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Máximo Kinast Avilés

¿POR QUÉ NO SOY NEOLIBERAL?

 

Por Máximo Kinast

¿Hay algo más hermoso que la libertad? Es el don más preciado después de la vida misma. ¿Cómo no estar de acuerdo con la libertad de comercio? Si es la esencia misma de las relaciones humanas.

 

Pero hay algo malsano, algo torcido en el concepto de Libertad: “¡Oh, Libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!” Dijo Madame Roland[1] unos instantes antes de morir en la guillotina.

 

A un distinguido amigo, ideólogo peruano del liberalismo, le dije un día que él era liberal porque nunca había ido a las carreras de caballos. “Es verdad, me respondió, que nunca he ido  una carrera de caballos. ¿Pero cómo lo sabes?”

- Porque si hubieses ido alguna vez sabrías que no hay secretos sobre los caballos. Se sabe todo, su edad, las veces que han participado, su velocidad en distintos tipos de pistas, los puestos que han ocupado. Lo mismo ocurre con los jinetes. Sería muy fácil acertar al ganador, si no fuese por el handicap.

- ¿Qué es el handicap? Me preguntó.

- En hípica es el sobrepeso que lleva un caballo para igualar la competencia con el resto de sus compañeros. Se le ponen unas pesas en la montura, y así todos corren en igualdad de condiciones.

 

En la libertad de comercio propiciada por los liberales (que ya no quieren ser llamados neoliberales) no hay handicaps. El Estado, cuya misión mínima debería ser velar por la igualdad de oportunidades, se ve limitado a labores de policía y muy poco más. Tiene menos poder que muchas grandes empresas.

 

La libertad de comercio es un mito, una falacia, porque no hay posibilidades de competir entre una transnacional y la tienda de la esquina.

 

Los liberales dicen que si, que hay igualdad de oportunidades, que las leyes son las mismas para todos y que el Estado debe hacerlas respetar. ¡Muy bonito! Pero falaz.

 

En la práctica las grandes empresas, o los grandes conglomerados empresariales, hacen las leyes a su conveniencia.

 

Pero, Máximo, me dicen, eso no invalida la idea. Que en la práctica las cosas se hagan mal, que haya empresas que corrompen a los políticos, o políticos corruptos que se vendan a los intereses mezquinos de las empresas no resta valor a la teoría. Lo que ocurre es que el liberalismo se aplica mal.

 

Ese argumento, les replico, sirve para avalar cualquier ideología, hasta al nazismo. Incluso les permite a los neoliberales justificar otra falacia, la de que no se ha aplicado lo suficiente. Lo mismo dicen los comunistas. “Lo que fracasó en la URSS fue un socialismo mal aplicado. El verdadero comunismo nunca ha existido todavía”. De igual forma los neoliberales piden, exigen, más ‘libertades’ para que funcione su sistema. Contratos laborales más flexibles; libertad para despedir a cualquier trabajador (el trabajo es una mercancía); libertad para cobrar intereses más altos y subir los precios…

 

Pero todo esto no son razones, sino sólo los aspectos anecdóticos por los cuales no soy neoliberal.

 

Una razón es que su dogma principal es una falacia. El razonamiento para llegar al dogma es simple. Queremos la libertad de mercado para hacer negocios (un eufemismo)… bueno, para ganar dinero (ahora sí dicen la verdad). Por supuesto, afirman muy sueltos de cuerpo, de eso se trata, de ganar dinero.

 

Y aquí llegamos a una bifurcación en la ideología. Por una parte, ese ‘ganar dinero’ se convierte en la única medida del éxito. En la realidad se trata de aplicar el principio maquiavélico de ‘el fin justifica los medios’. En la lucha (o guerra) por ganar dinero –en la ideología neoliberal, hoy llamada Progresismo- todo vale, todo esta justificado si al final del ejercicio los números son hermosos. Y ese ‘todo’ incluye pagar coimas a un Ministro o a un Presidente. Lo dijo Joseph E. Stiglitz[2]. O fabricar guerras para favorecer a unas pocas empresas, como explico en la razon de la sinrazon de las guerras.


Los liberales (que ya no son neoliberales, aunque siguen siéndolo con el nombre de 'progresistas') dicen que eso es una barbaridad, que ellos no están de acuerdo con que las empresas hagan lo que quieran, que es malo fabricar guerras y su discurso sigue por ese rumbo, aunque en sus hechos demuestran que están de acuerdo. ¿A qué hechos me refiero? A que no hacen ni proponen nada para limitar el poder de las empresas. Dicen que ‘el Mercado’ ordenará la situación y que las empresas que no sean éticas serán castigadas por los compradores no comprando sus productos. Por algo los consumidores tienen el poder y la libertad de elegir. O en sus palabras: “…el libre albedrío de todo ser humano, en tanto consumidor.”

 

Como soy un buen experto en marketing, puedo asegurar con conocimiento de causa que eso del “poder y la libertad de elegir” o el libre albedrío del consumidor, es una de las mayores mentiras en toda la Historia de la Humanidad. El lavado de cerebro diario, la hiper publicidad, nos condiciona a comprar y nos impide hacer boicot a alguna empresa. Incluso, si lográramos boicotear a una empresa, la verdad es que son todas (o casi todas las multinacionales) las empresas que faltan a la ética. Y eso lo saben los neoliberales, porque han visto el video sobre la Corporacion y porque, además, es una verdad pública y notoria.

