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Comentario y Conclusión de Máximo Kinast
El artículo (en realidad es un discurso) que me envía Oscar desde Suecia tiene un par de defectos de forma y uno de origen; pero en el fondo es impecable y de gran claridad.
El "defecto" de origen es que proviene de fuentes marxistas. Ha sido tanta la publicidad contra Cuba y contra Fidel, que todo lo que digan queda mediatizado y hay una tentación a rechazarlo sin leer. Muchas veces he dicho que no soy, no he sido –y muy posiblemente- no seré marxista en el resto de mi vida. Eso no me impide reconocer algunos aciertos de Marx y de la Revolución Cubana, sin negar sus defectos (sobre los que se ha escrito demasiado). Sus médicos están ayudando en todo el mundo y gratis. Su población es pobre, pero sus niños no mueren de hambre, como en el resto de países de este planeta. Sólo la estupidez de cada uno puede prohibir buscar la información en todas las fuentes posibles. Sólo la estupidez de cada uno le hará rechazar a priori y sin haber leído, lo que dice este artículo. Es inevitable. La estupidez humana es grandiosa y respeto su derecho a seguir siéndolo.
Entre los defectos de forma esta el citar tres o cuatro veces a Fidel, al que ahora llaman Fidel, como lo hace todo el resto del mundo, sin añadir títulos, pero lo citan en un culto a la personalidad bastante trasnochado. Y no es que las citas no vengan al caso. La crítica es sólo a la forma. El fondo, citas incluidas, es impecable.
Hay otros detalles que no citaré, pero falta una conclusión, que me he permitido añadir.
Cordialmente
Máximo
Estimados, la Unión Europea -calculo- posee en la actualidad un presupuesto de no menos de 160 mil millones de dólares, de los cuales más del 50% de ellos se destina a la subvención de la agricultura, con el objeto estabilizador de los precios de sus productos agrícolas. Es decir, que le pagan al campesino europeo para que no produzca, y de esa manera mantener el actual precio del grano. Los países ricos se dan este lujo mientras que en los países del tercer mundo mueren millones por inanición. A este fenómeno es lo que yo llamo irracionalidad del sistema. Todo el mundo conoce que los Estados Unidos de América subvenciona con miles de millones de dólares a sus agricultores, en su competencia desleal con los países que han firmado, -a conciencia de sus gobernantes-, el Tratado de Libre Comercio, entre ellos , Chile. Al respecto, les recomiendo la actual intervención del cubano Esteban Lazo.
Saludos cordiales/Oscar
CUMBRE PRESIDENCIAL
SOBERANIA Y SEGURIDAD ALIMENTARIA
ALIMENTOS PARA LA VIDA
REALIZADA EL MIERCOLES 7 DE MAYO DE 2008
EN MANAGUA, NICARAGUA.
(Discurso de Esteban Lazo)
Los datos son harto elocuentes. En el año 2005, pagábamos para importar una tonelada de arroz 250 dólares; ahora pagamos 1,050 dólares, cuatro veces más. Por una tonelada de trigo pagábamos 132 dólares; ahora pagamos 330 dólares, dos veces y media más.
Por una tonelada de maíz pagábamos 82 dólares; ahora pagamos 230 dólares, casi tres veces más. Por una tonelada de leche en polvo pagábamos 2200 dólares; ahora 4,800 dólares. Es una situación perversa e insostenible.
Esta realidad impacta en los mercados internos de la mayoría de los países de nuestra región y del mundo, afectando directamente a la población, en particular a los más pobres, y llevando a la indigencia a millones de personas. Hay países que hace sólo unas décadas se autoabastecían de arroz y maíz. Pero las recetas neoliberales del FMI los llevaron a liberalizar el mercado e importar cereales subsidiados de EEUU y Europa, con lo cual fue erradicada la producción nacional. Con el aumento de los precios a los ritmos señalados, un número creciente de personas ya no puede comer estos alimentos básicos. No es sorprendente entonces que acudan a la protesta, que salgan a las calles a buscar cualquier modo de dar de comer a sus hijos.
Como alertara Fidel desde 1996, en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: "El hambre, inseparable compañera de los pobres, es hija de la desigual distribución de las riquezas y de las injusticias de este mundo. Los ricos no conocen el hambre". "Por luchar contra el hambre y la injusticia han muerto en el mundo millones de personas".
La crisis alimentaria que hoy nos convoca, es agravada por los altos precios del petróleo y por el impacto sobre ellos de la aventura bélica en Irak; por el efecto de estos precios en la producción y el transporte de los alimentos; por los cambios climáticos; por el creciente destino de importantes cantidades de granos y cereales de EEUU y la Unión Europea para la producción de biocombustibles, y por las prácticas especulativas del gran capital internacional, que apuesta a los inventarios de alimentos a costa del hambre de los pobres.
