar y mi papá, es alguien que se convierte en un guerrero muy peligroso para el imperialismo y para la oligarquía.

Sí, es verdad, el imperialismo le tenía mucho miedo. Por eso, ese mismo embajador, en su informe dirá de él: “…vemos sus triunfos políticos con considerable aprehensión. Quienes lo conocen aseguran que él no quiere a los Estados Unidos. Gaitán se ha pronunciado a favor de la nacionalización de la banca, cervecerías y empresas de servicios públicos y otras formas de socialismo de Estado, lo cual con el tiempo, puede incluir la industria del petróleo… Gaitán tratará de arrancarle algunas plumas a nuestra águila y elevarse en las alas de la charlatanería. Una política de paciencia y compresión es necesaria y aconsejable. Mientras tanto, el doctor Gaitán será una preocupación política importante y me temo que durará un buen rato”.

Desde muy joven había sido antiimperialista. La primera vez que llegó al parlamento adelantó un fuerte debate contra los Estados Unidos por la explotación de los trabajadores colombianos por parte de la United Fruit Company, la que a través del ejército colombiano había llegado hasta el asesinato para sofocar una huelga obrera donde el sindicato pedía mejores salarios. Fue en aquel entonces cuando dijo:

"¡Jamás sobre nuestro suelo sagrado ha de pisar la insolente planta el invasor, porque nuestro orgullo lo impide y porque para poder satisfacer sus oscuros designios las naves imperialistas tendrán que navegar sobre la púrpura encendida de nuestra sangre joven! ...Yo sé bien que Colombia como todo país débil está amenazada por mil peligros y que se necesita la fiereza brava de todos sus hijos para defenderla contra la avalancha del imperialismo que transita ante todo sobre las paralelas de la economía. Nuestro nacionalismo no es odio a los ciudadanos de otros países, sino un sentimiento idealista que se acendra en el orgullo de sabernos fuertes, de sabernos dignos, independientes y soberanos".

Esa formación de carácter y de valores fue lo que hizo grande a mi papá, junto con haberle hecho comprender al pueblo lo importante que es y el potencial de capacidades, de lucha y de esfuerzo que tiene. Porque a la oligarquía le interesa y le conviene que el pueblo sea flojo, que no asuma su destino en sus propias manos sino que esté mendigando de los poderosos que le regalen una casita, que le hagan el favor de darle un puesto o una bequita. Así pueden tenerlos esclavizados mientras esperan con la mano tendida que les hagan favores.

 

Además de haber sido parlamentario, fue, como ya vimos,  Ministro de Educación y luego Ministro de Trabajo y Prevención Social. También fue Alcalde de Bogotá. Pero en esos últimos tres cargos no duró, en ninguno de ellos, más de ocho meses, porque cuando presentó sus proyectos revolucionarios para la educación y el fomento desde el Ministerio del Trabajo de la organización combativa de los trabajadores y en la Alcaldía de Bogotá presentó un plan de ordenamiento urbano que le daba prioridad a la vivienda popular, pues lo sacaron rapidito para que sus ideas no se fueran a hacer realidad. Pero lo más triste fue que en la Alcaldía , el Presidente de la República de Colombia en ese momento, Alfonso López Pumarejo, que era su enemigo soterrado, compró a los choferes de taxi para que le hicieran una huelga, porque mi papá quería dignificarlos haciendo que los dueños de los carros estuvieran obligados a pagarles un traje como el que usaba la gente de la alta sociedad, porque sabía que se acababan las diferencias aparentes si el pueblo abandonaba la ruana y se vestía con ropa igual a la del patrón. El pueblo no entendió y  esa huelga fue el pretexto para sacarlo de la Alcaldía de Bogotá.

 

Yo oigo decirle a todo el mundo:“Si a Jorge Eliécer Gaitán no lo hubieran matado el 9 de abril de 1948 Colombia sería muy distinta y sería un país en paz y prosperidad”. Y yo digo no, las cosas hay que verlas de otra manera: Mi papá fue candidato a la presidencia en 1946. También estaban otros dos candidatos: uno, Mariano Ospina Pérez, escogido como candidato por la oligarquía conservadora y Gabriel Turbay, escogido como candidato por la oligarquía liberal. El pueblo votó en su mayoría por Ospina, el representante de la oligarquía conservadora, con 500.000 votos. Luego el pueblo votó por el candidato de la oligarquía liberal con 400.000 votos y dejó de último a Gaitán con 300.000 votos. Además se abstuvieron de votar un millón y medio de personas que estaban en capacidad de votar. Sí, así fue, 1’500.000 personas no votaron y 900.000 votaron por los candidatos oligarcas. Esas dos millones cuatrocientas mil personas derrotaron a mi papá el 5 de mayo de 1946. Entonces yo digo, si el pueblo hubiera votado por el candidato que iba a cambiar la suerte del país, Colombia no estaría como está. No le echemos siempre la culpa a los demás. Nosotros tenemos que reconocer que somos responsables de nuestro destino en todos los campos de la vida, en lo personal, en lo familiar y en lo colectivo, que es el campo de la política.

 

Eso también lo pensaba él y por eso, cuando como Ministro del Trabajo visitó Barrancabermeja, donde ayudó a fortalecer la USO , que es el sindicato de los trabajadores petroleros de Colombia y planteó allí la necesidad de crear ECOPETROL, para que el petróleo fuera propiedad del estado colombiano, así como su explotación, los trabajadores petroleros lo rodearon y comenzaron a decirle: “Doctor Gaitán, aquí no tenemos agua para bañarnos después de salir del trabajo”. “Doctor Gaitán, aquí no nos pagan cumplidamente lo que nos corresponde por prestaciones sociales”. “Doctor Gaitán… esto y aquello…”. El los dejó hablar y cuando terminaron les dijo: “Yo no he venido aquí a escuchar lamentaciones de tangos argentinos. Yo no quiero ver a un pueblo arrodillado llorando sus desgracias. Yo quiero ver al pueblo de pies luchando él mismo por salvar su destino”. Es que no aceptaba que el pueblo fuera pedigüeño. El quería que el pueblo tuviera dignidad y que tuviera el orgullo de batallar él mismo para alcanzar las metas que se había impuesto.

 

Cuando propuso acabar en Colombia con la Democracia Representativa , dijo: “Lo que queremos es la democracia directa, aquella donde el pueblo manda, el pueblo decide, el pueblo ejerce control sobre los tres poderes de la democracia burguesa: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y que, además, garantice la equidad en el aspecto económico. Allí donde el pueblo es el pueblo, el pueblo ordena y ejerce un mandato directo sobre y en control de quienes han de representarlo. Todo esto exige trabajar honda y apasionadamente en el cambio de una cultura, que despierte en el pueblo voluntad para regir directamente sus destinos y exige un profundo cambio constitucional para disponer de una Constitución acorde con la necesidad de un mandato popular directo sobre los destinos de la patria, que elimine los filtros que la democracia burguesa establece y defiende”.

 

La verdad es que no se puede alcanzar una verdadera democracia directa, una democracia participativa, una democracia protagónica, si el pueblo no le pone voluntad y esfuerzo para regir directamente sus destinos. Una democracia participativa y protagónica necesita de un pueblo que no esté mendigando favores, sino de un pueblo que esté en pie de lucha, trabajando arduamente para construir su futuro, el de sus hijos e hijas y el de la sociedad en la que vive.

GLORIA GAITÁN

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