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Máximo Kinast Avilés

“Historia del comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924)"

http://www.elclarin.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=2449:historia-del-comunismo-en-chile-la-era-de-recabarren-1912-1924q&catid=5:cultura-y-espectaculos&Itemid=6

En la coyuntura actual, para Sergio Grez asistimos “a un colapso del acuerdo de gobernabilidad suscrito entre los partidarios de la dictadura y sus opositores moderados en la segunda mitad de la década 1980, pero también a una crisis de legitimidad del modelo económico neoliberal y del sistema de democracia restringida, tutelada y de baja intensidad administrado por dichas fuerzas desde 1990”. 

El historiador y académico de la Universidad de Chile Sergio Grez Toso presentará su último libro Historia del comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924) el miércoles 7 de septiembre a las 19 hrs. en la Sala América de la Biblioteca Nacional, Moneda 650, Santiago. La presentación estará a cargo de Carlos Molina Bustos, doctor en Medicina y Magíster en Historia, y Olga Ulianova, historiadora y directora del Instituto de Estudios Avanzados, IDEA, de la Universidad de Santiago.

Según el autor, "esta obra intenta superar el sesgo hagiográfico y teleológico de las historias oficiales ‘instrumentales’ y aleccionadoras de los relatos pioneros sobre el comunismo chileno, incorporando distintos aportes que conservan validez en una obra de conjunto, sustentada en una investigación más profunda".

Grez asegura que su nuevo trabajo "reconstruye el trayecto del lento arraigo inicial del comunismo en este país, intentando seguir la senda de su intervención organizada en las luchas sociales y políticas. El historiador anunció que en este texto “relata y analiza la historia sui generis de un Partido Socialista latinoamericano influido por el marxismo de la II Internacional, que se transformó íntegramente en Partido Comunista afiliado a la III Internacional, sin desprendimientos ni escisiones significativas”. Abarca la historia del Partido Obrero Socialista de Chile (POS) y de los primeros años del Partido Comunista de Chile, desde la fundación del primer referente (1912) hasta el suicidio de Luis Emilio Recabarren en 1924

Entre otras obras de historia política, Sergio Grez publicó en 2007 Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de "la Idea" en Chile, 1893-1915, Santiago, LOM Ediciones, 435 páginas, que rescató a los vilipendiados anarquistas chilenos cuya historia y quehacer político fueron mantenidos en silencio por la historia oficial y la historiografía marxista.  En un comentario sobre ese libro, el académico Joaquín Fernández Abara, de la Universidad Alberto Hurtado y la Pontificia Universidad Católica de Chile, afirmó que “la historiografía marxista clásica y los primeros estudios sobre historia del movimiento obrero tendieron a ignorarla o a verla como un antecedente menor, indigno de un análisis profundo. Desde fines de la década de 1970 esta situación cambió, y autores como Peter De Shazo, Claudio Rolle, Alberto Haram-bour, Julio Pinto e Igor Goicovic comenzaron a tratarla en sus estudios, ya sea tangencialmente, en el marco de investigaciones más amplias sobre la historia de los movimientos sociales, o a través de monografías específicas que abordaron algunos episodios y aspectos de la historia del anarquismo en Chile”. Fernández Abara estimó que “faltaba una obra maciza que aportara una visión de conjunto sobre el tema. Esta carencia ha venido a ser subsanada por el libro de Sergio Grez Toso titulado Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de "La Idea" en Chile, 1893-1915.

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Historia del Comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924), que podrá ser adquirida en la librería de El Ciudadano (Sazié 2161) al precio de $10.000 (menos de 20 dólares), fue publicado por Lom Ediciones, 2011

Para Fernández Abara, “el énfasis principal del libro se centra en las relaciones entre las corrientes anarquistas y el movimiento obrero, lo que no obsta para que el autor entregue algunas informaciones valiosas sobre la influencia del anarquismo en círculos artísticos, intelectuales e incluso bohemios. Para lograr su objetivo, el autor recurrió a un amplio corpus de fuentes compuesto por periódicos -con fuerte énfasis en la prensa obrera- y folletos, junto a documentos oficiales, como boletines de sesiones del Congreso y archivos de las intendencias”.