Pero la esencia de la crisis no radica en estos fenómenos recientes, sino en la desigual e injusta distribución de la riqueza a nivel global y en el insostenible modelo económico neoliberal impuesto con irresponsabilidad y fanatismo en los últimos veinte años.
Los países pobres que dependen de la importación de alimentos, no están en condiciones de resistir el golpe. Sus poblaciones no tienen protección alguna y el mercado, por supuesto, no tiene la capacidad ni el sentido de la responsabilidad de brindársela. No estamos ante un problema de carácter económico, sino ante un drama humanitario de consecuencias incalculables, que –incluso- pone en riesgo la Seguridad Nacional de nuestros países.
Adjudicar la crisis a un consumo progresivo de importantes sectores de la población de determinados países en desarrollo con crecimiento económico acelerado, como China e India, además de ser un planteamiento insuficientemente fundamentado, entraña un mensaje racista y discriminatorio, que ve como un problema que millones de seres humanos tengan acceso, por primera vez, a una alimentación digna y saludable.
El problema, como se expresa en nuestra región, está esencialmente ligado a la situación precaria de los pequeños agricultores y de la población rural de los países subdesarrollados, así como al papel oligopólico de las grandes empresas transnacionales de la industria agroalimentaria.
Éstas controlan los precios, las tecnologías, las normas, las certificaciones, los canales de distribución y las fuentes de financiamiento de la producción alimentaria mundial. Controlan también el transporte, la investigación científica, los fondos genéticos, la industria de fertilizantes y los plaguicidas. Sus gobiernos, en Europa, Norteamérica y otras partes, imponen las reglas internacionales con que se comercian los alimentos y las tecnologías e insumos para producirlos.
Los subsidios a la agricultura en los EE.UU. y la Unión Europea no sólo encarecen los alimentos que éstos venden, sino también imponen un obstáculo fundamental para el acceso a sus mercados de las producciones de los países en desarrollo, lo que incide directamente sobre la situación de la agricultura y de los productores del Sur.
Se trata de un problema estructural del orden económico internacional vigente y no de una crisis coyuntural que pueda resolverse con paliativos o medidas de emergencia. Promesas recientes del Banco Mundial de destinar 500 millones de dólares devaluados para aliviar la emergencia, además de ridículas, parecen una burla.
Para atacar el dilema en su esencia y sus causas, se requiere someter a examen y transformación las reglas escritas y no escritas, las acordadas y las impuestas, que hoy gobiernan el orden económico internacional, y la creación y distribución de riquezas, particularmente en el sector de la producción y distribución de alimentos.
Lo decisivo realmente hoy es plantearse un cambio profundo y estructural del actual orden económico y político internacional, antidemocrático, injusto, excluyente e insostenible. Un orden depredador, responsable de que –como dijera Fidel doce años atrás- "Las aguas se contaminan, la atmósfera se envenena, la naturaleza se destruye. No es sólo la escasez de inversiones, la falta de educación y tecnologías, el crecimiento acelerado de la población; es que el medio ambiente se deteriora y el futuro se compromete cada día más".
Al mismo tiempo, coincidimos en que la cooperación internacional para enfrentar este momento de crisis, es impostergable. Se requieren medidas de emergencia para aliviar con celeridad la situación de aquellos países donde ya se producen disturbios sociales. Se necesita también lograr un impulso en el mediano plazo para estimular planes de cooperación e intercambio, con inversiones conjuntas que aceleren en nuestra región la producción agrícola y la distribución de alimentos, con un firme compromiso y una fuerte participación del Estado. Cuba está dispuesta a contribuir modestamente en un esfuerzo de esa naturaleza.
El Programa que hoy nos propone el compañero Daniel, en un empeño por aunar el esfuerzo, la voluntad y los recursos de los miembros del ALBA y los países de Centroamérica y el Caribe, merece nuestro respaldo. Presupone el claro entendimiento de que la actual situación alimentaria mundial no es una oportunidad como piensan algunos, sino una crisis muy peligrosa. Entraña un reconocimiento expreso a que nuestro esfuerzo debe dirigirse a defender el derecho a la alimentación para todos y a una vida digna para los millones de familias campesinas hasta hoy expoliadas, no a aprovechar la ocasión para intereses corporativos o mezquinas oportunidades comerciales.
Hemos discutido con amplitud sobre el tema. Ahora lo que corresponde es actuar unidos, con audacia, solidaridad y espíritu práctico.
Si ese es el objetivo común, se puede contar con Cuba.
Concluyo recordando las previsoras palabras expresadas por Fidel en 1996, que todavía resuenan por su actualidad y hondura: "Las campanas que doblan hoy por los que mueren de hambre cada día, doblarán mañana por la humanidad entera si no quiso, no supo o no pudo ser suficientemente sabia para salvarse a sí misma."