 

La otra parte implícita en eso de ‘ganar dinero’ es el dogma falaz del ‘desarrollo sostenible”. Un oxímoron. En latín se dice contradictio in terminis. Eso, dicho con delicadeza. En realidad es una mentira para justificar la sobreexplotación de la naturaleza y de los seres humanos. Todo desarrollo económico es necesariamente insostenible. Ya lo dijo Annie Leonard en su Historia de las cosas. Una economía lineal tiende a infinito y por eso no cabe en un mundo finito. (Si te parece complicado, por favor, mira el video).

 

Estamos consumiendo anualmente una y media vez lo que el planeta produce en un año, y a pesar de ese exceso de consumo (con cargo a reservas que se van agotando) más de la mitad de la Humanidad sufre de hambre. Esto se debe a la falacia del ‘desarrollo sostenible’ que sustentan los seguidores de Milton Friedman[3] y del japonés[4] que se inventó el cuento chino del Fín de la Historia

 

Necesitamos desesperadamente introducir el concepto opuesto a ‘desarrollo sostenible’. Necesitamos –como Humanidad-  incorporar la idea de ‘desaceleración equitativa’, pero esto es materia de otro artículo. La situación es tan grave que hemos de cambiar el chip, o es muy posible que estemos condenados a la extinción.

 

Otra razón importante es la cosmovisión implícita en el liberalismo (o neoliberalismo, que es lo mismo, aunque dicen que no es igual). Se trata de una cosmovisión sustentada en el YO, en el egoísmo; y en un supra YO, el YO EMPRESA: el YO CORPORACIÓN. Un engendro casi inmortal, con todos los derechos de un ser humano, pero sin ninguna de las contrapartidas del Derecho: sin Obligaciones. Regido por una Ley Difusa, Indefinida: La Sacrosanta Ley del Mercado, que en la práctica viene a ser lo mismo que la voluntad de la Empresa.

 

Eso les pasa porque no saben nada de runasimi, el idioma del Ande, de los seres originarios de esta América morena, que “aún reza a Jesucristo y aún habla en español”.[5] Si al menos comprendieran la diferencia de pensar en ‘ñoqa’ a pensar en paykuna; o fuesen capaces de comprender que la Pachamama ni es una Diosa ni es posible confundirla con la Naturaleza. No existe nada más opuesto a la Minga o al ayni que una sociedad neoliberal.

 

En los años 80 el mundo estaba en plena Guerra Fría entre las dos superpotencias. Parte de esa guerra era la publicidad, basada en mentir sobre las supuestas virtudes de cada una de ellas. De esa forma se apropiaron de palabras, que perdieron su significado a fuerza de tener connotaciones políticas. Así, la palabra PAZ fue patrimonio de la URSS y la palabra LIBERTAD de los USA. Ambos mentían. Ni la URSS buscaba la Paz, ni los Estados Unidos defendieron jamás la Libertad… excepto la de ellos para explotar a los demás pueblos del mundo.

 

Esta fea costumbre, repetida por los fabricantes de noticias y los medios de comunicación, se fue transformando en un estilo de mentir diciendo la verdad. El gran maestro en este arte es la CNN y le siguen fielmente casi todos los diarios, radios y emisoras de TV del mundo. Una verdad pequeñita y casi siempre evidente se usa para justificar una mentira y darle apariencia de verdad. Eso ha hecho posible la gran comida de coco o lavado de cerebro que nos ha enseñado a comulgar con ruedas de carreta, como “la copa que chorrea”, “el fin de la historia”, la “libertad de comercio”, “los TLC”, las “recetas del FMI”, o creer tonterías como que los bancos no roban, o negarnos a creer que la salud es negocio.

 

Todos esos males que estamos viviendo y que has podido ver y comprender en este artículo y en los que cito se deben a la concepción neoliberal (o liberal), al daño que han hecho a los seres humanos y al propio planeta en su afán desmesurado por conseguir más beneficio para las empresas.

 

Si te ha interesado este artículo puedes dejar tu comentario, y si quieres saber más sobre mis ideas políticas, por favor, lee Por que no soy comunista.

 



[1] Marie-Jeanne Roland de la Platier (1754-1793), girondina y de gran influencia en la Revolución Francesa.  http://es.wikipedia.org/wiki/Madame_Roland

[2] Joseph Eugene Stitglitz (1943…), economista, Premio Nobel en 2001, autor de varios libros excelentes, entre ellos ‘Malestar en la Globalización’. Ha sido asesor del Presidente Clinton (de USA), Vicepresidente y Economista Jefe del Banco Mundial, entre otros importantes cargos públicos.

[3] Milton Friedman (1912-2006) Padre del Neoliberalismo y de la Escuela de Chicago. Premio Nobel de Economía en 1976. Varios libros, entre ellos el más insidioso y falaz: La Libertad de Elegir

[4]  Francis Fukuyama (1952…) uno de los padres putativos del neoliberalismo, autor de El Fin de la Historia y el Último Hombre, una absoluta idiotez con apariencia de verdad, pero con el tiempo se ha comprobado que era una teoría más falsa que un duro sevillano.

 

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