La obra está estructurada de acuerdo a criterios cronológicos y temáticos. Esta mezcla aporta al lector una gran cantidad de información sobre la evolución de las organizaciones libertarias y sus relaciones con el movimiento obrero, la que es expuesta en una clara narración diacrónica, sin por eso abandonar la vertiente interpretativa, que se hace notar especialmente en los análisis que el autor realiza de la composición y el ideario de la corriente anarquista.

El libro se divide en cuatro partes: en la primera relata el surgimiento del anarquismo en Chile y su difusión hasta el año 1907, en la segunda analiza sus principales ideas, en la tercera identifica los cuadros ácratas y señala sus principales características y en la cuarta analiza la reorganización y expansión del anarquismo entre 1908 y 1915.

El texto es complementado por 103 páginas de anexos, las que contienen "Textos de testimonio, propaganda y debate político" (p. 289) y "Poesías y canciones ácratas" (p. 357), permitiendo un mejor acercamiento del lector al tema tratado a través de la lectura de fuentes primarias.

En el período estudiado, Grez detectó "la construcción de una corriente o tendencia libertaria enraizada en los sectores populares", que habría comenzado a incubarse en la última década del siglo XIX.

Si bien el anarquismo dio continuidad a los ideales ilustrados de "regeneración del pueblo", rompió con la tradición reformista y democrático-liberal que caracterizaba al movimiento popular decimonónico chileno, dando paso a un discurso revolucionario que adquirió rasgos clasistas. Se trataba de una tendencia que en sus orígenes estaba poco definida y era difícilmente distinguible del socialismo. De hecho, el autor sostiene que el anarquismo y el socialismo habrían tenido en Chile un origen común, cuya expresión orgánica fue la Unión Socialista, agrupación de corta vida fundada en 1897”, escribió Fernández Abara.

Grez y la actual coyuntura

En un reciente artículo-entrevista en The Clinic, publicado el 1 de septiembre 2011, Sergio Grez plantea la apertura de Un nuevo amanecer de los movimientos sociales en Chile.

 Para el historiador, “el año 2011 quedará inscrito en la historia de Chile como el de un nuevo despertar de los movimientos sociales después de más de dos décadas de aletargamiento debido a la combinación de la acción “natural” del modelo económico neoliberal, del recuerdo del régimen de terror de la dictadura, de las trabas y cortapisas legales e institucionales  para la expresión de las demandas sociales, de la virtual dictadura mediática impuesta por un puñado de grupos económicos y de poder, además del control y cooptación de estos movimientos ejercidos durante largo tiempo por los gobiernos de la Concertación y sus partidos”.

 En el análisis de Grez, “en lo que va corrido de este año, los movimientos sociales en Chile se han sucedido con insólita rapidez, masividad y persistencia. En apretada e incompleta síntesis habría que mencionar la protesta regional de Magallanes, las movilizaciones contra el megaproyecto de HidroAysén, las marchas por los derechos de la diversidad sexual, los paros comunales de Calama, la protesta de Arica, las huelgas de los trabajadores del cobre (estatales y privados), los paros de los empleados fiscales, sin olvidar la persistente lucha de los mapuches por la recuperación de sus tierras y la reconquista de su autonomía y libertad.  Pero,  sin  duda,  el  más  masivo  y  de  mayores  efectos  sociales,  culturales  y políticos,  ha  sido  el  movimiento  por  la  educación  pública  cuya  columna  vertebral  y principal componente son los estudiantes”.

 Añadió Grez que “tal vez la principal virtud de este movimiento –aparte la de poner en la agenda política con tremenda fuerza la cuestión educacional- ha sido su aporte a la repolitización de  la  sociedad  chilena,  potenciando  la  reactivación  de  otros  sectores y  cuestionando certezas, valores, normas, instituciones y formas de hacer las cosas que parecían haber adquirido características “naturales” para millones de ciudadanos sometidos a la hegemonía  ideológica  del  neoliberalismo.  Hasta  hace  unos  cuantos  meses  solo  una minoría de chilenos cuestionaba seriamente el lucro en la educación y el rol subsidiario del Estado. Hoy son millones los que exigen junto a los estudiantes una educación estatal gratuita, laica, democrática, igualitaria y de calidad. El cambio ha sido radical. Igualmente, hasta hace poco, plantear demandas como el plebiscito para zanjar disyuntivas de gran interés ciudadano, la renacionalización del cobre y una reforma tributaria para financiar la solución de  los más acuciantes problemas sociales,  además de la convocatoria a una Asamblea Constituyente para que por primera vez en su historia los pueblos de Chile ejerzan su soberanía, eran sueños de izquierdistas impenitentes, sin gran eco social. Hoy son temas ineludibles y hasta la “clase política”, que ha pretendido monopolizar la representación  ciudadana  en  las  últimas  décadas,  debe,  muy  a  contrapelo  de  sus naturales inclinaciones e intereses, tomarlas en cuenta para rebatirlas o simular acuerdo con ellas para mejor contener las exigencias provenientes de la sociedad civil”.