Muchas gracias.
INTERVENCION DE ESTEBAN LAZO HERNANDEZ, VICEPRESIDENTE DEL CONSEJO DE ESTADO DE LA REPUBLICA DE CUBA EN LA CUMBRE PRESIDENCIAL SOBERANIA Y SEGURIDAD ALIMENTARIA, ALIMENTOS PARA LA VIDA, REALIZADA EL MIERCOLES 7 DE MAYO DE 2008, EN MANAGUA, NICARAGUA.
CONCLUSIÓN
Creo que la Humanidad tiene pocas posibilidades de sobrevivir al neoliberalismo. La destrucción ha sido devastadora, incluyendo las ideas, el medio ambiente, las estructuras sociales, los usos y costumbres y la bio diversidad entre otros ítems.
Lo más perverso ha sido el endiosamiento del dólar (Consenso de Washington), una moneda que no tiene respaldo y que su abundancia es tal que se podría comprar cientos de veces todo el planeta con los que existen, sin contar con que la maquinita de fabricarlos sigue funcionando sin parar.
En esta situación es más que Urgente, es DE VIDA O MUERTE, la necesidad de unirse entre los pueblos para evitar que en vez de alimentos, los gobiernos y USA nos sigan metiendo el dedo en la boca. Y ninguna de mis dos afirmaciones es un eufemismo.
Cordialmente
Máximo
Para encarar el reto actual de alimentar al mundo, los gobiernos deberán garantizar que los pequeños campesinos accedan a la tierra, a las semillas y al agua, que protejan los mercados locales de alimentos y que apoyen a agricultura y la ganadería campesina sostenibles. Estas políticas permitirían a millones de familias campesinas vivir decentemente y con dignidad, y contribuirán a sanear el medio ambiente terrestre herido. Mientras estallan los disturbios por hambre en todo el mundo, dirigentes mundiales como Pascal Lamy (Director General de la OMC), Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Secretario General de la ONU Ban Ki-Moon están alertando de los peligros del proteccionismo. Según el señor Ban, “Más comercio, no menos nos sacará del agujero en el que estamos” (1) Durante la década pasada, la comida se ha convertido en una mercancía en los mercados mundiales igual que cualquier otro bien, como las motocicletas o las camisetas de algodón. La alimentación ha sido siempre negociada en los mercados internacionales, pero las reglas del juego cambiaron dramáticamente en 1995, cuando el acuerdo en la OMC sobre la agricultura entró en vigor. Muchos países que hasta entonces producían suficiente comida para su propia alimentación fueron obligados a abrir sus mercados a productos agrícolas del extranjero. México comenzó a importar maíz, Indonesia arroz, Europa soja. Al mismo tiempo, la mayoría de las regulaciones estatales sobre existencias de reserva, precios, producciones o control de las importaciones y exportaciones fueron desmanteladas gradualmente. Como resultado, las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas de todo el mundo no han sido capaces de competir en el mercado mundial. Se arruinaron. En Europa, una explotación desaparece cada minuto. En el mundo en vías de desarrollo, ser agricultor o ganadero no es considerado como un trabajo; es un estado de pobreza. Bajo las reglas del comercio libre, la protección de los alimentos se ha convertido en un crimen. El proteccionismo se ha convertido en una palabra sucia. Mientras tanto, los países se ha convertido en adictos a las importaciones de alimentos baratos, y ahora que los precios se están disparando, la fea cabeza del hambre está creciendo. El 30 de abril, el anterior Secretario General de la ONU, Kofi Annan, dijo que África podría alimentarse a sí misma. “África no puede continuar viviendo de comida importada o de subsidios a la alimentación”, dijo a la BBC. El movimiento internacional de campesinos La Vía Campesina, con sus cientos de millones de miembros en África y en todo el globo, está de acuerdo con estas palabras. Estamos convencidos que los países pueden y deben alimentarse a sí mismos. El movimiento ha defendido la soberanía alimentaria durante más de una década, firmemente convencido de que los mercados locales y las pequeñas explotaciones sostenibles son la más eficaz y limpia manera de producir alimentos. Proteger la producción nacional es el derecho de todo país a proteger a sus propios habitantes del hambre y de permitir a sus propios campesinos vivir con dignidad. El mercado es, desde luego, una herramienta muy útil cuando permite que se cumplan las necesidades de las mujeres, de los hombres y de los niños. Pero esto reina cuando la lógica del provecho comienza a devastar la propia supervivencia de las personas. Por ejemplo, cuando se vuelve más rentable utilizar maíz y soja para producir combustible que para alimentar seres humanos. Teniendo en cuenta las consecuencias mortales de la actual adicción a la importación de alimentos, es obvio que la ayuda alimentaria no resolverá la actual crisis; sólo incrementará la dependencia. Ni la agricultura industrial ni los OMG son la solución, ya que consumen grandes cantidades de energía fósil, destruyen el medio ambiente y dejan a los pequeños campesinos fuera del negocio. Para encarar el reto actual de alimentar al mundo, ha llegado ahora el tiempo para que los gobiernos garanticen que los pequeños campesinos accedan a la tierra, a las semillas y al agua, que protejan los mercados locales de alimentos y que apoyen a agricultura y la ganadería campesina sostenibles. Estas políticas prácticas permitirían a millones de familias campesinas vivir decentemente y con dignidad, y contribuirán a sanear el medio ambiente terrestre herido. Y alimentarán al mundo. Proteger vidas es una maravillosa palabra. www.ecoportal.net Henry Saragih es Coordinador Internacional de La Vía Campesina La Vía Campesina Referencias: (1) http://recorta.com/94cfb5
www.viacampesina.org
Fuente: www.tienescorreo.com/correo/textos-curiosos/
¿Qué es la Bolsa de Valores? …
La siguiente historia sirve para definirla.
Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local, indicando que estaba dispuesto a comprar cada mono que le trajeran por $10.
Los campesinos, que sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar los. El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar.
Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque.
Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno.
Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenia negocios que atender en la ciudad, dejó a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos.
Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles: Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes los monos por $35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno.
Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del ’jefe’. Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.
Ahora sí tienen ustedes una noción bien clara de cómo funciona el mercado de valores y la bolsa.
NOTA DE MÁXIMO KINAST: Ahora es fácil comprender por qué y cómo se pudo comprar un importante banco de los Estados Unidos por un seis por ciento de su valor en Bolsa. Es fácil deducir que si un Banco esta sobrevalorado en 16 veces su precio de venta real, la mayoría de las empresas que cotizan en Bolsa valen -en el mundo real- entre diez y veinte veces menos que su valor en Bolsa. Milagros de la ingeniería financiera, como se llama el truco de robar con guantes blancos.

UNA EXPLICACIÓN DE LA CRISIS MUNDIAL
AL ALCANCE DE CUALQUIERA.
INCLUSO ES COMPRENSIBLE PARA ECONOMISTAS
Por Máximo Kinast
- Son dos monedas por cada recibo, señor.
- Bien, -le digo- muy bien.
Pienso que es un servicio. Hago cuentas y quizás no me sale tan mal pagar dos monedas por recibo en un solo lugar y no verme obligado a una peregrinación por las oficinas de las empresas que venden servicios (teléfonos, luz, agua, gas…). Hay que tener en cuenta que en muchos países sudamericanos no existe el pago por domiciliación bancaria. Quizás por desconfianza, quizás por malas experiencias, quizás por ignorancia, quizás porque es mejor negocio cobrar en las ventanillas. Total, el trabajo de un asalariado es un costo menor. Las personas cuestan menos que las máquinas, incluso mucho menos que el software.
- En este recibo, ¿Cuánto va a abonar, señor?
- 206 con 54, es mi respuesta.
- Con el IPF, señor, son 207 con 94, me dice el cajero
- Bien, -le digo- muy bien.
Esperaba pagar mis recibos y regresar con dieciocho monedas y fracción, pero con estos y otros detalles me quedan sólo siete monedas.
Llego a casa y reviso mejor los recibos. Mmnnn, pago mensual… más gastos… más intereses… más comisiones… ¿Qué será todo esto? ¿En realidad, cuánto me están cobrando? Bueno, el interés es bajo. Sólo un tres por ciento mensual sobre el capital. ¿Sobre el capital adeudado o sobre el saldo insoluto? Porque me parece que es distinto pagar un tres por ciento cada mes sobre los mil que debo inicialmente, o sea, 30 monedas cada mes, que pagar un tres por ciento sobre lo que realmente estoy debiendo después de cada abono mensual. Veamos, si yo he pagado cien (más los intereses), estoy debiendo 900 más intereses (¿sobre mil o sobre novecientos? ¿Debo pagar 30 o debo pagar 27 monedas?).
- Sobre mil, señor, los intereses se calculan sobre el capital
- Bien, -le digo- muy bien.
La explicación es simple. Vamos, algo así como la Deuda Externa. Creo que con eso nos vamos comprendiendo.
Hay un pacto contractual dentro de un marco legal, que he firmado y aceptado. Quizás no leí bien la letra pequeña, pero el Código del Comercio y el Código Civil, más el Derecho Consuetudinario, avalan la legalidad de lo contratado. (¿Será lo mismo legal que justo?) Quizás no sean iguales, pero nos regimos por lo legal.
