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Máximo Kinast Avilés

REFLEXIONES DE FIN DE AÑO

Fernando Hermann

Lo que está claro, es que actualmente no hay diferencias significativas entre gobierno y oposición, como tampoco las hubo antes. En los hechos, las diferencias de matices que había eran respecto a lo social (en lo cual cualquier gobierno tiene el privilegio de la iniciativa legislativa porque involucra gasto público) y algunas cuestiones valóricas (las que inevitablemente tienden a reaparecer de vez en cuando). Sin embargo, cuando se trataba de co-administrar el estatus quo, lo hacían de maravillas: La oposicion defendiendo sus intereses económicos y el gobierno sirviendole en los mismos.

Lo que el actual gobierno ha hecho, ha sido apoderarse de la agenda social haciendo uso de la iniciativa legislativa que tiene al respecto, dejando a la oposición sin caballito de batalla e impidiéndole actuar con coherencia. A esto se suma el hecho que la actual oposición es de naturaleza altamente heteróclita en cuanto a sus intereses ideológicos y de otra especie. En cambio, los intereses de clase del gobierno (y antes como oposición) están y han estado siempre claramente definidos, lo que le da una coherencia interna que la oposición no tiene y que le impide estructurarse como tal.

Bien o mal administrados, el gobierno lo ha hecho bastante mejor en algunos temas sociales que las administraciones anteriores incluso preferían mantener a distancia, como las demandas de los pueblos originarios o de los deudores habitacionales para mencionar sólo dos. Por lo menos ha logrado bajarles el perfil significativamente.

Ahora el gobierno ha puesto en agenda el 7% de los pensionados, algo que ninguna administración anterior quiso resolver. Y la razón es simple: la motivación para implementar acciones tendientes a moligerar el costo social "en la medida de lo posible" fue siempre electoralmente efectista y oportunista. La reducción y eventual eliminación del 7% de marras es a largo plazo, pero el gobierno actual no está pensando en marzo sino que en 2014.

Y nos guste o nos disguste, el gobierno está llevando adelante una reforma educacional que va a contar con apoyo DC en el Senado; en salud se habla de devolver algunos servicios asistenciales municipales al Ministerio de Salud; en medio-ambiente, el Presidente ha agarrado el teléfono (inconstitucionalmente según algunos) y resuelto un problema que de otra manera no tenía solución.

Para ser un gobierno derechamente de derecha, lo está haciendo relativamente bien, aunque la popularidad presidencial por estos días ande medio por los suelos, pero estos son gajes del oficio y si no se recupera, el ministro Golborne se perfila desde ya como el más probable continuador.

Esto es interesante pues Golborne tiene una peculiaridad que aparentemente es clave para el electorado chileno actual: su cercanía con la gente, una faceta que en el caso de Bachelet se construyó mediáticamente, manteniéndola alejada de los problemas críticos como el conflicto con los mapuches, por ejemplo, pero siempre cercana a las necesidades de los sectores sociales más vulnerables. Sin embargo, el caso de Golborne no es en nada mediático. El tipo sabe lo que hace y no le saca el cuerpo a las situaciones difíciles.

Visto todo desde esta perspectiva, aunque resulta fácil catalogar de payaso al Presidente por muchos de sus dichos, lo que hay que entender es que está gobernando para el sector empresarial que representa y en lo social ha sido hasta ahora bastante más enérgico que las administraciones anteriores. En cuanto a esto, las habrá superado con creces cuando se instituya el Ministerio de Desarrollo Social. En términos reales, por tanto, la oposición tiene un perfil bastante más circense que el gobierno, sin capacidad de actuar proactivamente y de manera unitaria.

La oposición al actual gobierno sólo actúa por reacción a la agenda que impone el gobierno, tal como ha reaccionado respecto a la venta de las acciones que la CORFO tiene en las Sanitarias, una table salvavidas a la cual se ha aferrado desesperadamente en los últimos días. Sin embargo, la oposición tiene tejado de vidrio en cuanto a la privatización de bienes nacionales y no está en nada claro que dichas ventas sean ilegales.

Aunque todo esto está por verse, si el gobierno se sale con la suya y puede mostrar que la venta resultó beneficiosa para la ciudadanía porque los consumidores no serán afectados negativamente y por el uso que se les de a los ingresos, la oposición no va tener mucho más que decir. Al respecto, hay que pensar que ésta tiene que haber sido una movida muy bien pensada del gobierno y no un mero  capricho ideológico, como algunos afirman, pues simplemente no están en condiciones de correr riesgos que pueden resultar políticamente devastadores. Incluso lo malo, están obligados a hacerlo bien, no como algunas movidas de las administraciones anteriores en que hasta lo bueno, lo terminaron haciendo mal...

Mientras la oposición no logre distinguirse programáticamente del gobierno de una manera coherente y unitaria, algo que parece altamente inviable por la naturaleza misma de su composición, el gobierno las lleva todas de ganar. Nos guste o nos dIsguste.
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