 Para el historiador, “asistimos, tal como lo han señalado diversos analistas, a un colapso del acuerdo de gobernabilidad suscrito entre los partidarios de la dictadura y sus opositores moderados en la segunda mitad de la década 1980, pero también a una crisis de legitimidad del modelo económico neoliberal y del sistema de democracia restringida, tutelada y de baja intensidad administrado por dichas fuerzas desde 1990. Al mismo tiempo se extiende el cuestionamiento a las viejas formas “delegadas” de hacer política a través de representaciones institucionales divorciadas de las bases sociales, altamente centralizadas y jerárquicas. En su lugar, los jóvenes y otros actores sociales han venido construyendo desde hace años formas más democráticas y horizontales, como los colectivos sociopolíticos, las asambleas territoriales y locales y las coordinaciones sectoriales, regionales y nacionales de colectivos y organizaciones sociales cuyas políticas y decisiones se toman colectivamente y en las que no es extraño que los dirigentes y voceros sean removidos por sus bases si éstas lo estiman conveniente. El sistema político binominal, la elitización de la política “profesional” y los abusos de la “clase política”, han engendrado sus propios sepultureros: una ciudadanía popular y de clases medias crecientemente empoderada. La crisis del sistema es profunda aunque aún no es ‘terminal’”.

Ante la pregunta de The Clinic ¿Qué  falta  para  que la democracia de baja intensidad y el extremista modelo neoliberal chileno sean desalojados del escenario histórico?, Grez respondió: “Varios elementos. Los más importantes e inmediatos parecen ser los siguientes:

 “En primer lugar, que los trabajadores en tanto tales (y no sólo como pobladores, consumidores, padres o apoderados) entren decididamente en la lucha por sus propios derechos, con los mismos grados de autonomía, radicalidad y sagacidad política demostrados hasta ahora por el movimiento estudiantil. Ellos son y seguirán siendo el elemento decisivo, como lo es la infantería en la guerra, considerada tradicionalmente como la reina de las batallas.

 “En segundo término, es indispensable que los movimientos sociales (no sólo el estudiantil) sean capaces de elaborar sus propias propuestas políticas y de tender lazos solidarios entre sí para formar un frente común ante sus adversarios. Esos movimientos deben buscar sus puntos de acuerdo para construir plataformas unitarias consensuadas democráticamente. Pero también es imprescindible que se doten de sus propias representaciones en la esfera política. El profundo desprestigio que envuelve al duopolio de la “transición chilena” (la Concertación y la Derecha clásica) ofrece una oportunidad como pocas veces se ha visto en la historia de este país para que los movimientos sociales se auto representen políticamente y sean, por primera vez, los actores principales de la refundación de las bases políticas que la sociedad requiere, so pena de deslizarse hacia callejones sin salida de sucesivos estallidos sociales sin capacidad de construir alternativas viables. La anomia política es un mal que suele acechar a los movimientos sociales si estos no están en condiciones de orientarse más allá de sus reivindicaciones sectoriales o corporativas, y esa anomia es también un peligro que está rondando a la sociedad chilena.

 “La convocatoria a una Asamblea Constituyente en la cual los representantes de los movimientos sociales sean la fuerza principal, debería ser el horizonte político para la refundación de una segunda República, que deje atrás la soberanía delegada y esencialmente nominal que ha imperando durante 200 años, sustituyéndola por la soberanía efectiva de los pueblos que viven en este estado-nación. El plebiscito sobre la educación puede ser un hito importante en ese camino hacia la soberanía popular”.

*) Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno



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