Y cuidado con los retrasos, impagados, morosidad, etcétera. Los Bancos Centrales en varios países, para desincentivar la tendencia al aumento del consumo (la gente quiere comprar más, porque el país va muy bien, crece sobre el 7% anual), autorizan cobros (que en países ricos serían de Juzgado de Guardia) por estos conceptos. Tres días de retraso en el pago de su cuota mensual y la multa es de un 20% o 30% sobre el monto adeudado (incluyendo los intereses que tampoco has pagado, entre otras cosas porque no te permiten abonar los intereses separados del capital). Digamos que el castigo, por un año de impago esta entre un 240% y un 360% del monto adeudado. Eso por no desincentivarte a tiempo. Porque ya eres grandecito y haber leído lo que firmabas. Mira que todo eso es legal.
¿Y por qué quieren desincentivar el consumo? Esto es un pelín complicado, según dicen los economistas, la mayor demanda genera inflación. En buen romance quieren decir que si la gente quiere comprar, los comerciantes aprovechan el momento y suben sus precios. No es la única fuente de la inflación. Hay otras, como veremos más adelante.
¿Y cuánto me pagan los bancos por mi dinero? Ah, si es en cuenta corriente, donde prima la liquidez inmediata, o sea, que puedes sacar tu dinero cuando quieras, pues nada o casi nada, digamos un dos o tres por mil. ¿Quiere decir que por cada billete de mil monedas que yo dejo en el banco durante un año me darán tres monedas? Si, exactamente eso quiere decir. Y si las dejas por un día, tu banco te dará -en teoría- la 365ava parte de tres monedas. Digo ‘en teoría’ porque antes deducirá los gastos, las comisiones y otras gabelas y en la realidad no te dará nada, porque tu le estarás debiendo por el servicio de guardarte por unos días tu billete de mil.
Bueno, pero es bueno saber que tu dinero, ese billete de mil está seguro. Incluso aunque entren ladrones, el Banco, como es serio, responde y te lo devolverá en el momento que tú lo pidas. Al menos eso dice la propaganda y eso es lo que todo el mundo piensa. Pero no es así. Tu Banco no está obligado a guardar tu billete. (A devolvértelo si está obligado, aunque con reservas y condiciones. Recuerda el ‘corralito’ en Argentina). Su obligación es guardar sólo un porcentaje. Digamos un 20 %. ¿Y que hace con las otras 800 monedas? Pues las presta a alguien que se las pida, al cómodo interés del 1% mensual. Eso, ahora último, porque hasta hace poco prestaban al 5% mensual, más o menos, un sesenta por ciento anual. ¡Casi nada! ¡Vaya negocio, el del Banco!
No, espera, todavía queda algo más. Las 800 monedas tuyas que presta (y sobre las que no te da nada de sus beneficios) las presta con la condición de que la persona que las recibe las deposite en el mismo Banco. De esa forma puede prestar a otra persona el 80% de las 800 monedas y cumplir con la ley de encaje bancario o con el Convenio de Basilea o como se llame eso que les obliga a guardar algo, de verdad, en su caja fuerte o a depositarla en el Banco Central. Y la rueda sigue así hasta el infinito. Creo que no hay límites.
Por su parte, el Banco Central, que es un banco de los bancos, también presta tu dinero a… otros bancos. Con un interés bajo, por cierto, porque el Central también paga muy poco a los bancos que están obligados a dejarle una parte de los dineros que reciben. Además de tu dinero, el Banco Central cuenta con una maquinita de imprenta –y si le peta- la hace funcionar y fabrica más billetes del color que le de la real gana, con lo cual su costo del dinero es sólo el papel, la tinta y el trabajo de la imprenta.
Si hablamos contablemente te puedo decir que el dinero que tu le dejas a tu Banco es su PASIVO, porque ese dinero te lo debe a ti, pero la verdad, como has visto y leído, es un dinero que tu Banco puede prestar o gastar o hacer lo que quiera (excepto con la parte de encaje legal, que suele ser menos del 20% del total que les has dejado). Por el resto, el banco tiene libertad de acción.
Al otorgar créditos, el Banco de alguna forma está ‘creando dinero’, que en realidad es tu dinero multiplicado como si fuesen peces y panes. ¡Casi nada! ¡Vaya negocio, el del Banco!
Pues sí, casi nada. Una menudencia en los negocios de tu Banco. Porque no hemos visto lo que hace con su ACTIVO, que es el dinero que el Banco tiene (aunque en verdad sea el tuyo) y cuando el Banco lo presta a alguien, se transforma en Activo, porque es dinero que alguien le debe al Banco (y se le suman los intereses, comisiones, gastos y cuanta gabela se le ocurra al banco sumarle) y que le han de pagar sí o sí. Vamos ver, por partes. ¿Qué negocio está haciendo tu Banco? Está prestando tu dinero, por el cual te paga una miseria, o dinero del Banco Central (dinero interbancario) por el cual paga muy poco, y cobrando al endeudado un interés muy alto, más cuanta cosa se le ocurra cobrar. Total así se pacta en un contrato legal.
Bueno, pero el Banco está haciendo un servicio, ya que asume el riesgo de que no le paguen. Si, es verdad, o era verdad, porque las cosas han cambiado. Como tu deuda es un Activo (cuentas por cobrar) tu banco las junta con otras deudas, en especial con hipotecas y hace un documento (emite un título en la jerga bancaria) que representa a todo ese paquete de deudas… Y VENDE ESE TÍTULO. ¿A quién? ¿Y por qué alguien va a querer comprarlo? La respuesta es a cualquiera que quiera comprarlo. ¿Pero por qué lo compran? Porque como a ti te está cobrando unos intereses muy altos, le sobra margen para dar parte de esas expectativas de ganancia a otros.
En la realidad no es cualquiera el que compra esos ‘títulos’. Normalmente es una entidad financiera, una AFP o un Fondo de Inversiones. Aunque también, en muchos casos es el propio Banco que se los compra a sí mismo, aunque por intermedio de una entidad creada por el propio Banco, con otro nombre para que no se vea tan feo el negocio. Tiene que ser un nombre bonito, como la II&D International Investment & Development. ¡Queda cojonudo! ¿Y de donde saca el dinero la II&D para comprar mis deudas a mi Banco? Lo saca de un préstamo que le hace otro Banco, mientras el tuyo le presta a la entidad creada por el otro banco. Un cruce de préstamos sin garantía. Bueno, sin más garantías que las que ofrece tu solvencia y tu buena intención de pagar. ¡Casi nada! ¡Vaya negocio, el del Banco!
En realidad, todavía no es un negocio tan grande. Y casi no tiene problema, porque tu eres una persona seria y estas dispuesto a pagar, aunque sea con intereses que no puedo llamar de usura, porque el delito de usura no existe, aunque hace algunos años se habría llamado así: USURA. Ahora digamos que los intereses son un poquito altos. La maquinita de hacer negocios está inventada. ¿Cómo podemos sacarle más jugo? Muy fácil: ¡Haciendo más préstamos a más gente!
Hemos de incentivar el consumo, como se hizo en Estados Unidos, con el sueño americano de la casa propia. Todo el mundo quiso una hipoteca. ¿Sin intereses los dos primeros años y con intereses progresivos los 28 años siguientes? Estupendo. ¿Qué garantías debo dar? Ninguna, con el valor de su casa es suficiente. Porque su casa esta subiendo de precio y seguirá subiendo, porque la mayor demanda incentiva la inflación, de modo que no hay por donde perderse. Tenga el 120% del valor de su casa y pague como quiera… los primeros años. Eso se llamó Créditos NINJA. Créditos a gente sin garantía, sin capital y hasta sin trabajo. Ahora en Chile se llama la ‘Guerra de las Hipotecas’ para disimular, para que no parezca lo mismo.
En el Perú, el Banco Central teme a la inflación como a la peste y por eso sus medidas son para desincentivar estos créditos, pero la inflación se le escapa por otros lados. Uno es la cuestión sicológica: “Si tu subes tus precios, yo también subo los míos”. El otro es que el dólar no vale nada y una forma de evitar que se desplome es fabricar con la maquinita algo de billetes, absolutamente innecesarios, excepto para que con el aumento de la masa monetaria el sol se desvalorice y así desvalorizándose juntos se nota menos que el dólar esta en caída libre. Otro más, el recuso de comprar dólares que no sirven para nada y guardarlos, como quien retira billetes viejos, ayuda a defender lo indefendible… pero provoca inflación.
Bueno, y ahora, ¿de que tamaño es el globo de los préstamos en el mundo? Buena pregunta. Lo lamento, pero no te la puedo responder, porque nadie –ABSOLUTAMENTE NADIE EN EL MUNDO- sabe la respuesta, porque los brockers (intermediarios) como financieras, AFP y entidades fabricadas ad hoc, titularizaron los títulos, o sea, tomaron varios títulos emitidos por tu banco y los juntaron con otros títulos emitidos por otros bancos, hicieron nuevos paquetes y los vendieron por participaciones (o acciones o trocitos) y con ellos hicieron más títulos… ¿El cuento de nunca acabar? Casi, casi, podría haber seguido así indefinidamente, pero hubo un PERO grandote. Alguien no pudo pagar su préstamo y alguien mas. Y de repente descubrió que lo que había comprado con su préstamo valía menos de la mitad de lo que debía, y entonces, alguien decidió NO PAGAR y NO PAGÓ y muchos otros no pudieron pagar y el globo se desinfló. O se está desinflando.
¿Cómo es que se está desinflando y no reventó? Una movida de esa naturaleza es un escándalo, me dirás, y no creerás que no reviente. Pero es así. El globo no reventó, porque la cosa es tan gorda y tan imbricada (uso adrede una palabra complicada para decir que está enredada), que nadie (o muy pocos) han entendido la situación. Y los que la entienden prefieren enredarla más para que no se note. ‘No remenis, que fa pudor’ dicen los catalanes, que viene a significar: ‘No la muevas que huele mal’ ¿Vas comprendiendo? Y por otra razón, tampoco ha reventado. Porque los genios del Tesoro de los Estados Unidos y los muchachos de la FED han encontrado la solución y la están aplicando.
Ah, que bueno, me dirás, el 7º de Caballería no falla. Nuestros ‘americans good fellows’ han salido al rescate de la Humanidad. Es cierto, absolutamente cierto; pero con un pero, muy, pero muy grande. El remedio (o la solución) no te va a gustar. Es muy simple, se trata de fabricar más dólares y con ellos el Tesoro y la FED compran todos los títulos titularizados y por titularizar que se les ocurra. Así nadie pierde dinero.
Bueno, nadie de la gente importante, como los bancos, los brockers y yerbas similares.
Porque el excedente de dinero produce inflación. Y los precios de las cosas suben, pero tus ingresos (a no ser que seas muy pillín o muy importante), tu sueldo no sube. En buen romance, esta jugada que ha creado nuevos multimillonarios, la pagas tu, con tus ahorros y con tus ingresos.
Pero no te quejes, que los bancos no roban. Son negocios de altas finanzas. Tú tienes la culpa si no los entiendes. ¿Quién te mandó endeudarte?
Fecha de publicación: 25/03/08
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos.
Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar.
La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio. Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza trabajo. El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: Para casi todos, esta aventura comienza y termina en la pantalla del televisor. La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.
El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar. Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica.
EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
«Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener. Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas». Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo. Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.
El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación.
Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de los países más desarrollados. Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo. El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico.
Triunfa la basura disfrazada de comida: Esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos.. Esas tradiciones, esas señas de identidad cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.
El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero. El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín.
Un signo de los tiempos: Esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato. McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra... Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla.
La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados. Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: Las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemos campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos. En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio.
Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades.. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse. Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas?
El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.
El shopping center, o shopping mall vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje. Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones. Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas.
La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo? La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: Es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.
| Fuente: http://transgenicos.ecoportal.net | |
Los grupos económicos dominantes no pueden ya silenciar la discusión sobre los alimentos transgénicos, entonces pretenden, a través de los medios masivos de comunicación que también les pertenecen o están comprometidos con ellos bajo una forzosa "obediencia debida", encasillar el tema en la dicotomía de si son o no son perjudiciales para la salud humana, cuando este problema en realidad abarca muchos otros aspectos igual o mas importantes que éste. Para que una plantación de OGM "rinda" ésta debe abarcar un gran espacio de tierra, lo que significa que se debe disponer de la misma o del dinero para adquirirla o arrendarla y cubrir los costos que significa encarar esta producción. Este espacio se ocupa entonces con un solo cultivo (monocultivo) y en manos de una única persona o empresa, cuando antes, en la mayoría de los casos era utilizado para el cultivo de varias especies diferentes (biodiversidad) por muchos pequeños o medianos agricultores. Aquí nos surgen dos nuevos problemas ya que, en primer lugar tenemos el paso de un cultivo diverso a un monocultivo, lo cual causa degradación de la tierra, resistencia a los herbicidas, desaparición de insectos beneficiosos, como los polinizadores, entre otros efectos perjudiciales para el ambiente. El otro problema que también surge como consecuencia directa es el hecho de que muchos pequeños y medianos productores quedan arruinados y endeudados porque se crea una gran dependencia de insumos, semillas OGMs, herbicidas de Monsanto y carísimas maquinarias de siembra directa o porque arrendaron sus tierras a un precio vil para tal vez recuperarlas algún día cuando se hayan vuelto improductivas, o las vendieron por unas monedas pasando a integrar las masas de desocupados o subocupados urbanas y suburbanas. Sólo en Argentina se calcula que hay mas de 300 mil pequeños o medianos productores en estas condiciones, con el problema social que esto significa. También debemos tener en cuenta que algunas especies modificadas genéticamente son contagiosas y pueden infectar a las especies no transgénicas de los campos vecinos. Otro aspecto que no podemos obviar es que muchas veces, para ampliar el terreno cultivable se desmontan grandes extensiones de tierra o incluso se talan bosques enteros, con todos los perjuicios ambientales que esto trae aparejado. Ricardo Natalichio |
| En la primera parte de este artículo, se detallaba, como a lo largo de la historia, diversas armas biológicas llamadas pestes, virus, viruela, influenza, rotavirus, dengue, hepatitis, aflatoxinas, sida, ántrax, entre otras, han sido utilizadas por el hombre con fines macabros e intencionales. Asimismo, se matizó que en nuestros días, la mal denominada biotecnología (porque bio, significa vida), las semillas transgénicas, la revolución verde, los agroquímicos, las aflatoxinas en alimentos, entre otros, constituyen los instrumentos y atentados bélicos más viles que la humanidad ha inventado y autorizado; con el único objeto de anteponer los intereses económicos por encima de los valores fundamentales. De allí pues, es necesario provocar una ruptura con el sistema capitalista y colonizador establecido por los dueños del mundo “las trasnacionales”. Los cuales, no solo consolidan la dependencia agroalimentaria de los países menos desarrollados y confiados, como Latinoamérica, sino que componen una tropa de aliados o mejor dicho terroristas, que manejan y utilizan indiscriminadamente las armas biológicas, perdón quise decir, los productos (agroquímicos, semillas transgénicas, alimentos concentrados, medicinas), que son en definitiva, los causantes de la mayoría de las enfermedades crónicas modernas y esencialmente, de las relacionadas con el desequilibrio inmunológico del organismo. En esa misma dirección, el historiador social y cultural Sheldon Watts, en su libro “Epidemias y poder. Historia, enfermedad, imperialismo”, narra como la medicina occidental no sólo se mostró incapaz de curar plagas como la peste negra, la sífilis, el cólera, la lepra, la fiebre amarilla o la malaria en los tiempos modernos, sino que, sometida al ímpetu colonial, fue de hecho agente e instrumento del imperialismo. Este mismo autor, concluye, que la enfermedad ha sido un elemento para ejercer el control, el dominio y la segregación social a lo largo de la historia, el cual parece un hecho más que indudable, difícilmente discutible (información obtenida en internet). Por tanto, si se compara lo afirmado por Watts y este artículo, se obtendrían las siguientes fórmulas respectivamente: 1) Enfermedad + medicina = agente e instrumento del imperialismo. 2) Bioterrorismo = (Trasnacionales+Capitalismo+Colonización). Por otro lado, es menester ilustrar que en los años 50 las enfermedades naturales más comunes se clasificaban básicamente en cardiovasculares, respiratorias, congénitas, digestivas, endocrinas, locomotoras y las producidas por las falsas pestes. En cambio, en la actualidad se clasifican en todas las anteriores y además, en enfermedades oncogénicas, mutagénicas, teratogénicas, inmunosupresoras, nefrotóxicas, infecciosas (virus, bacterias, hepatitis, sida, armas biológicas), no infecciosas (cáncer, hipertensión, diabetes, armas biológicas). Igualmente, es necesario subrayar, la aparición de males repentinos, comunes y alarmantes en infantes como: anemias, anorexia, amigdalitis, asma, alergias, bronquitis, rinitis, otitis, faringitis, enfermedades de los ojos (conjuntivitis, estrabismo, ceguera), epilepsia, dermatitis, diabetes, estreñimiento, hepatitis, paperas, poliomielitis, tuberculosis, toxoplasmosis, dengue, catarros, problemas renales y gástricos, hipertensión, sensibilidad a la leche (lactosa) y otros productos, obesidad, problemas de la piel (lupus), enanismo, depresión, autismo y otros. No obstante, vale la pena acotar, por ejemplo, que el VIH-SIDA podría clasificarse como una enfermedad no infecciosa, si se evidenciará científicamente, que fue adquirida como consecuencia del consumo de productos alimenticios o afines, contaminados con aflatoxinas u otros tóxicos, puesto que, una de las consecuencias toxicas del consumo regular de las aflatoxinas, es precisamente la inmunosupresión. Asimismo, el cáncer hepático podría no solo originarse por una hepatitis viral mal curada o por la ingesta periódica de alcohol, sino que podría ocasionarse por la aflatoxicosis, debido a que las aflatoxinas son sustancias biocumulativas y residuales a nivel hepático y renal. El análisis precedente, es precisamente lo que sucedió (2005) en la Granja Los Zabaleta, ubicada en Barinas, en la cual murió todo el rebaño de cabras, producto de una intoxicación alimentaría por la aflatoxina contenida en el alimento concentrado “Cabrarina” de la marca Protinal. De este hecho, se derivó un juicio de María Zabaleta contra Protinal C.A., expediente Nº 4782, el cual fue declarado con lugar el 21 de mayo de 2007 y publicada la sentencia en internet el 15 de octubre de 2007. http://barinas.tsj.gov.ve/decisiones/2007/octubre/804-15-4782-511.html Visto de esta forma, se podría concluir, que la mayoría de las enfermedades y causas de muerte actuales, son el resultado del dominante, silencioso e invisible “bioterrorismo”. O ¿Cuál cree usted, que es la raíz de la aparición de las nuevas enfermedades y las causas de muerte del siglo XXI? elenagaldon@hotmail.com |
www.lavanguardia.es/lv24h2007/20080212/53435917819-1.html
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